Reflexionando sobre los efectos de la inteligencia artificial en la práctica del derecho. 

La inteligencia artificial (IA) es , más que nunca, una realidad palpable, y la totalidad de su influencia en nuestra vida diaria está aún por verse, sobre todo a la hora de estimar qué profesiones, o al menos, qué aspectos de ciertas profesiones cambiarán con su llegada, o incluso, qué actividades quedarán relegadas al olvido.

Confieso que cuando no ando con todos mis ánimos en alza, creo que en unos cinco años, una IA jurídica terminará reemplazando a todos los abogados litigantes, y nos tocará deambular por el mundo sin un propósito… Otros días me da por pensar en algo no tan pesimista: ¿cómo podemos asegurarnos que una imagen, o un video, presentado en un juicio no ha sido alterado por una IA?

En las diversas redes sociales he visto fotos y hasta videos creados por IA, para todos los gustos, desde personajes de ficción haciendo cosas graciosas (ví uno de una fiesta descontrola con los actores de la saga cinematográfica de Harry Potter), o de recreaciones de actores conocidos como personajes de ficción (héroes de Marvel con la imagen de actores de la década de los ochentas), y de figuras públicas en situaciones inverosímiles, como ver al Papa Francisco jugando basket. 

Lo cierto es que aún es posible detectar a simple vista que estas imágenes no son reales, ya que hay ciertos rasgos que lo delatan; sin embargo, al paso tan veloz con el que avanza la IA, lo más probable es que (mucho) más temprano que tarde, se puedan hacer imágenes y videos con tanta perfección que cueste diferenciar si son reales o creados artificialmente.

Aquí viene la reflexión jurídico-procesal sobre videos e imágenes: ¿cómo podemos asegurarnos de que no se quiera, o no se pueda, sorprender a la autoridad con una imagen, o video, alterados o creados por una IA? 

En mi mente surgen ciertas ideas:

  • Que se implemente una reforma legal, en la que se exija que cuando una parte presente una imagen o un video y la anuncie como medio de prueba, realice en el acto respectivo una declaración expresa en la que tanto la parte como su abogado, dejan constancia que éstos no han sido creados ni afectados por una IA, de lo contrario, este medio no podrá ser admitido.
  • Si a pesar de que se verifique esta declaración, la contraparte alega que la imagen o el video fueron alterados o creados con IA, deberá demostrarlo.
  • Si se logra probar el mal uso de la IA, la parte será condenada al pago de costas, multas y esta conducta será comunicada a la fiscalía para determinar posibles responsabilidades penales. 
  • También, considero que la IA bien puede ser utilizada para mejorar una imagen o video, sin necesidad de alterarlo en lo sustancial. Pensemos en un video que capta un delito, en el cual por la poca iluminación, no se aprecia bien la acción; aquí, de seguro un software con uso de IA podrá mejorar la visión para determinar lo que sucedió. Para estos casos, considero pueden haber dos salidas: 1) que la parte que aporta ese medio de prueba, en su declaración señale el uso de la IA para el fin concreto; y que no hubo alteración de fondo; o, 2) que se presente aparte del medio de prueba, un peritaje en el que se explique el proceso de “mejoramiento” de esa imagen o video.
  • Sea como sea, avisoro que se requerirán peritos acreditados con formación y experiencia en temas de IA, y que -por ejemplo- puedan determinar a través de su análisis, que una imagen o video han sido manipulados con esta tecnología.

Creo que esto impondrá a los abogados o costumbre de que cada vez que nuestro cliente nos entregue videos o imágenes, les hagamos firmar una constancia de que lo que nos proporcionan, no ha sido creado ni alterado por IA. De esta forma, tendremos cobertura jurídica en caso de que nuestro cliente nos llegue a jugar una mala pasada.

¿Qué otras cosas se les ocurre?

Gracias por la visita.