¿Testigo evasivo? Trata de no pedir ayuda al juez.

Una de las situaciones más complicadas con las que se puede topar un litigante en la sala de audiencias es la de tener en un contraexamen a un testigo complicado. No siempre el testigo contrario tendrá una actitud agresiva o grosera con nosotros -hablo desde mi experiencia-; sin embargo, si es común que el testigo defienda su postura y quiera, con su declaración, favorecer el caso de la parte que lo llamó, incluso, que con ese propósito, con habilidad de palabra pretenda esquivar nuestras interrogantes.

Imaginemos este escenario.

  • Pregunta abogado: Usted no estuvo presente en el momento del despido, ¿verdad?
  • Respuesta testigo: Bueno, la verdad es que estuve en el lugar.
  • Pregunta abogado: Está bien, pero al momento del alegado despido, usted no estuvo presente, ¿correcto?
  • Respuesta testigo: Estuve en el lugar, como ya se lo indiqué. Se lo puede corroborar con el registro de ingresos.
  • Pregunta abogado: Le pido que me indique, ¿para el momento del despido estuvo o no estuvo presente?
  • Respuesta: Ya le indiqué que concurrí ese día al lugar.  

¿Qué opciones tenemos?

Lo primero que antes hacía era acudir al juez. Es decir, me dirigía al juez y le pedía que instruya al testigo de que conteste la pregunta directamente.

Siendo sincero, esta era la opción que usaba siempre cuando me sucedía esto. Ahora, luego de leer varios libros sobre técnicas de interrogatorio, escuchar muchísimas charlas y programas sobre esta apasionante temática, es claro que ese camino es el menos indicado. ¿La razón? Estamos enviando un mensaje a todos los asistentes a la sala que no contamos con la habilidad ni experticia suficiente para manejar a un testigo y que debemos pedir auxilio a la figura de autoridad para que nos saque del entuerto.

Entonces, ¿qué se aconseja? Resumo las técnicas que me han sido más útiles.

  • Repetir la misma pregunta. Este es el primer recurso. Volver a hacer la misma pregunta hace notar que no nos rendiremos ante el testigo que pretende ser evasivo. Incluso, si la otra parte objeta la pregunta por repetitiva, tendremos la oportunidad de decirle al juez que el testigo no ha contestado nuestra interrogante y, aprovechando ese momento, hacerle ver que el testigo es evasivo. Cabe señalar que lo mejor es hacer una pregunta corta y muy clara, para incluso hacer ver al juez que el testigo no da una contestación concreta a una pregunta que no es difícil de comprender. Esto siempre se puede explotar en el alegato final.
  • Otra técnica es la de abreviar la respuesta del testigo. Esto sería -basándonos en el ejemplo que puse-, en que, luego de las respuestas evasivas, lanzamos una pregunta tipo: “Entonces, ¿su respuesta significa que no?”, “¿Eso quiere decir que no?”, “¿La respuesta corta a mi pregunta es que no?”. Una pregunta de este tipo, bien formulada en el momento preciso, suele ser difícil de sortear por parte del testigo.
  • Hay otra opción, que me salió casi “sin querer” en una audiencia compleja que justo tuve esta semana. Más que un testigo evasivo, me tocó contraexaminar a un testigo que siempre agregaba algo a sus respuestas, para solventar el caso de la acusación -es uno de los pocos juicios penales en los que intervengo como abogado-. Luego de que el testigo contestó una pregunta agregando información no solicitada, le dije al testigo directamente, muy rápido, en tono cortés aunque firme, mirándolo a los ojos a través de la pantalla (el testigo compareció vía telemática), “por favor, le pido que se limite a contestar las preguntas que le hago”. Esto fue algo que, como les digo, me salió casi por instinto y aunque no lo crean, funcionó a la perfección. Durante las preguntas restantes, se limitó a contestar con “sí” y “no”, que era mi objetivo desde que inicié el contraexamen.

Aprovecho esta entrada para comentar a todos los que tienen la paciencia de leer estas entradas, que estoy planificando hacer cursos -vía zoom-, sobre técnicas de interrogatorio, contraexamen y manejo de testigos difíciles. En un futuro próximo daré a conocer detalles.

Gracias por la lectura.

¿Se puede impedir la declaración del testigo referencial?

Cuando estaba cursando la universidad recuerdo haber leído el libro “El Proceso de Jerusalen”, del maestro Jorge Zavala Baquerizo -en el cual se explica desde el punto de vista jurídico-procesal, el juicio que se llevó contra Jesús-. En él, el maestro Zavala explicaba que todo procesalista conoce que un relato que es transmitido a través de varias personas en distintos momentos sufrirá modificaciones, que nunca será igual a la declaración de alguien que ha palpado de manera directa algún suceso.

Ahora bien, en derecho comparado (en especial en el norteamericano), siempre me ha llamado la atención la figura del hearsay, sobre la cual he dedicado ya un par de entradas en este blog (https://alfredocuadros.com/2021/05/21/se-deberian-admitir-los-testimonios-referenciales/ y  https://alfredocuadros.com/2021/05/28/se-deberian-admitir-los-testimonios-referenciales-parte-ii/ ). El hearsay parte de estas premisas:

  • Un testigo no siempre es el declarante.
  • El declarante es una persona que hace una declaración -estoy consciente de lo redundante que esto suena-. Una declaración puede ser verbal, escrita o no verbal.
  • Entonces, si una persona acude a juicio para testificar algo que ha declarado, ese testigo es también declarante.
  • Por contrario, si una persona acude a juicio a testificar algo que declaró un tercero, ese testigo no es declarante, ya que ese testigo no es quien hizo la declaración.

El hearsay es un tema complejo, admite excepciones y se ha dejado la puerta abierta para que se contemplen más excepciones conforme a cada caso que se analice.

Ahora bien, partiendo de estas nociones sobre el hearsay, me ha saltado la inquietud de que si bajo las mismas podemos ya sea (1) impedir que se admita como medio de prueba un testigo referencial; o, (2) en su defecto, restarle valor probatorio en caso de que se lo admita.

Vamos por partes.

Pensemos en este caso: Estamos en un juicio civil en el que se discute un incumplimiento contractual. Al momento de anunciar los medios probatorios, la contraparte solicita la declaración de un testigo, señalando que éste declarará sobre “lo que le contó el demandante respecto a las consecuencias generadas por el incumplimiento del contrato”.

Ante esto, es evidente que no estamos ante un testigo presencial de los hechos, sino ante un testigo que a lo sumo podrá declarar sobre lo que le conversaron un día determinado

¿Podríamos solicitar la inadmisión de este medio probatorio? Creo que es posible, para esto, en el momento del debate, debemos hacer notar que no se reúnen los requisitos para que la persona llamada por la contraparte sea testigo, conforme al Art. 189 del COGEP, que lo define como “toda persona que ha percibido a través de sus sentidos directa y personalmente hechos relacionados con la controversia”.

Si queremos ser un poco más profundos en el análisis, podemos ponerlo en términos de pertinencia, utilidad y conducencia:

  • ¿Sería pertinente la declaración de un testigo referencial? Puede ser que sí, así sea indirectamente, por lo que este filtro -en teoría- está cumplido.
  • ¿Es útil para el juez una prueba testimonial referencial? Aquí está una clave. Un testimonio referencial sería de escaza utilidad para el juez, más aún si se pueden aportar otros medios probatorios más eficaces.
  • Por último, ¿es conducente? La conducencia es esa idoneidad que debe reunir la prueba para demostrar un hecho (parafraseando al tratadista Jairo Parra Quijano). Bajo este punto de vista, es incontestable -al menos para mí- que un testimonio referencial no es idóneo para justificar un hecho que se quiere hacer valer en juicio.

Por todo esto, lanzo esta propuesta: si en un juicio sustanciado por el COGEP nuestro contrario solicita un testimonio referencial, podemos objetarlo y pedir su inadmisión sobre la base de que el testigo no reúne los requisitos del Art. 189 del COGEP, ya que no ha percibido los hechos “directa y personalmente”, por lo que ese medio de prueba anunciado no es útil ni conducente.

¿Qué pasa si a pesar de esto el juez admite el testimonio referencial? Se sabe que el COGEP no permite la apelación del auto de admisión de prueba, tampoco puede ser objeto de reforma ni revocatoria. ¿Qué podemos hacer?

Una vez más, lanzo esto:

  • En el contraexamen realizar preguntas dirigidas a resaltar que el testigo no ha presenciado los hechos de manera directa.
  • Ante esto, ya en el alegato pedir al juez que no valore -o al menos le otorgue un valor mínimo- al testimonio rendido, ya que no se puede determinar la veracidad de un enunciado por un mero testimonio referencial.
  • Todo esto, claro está, partiendo del ejemplo dado. Como todos los litigantes saben, cada caso es un mundo en sí mismo, por lo que lo anotado apenas son ideas generales.

Veo que esto sería un bonito tema para analizarlo bajo la perspectiva de la valoración probatoria.

En todo caso, hasta aquí llego con estas breves líneas.

Contestando -o mejor dicho “autocontestando”- la pregunta planteada en el título de esta entrada, considero que es posible impedir la declaración de un testigo referencial.

Gracias por la lectura.

¿Cuántas maneras de practicar prueba en segunda instancia nos da el COGEP?

Hace un par de días, mientras paseaba a mis perritos Valentina y Harvey Specter, me puse a pensar en que el COGEP permite abrir varias vías mediante las que se puede practicar prueba en una segunda instancia, más allá de las que son evidentes e identificadas con facilidad.

Por ello, decidí hacer una entrada en mi blog sobre este tema, ya que siempre he dicho que algo interesante del COGEP (con todas sus fallas y ciertos vacíos), es que permite ser innovador y da varias herramientas al litigante para usarlas en buena lid.

Sin más detalle, entro a pasar revista a lo que les comento:

1.- En el escrito de fundamentación de la apelación.

Esta es la vía más común y, sin duda, la más obvia. El Art. 258 del COGEP señala que en el escrito de fundamentación de la apelación las partes “anunciarán la prueba que se practicará en la audiencia de segunda instancia”.

Este anuncio de prueba puede ser sobre (1) hechos nuevos y/o, (2) sobre los mismos hechos, solo que no se la pudo obtener luego de la sentencia.

Siempre me ha parecido problemático aquello de fundamentar un anuncio de prueba en segunda instancia con “hechos nuevos”; creo que solo ese tema amerita una discusión amplia que escapa de la intención de estas breves líneas.

Solo recordar que el escrito de fundamentación de apelación debe presentarse dentro del término de 10 días luego de la notificación de la sentencia escrita; o, si estamos en un juicio que versa sobre temas de niñez y adolescencia, o, por añadidura, un juicio de declaratoria de ineficacia de un despido, este término se reduce a la mitad.

2.- Al contestar la apelación.

Esto también es bastante evidente. El mismo Art. 258 señala que quien contesta la apelación puede anunciar prueba para practicar en la apelación, bajo los mismos requisitos de fondo que los señalados en acápite anterior.

Tengamos presente que la contestación debe darse una vez que la parte es notificada con el contenido de la fundamentación de la apelación del contrario. Verificado esto, corren los mismos términos ya señalados.

3.- Recurso de hecho.

Esto lo considero como una oportunidad para “revivir” todo lo que se dijo en la apelación que fuera negada. Si el escrito de fundamentación de apelación que fuera negado contiene una solicitud de lo que llamo “prueba en segunda instancia”, al concederse el recurso de hecho, conforme se lo señala en el Art. 283 ibídem, se deberá tramitar esta apelación.

Para ser más claro:

  • Tenemos un escrito de fundamentación de apelación que contiene un anuncio de prueba en segunda instancia.
  • Este recurso de apelación es negado.
  • El interesado interpone, conforme al Art. 280 del COGEP, recurso de hecho.
  • Si el recurso de hecho se concede, se debe remitir al tribunal de apelación respectivo.
  • En el evento de que el tribunal de apelación “admita” el recurso de hecho, debe tramitar la apelación original.
  • Por ello, en el caso que se plantea, al tener la apelación un anuncio de prueba en segunda instancia, este pedido debe ser analizado en el momento oportuno gracias a la admisión del recurso de hecho.

4.- ¿Se puede pedir prueba en segunda instancia a través de la adhesión?

Este es un tema que me parece que está para el debate. He leído algunos criterios que señalan que la adhesión debe seguir el mismo trámite de la apelación, por lo que cabría la solicitud de práctica de prueba en segunda instancia, postura que compartí en un inicio.

No obstante, luego sobre todo de escuchar la excelente charla de la Jueza Dra. Ana Teresa Intriago, en el programa “Los Procesalistas” (https://www.youtube.com/watch?v=1_UGg-rPp5I ), me convencí de que en la adhesión no cabe este pedido.

Ahora bien, puede darse el caso de que una parte al contestar una apelación presente en el mismo escrito tanto la contestación en sí misma, una adhesión a la apelación y, además, un pedido de práctica de prueba en segunda instancia. Lo cual conllevaría a que en segunda instancia se analice el pedido de prueba.

En pocas palabras: si el escrito contiene solo una adhesión, no puede solicitarse práctica de prueba en segunda instancia.

En todo caso, admito que el tema está -como lo indico- para debatir.

5.- Apelación del auto de inadmisión de prueba.

El Art. 160 del COGEP determina que la resolución por la cual el juez no admita alguna prueba podrá apelarse con efecto diferido.

Tenemos lo siguiente:

  • En audiencia -sea única o preliminar-, el juez a través de auto interlocutorio inadmite algún medio probatorio.
  • La parte que se considera afectada apela en ese momento de manera verbal.
  • Esta apelación tiene efecto diferido, por lo que se fundamentará en conjunto con la apelación de fondo, una vez se notifique la sentencia por escrito.
  • En esta apelación con efecto diferido, se deben señalar las razones por las cuales esta prueba no admitida es relevante y además, con ella el resultado de la causa pueda “variar fundamentalmente” (esto último acorde con el ya señalado Art. 160 del COGEP).
  • En caso de que el Tribunal acepte la apelación con efecto diferido, se debe practicar la prueba no admitida en instancia inferior.
  • Ahora bien, acorde con la Resolución 15-2017 de la Corte Nacional, cuando en la audiencia de apelación se revoque el auto de inadmisión de alguna prueba, la audiencia debe suspenderse para que se la practique en fecha posterior. En la práctica ha sucedido de que si la prueba puede practicarse en ese momento la audiencia no se suspende. Esto se da sobre todo cuando se trata de alguna prueba documental que ya está en el expediente, no sería para nada útil suspender una audiencia para producir un documento que ya está incorporado al cuaderno de las actuaciones.

6.- Prueba no anunciada para impugnar o solventar al perito o al peritaje.

El último párrafo del Art. 223 del COGEP contiene la única posibilidad de presentar una prueba “sorpresiva”, esto es, la prueba no anunciada respecto del perito para “desvirtuar el rigor técnico o científico de sus conclusiones así como cualquier otra destinada a solventar o impugnar su credibilidad”.

Sobre este artículo ya escribí una entrada ( https://alfredocuadros.com/2018/08/11/como-impugnar-al-perito-contrario-segun-el-223-del-cogep/#:~:text=Alfredo%20Cuadros%20A%C3%B1azco%20Sin%20categor%C3%ADa%20COGEP%2C%20impugnaci%C3%B3n%2C%20perito,de%20la%20Funci%C3%B3n%20Judicial%3F%20Perito%3A%20S%C3%AD%20lo%20conozco ).

La cuestión aquí sería la siguiente: si en segunda instancia el tribunal acepta la práctica de un peritaje que fuera negada por el juez a quo, luego de que el perito sustente su informe ante la Sala, cualquiera de las partes podrá hacer uso de la facultad del precitado Art. 223 ibídem; por ello, esto constituye otro camino para practicar prueba en apelación.

7.- Prueba para mejor resolver.

En mi blog también he tratado sobre la prueba para mejor resolver (https://alfredocuadros.com/2019/05/16/cuando-el-juez-pude-hacer-uso-de-la-prueba-para-mejor-resolver/  ), conforme al Art. 168 del COGEP.

Solo indicar que en la normativa procesal no se limita que este artículo aplique solo para la primera instancia, por lo que -bajo mi punto de vista-, el tribunal de apelación puede disponer la práctica de alguna prueba de oficio, siempre que se cumplan los parámetros que exige la disposición.

8.- La prueba sobre la existencia del auto de llamamiento a juicio en procedimientos ejecutivos.

Aquí va otro tema para el debate. El procedimiento ejecutivo tiene una situación especialísima, que se materializa en la posibilidad de presentar una prueba específica en cualquier momento.

Me refiero a lo que se señala en el Art. 353.4 del COGEP, que señala que el procedimiento ejecutivo puede fundarse en excepciones puntuales, entre estas la siguiente:

“Existencia de auto de llamamiento a juicio por delito de usura o enriquecimiento privado no justificado, en el que la parte demandada del procedimiento ejecutivo figure como acusadora particular o denunciante del proceso penal y el actor del procedimiento ejecutivo sea el procesado.

En caso de que el auto de llamamiento a juicio sea posterior a la contestación a la demanda, la o el demandado podrá adjuntarlo al proceso y solicitar su suspensión.” (sic) (lo resaltado es añadido).

Hay que notar lo siguiente:

  • Esto es algo que solo se da en el juicio ejecutivo.
  • El motivo es muy limitado, tan solo para justificar la existencia de un auto de llamamiento a juicio en sede penal, por los delitos indicados.
  • Tiene que existir relación entre las partes en el proceso penal con las partes en el juicio ejecutivo.
  • Aquí viene lo importante: el auto puede acompañarse y presentarse al juicio ejecutivo incluso hasta después de contestar la demanda.

El único parámetro que se menciona es uno de inicio, esto es, que sea posterior a la contestación a la demanda, no se señala un momento de vencimiento. ¿Qué pasa entonces si el auto de llamamiento a juicio se expide uno o dos días antes de la audiencia única en apelación del juicio ejecutivo? ¿El interesado puede presentarla en la audiencia y probar la existencia de este auto?

En mi criterio, tal como está concebida la norma es posible hacerlo, ya que no se indica un tiempo máximo de presentación, por lo estaríamos ante otra posibilidad de presentar y practicar prueba en segunda instancia. En este caso, sería algo solo para el juicio ejecutivo; y, además, solo un tipo de prueba determinada (probar la existencia del auto de llamamiento a juicio.

Me gustaría saber sus opiniones y, sobre todo, si encuentran otros caminos fuera de los ya mencionados.

Gracias por la visita y, además, deseo a quien lee estas líneas un feliz y próspero año 2022, lleno de salud.

El libro de F. Lee Bailey sobre el juicio de O.J. Simpson (Parte II)

Como ya lo adelanté en la entrada anterior, este libro tiene tantas cosas interesantes, que si me pusiera a comentar todo lo que quisiera, esta entrada resultaría demasiado extensa. Por esto, he llegado a la conclusión de que en el 2022 lo leeré entero por segunda ocasión.

Decidí centrarme en un punto del libro que pasó a la fama, incluso fue recreado con mucho drama en la serie American Crime Story, me refiero al contraexamen del detective Mark Fuhrman.

El capítulo 10 se titula “Planificando el “Funeral de Furman”” (Planning “Fuhrman’s Funeral”). En esta sección, Bailey nos hace saber que desde que le fue asignada la misión de contrainterrogar a Furhman, decidió mentalizarse de que estaba preparando -en sentido figurado- el funeral del detective. Se nos relata la gran cantidad de testigos que la defensa de Simpson ubicó y que estaban dispuestos a declarar sobre varios actos y expresiones racistas de Fuhrman.

F. Lee Bailey afirma que desde que vio por primera vez a Fuhrman rendir testimonio en una audiencia preliminar del caso, tuvo la plena convicción de que era un mentiroso. Esto, a pesar de que en este testimonio inicial Fuhrman parecía ser una persona seria, razonable y un ciudadano modelo.

En el capítulo 11 titulado Getting Fuhrman in the Crosshairs (que puede traducirse como “Poniendo a Fuhrman en la mira”), Bailey entra ya a explicar cosas útiles que debe tener presente todo abogado que planifica un complicado contraexamen. Cabe destacar que el juez del caso -Lance Ito-, impuso limitaciones para el contraexamen de la defensa de Simpson (básicamente dictaminó que cualquier pregunta sobre posible racismo por parte de Fuhrman, no podía referirse a hechos que hayan acontecido hace más de diez años y, que mientras no se presenten testigos que afirmen sobre expresiones racistas del detective, no se le podía preguntar nada sobre esto), que Bailey califica como imposiciones concebidas para ayudar a la Fiscalía.

Algo que se recomienda en el libro para preparar el contraexamen es tener una discusión mental interna, en la cual debemos revisar el caso desde la perspectiva de cada lado (recordemos que Abraham Lincoln destinaba muchísimo tiempo a pensar en lo que haría su adversario en juicio, lo cual lo ayudaba a no ser sorprendido por el contrario https://alfredocuadros.com/2021/03/07/abraham-lincoln-el-litigante/ ).

Recordemos que una de las cosas que caracterizó a Bailey era su gran capacidad para contraexaminar, por lo que en este capítulo -tomando como referencia su enfrentamiento con Fuhrman- nos proporciona varios consejos:

  • Se advierte al lector de que un buen contrainterrogatorio toma su tiempo, un abogado bien entrenado no va directo a ganar el premio mayor, sino que debe ser trabajado y armado poco a poco.
  • La memoria juega un papel importante, ya que se aconseja que el abogado debe tener en su mente todos, todos, los detalles acerca del testigo.
  • Un abogado experto en contrainterrogatorios debe hacer su tarea sin notas ni documentos en sus manos, con su mirada fija en el testigo, también en el juez y el jurado y, de vez en cuando (con el rabillo del ojo), observar a los abogados contrarios. Bailey sostiene que si un abogado lleva documentos u otra información impresa, perderá tiempo valioso mientras busca esta información.
  • Bailey además recomienda observar bien al testigo mientras se lo contraexamina, ya que de esta observación se notará si el testigo está nervioso, intenta ocultar algo o se siente incómodo.

Se me quedan muchísimas cosas por comentar de este libro, como por ejemplo, la relación de Bailey con los otros abogados del dream team, la forma en que se desvirtuó la prueba de ADN presentada por la fiscalía, el posterior juicio civil que interpusieron los padres de Ron Goldman, los motivos por los cuales Simpson no declaró y otros más. En fin, es un libro muy bien contado sobre un juicio que aún atrapa la atención del público.

Solo comparto dos ideas finales sobre la obra. La primera es que el libro es tan bueno y tan bien escrito, que es de aquellos que mientras vamos llegando al final deseamos que no termine pronto; y, la segunda, como muestra de lo gran abogado que fue F. Lee Bailey puedo escribir en estas líneas que me hizo creer en la inocencia de O.J. Simpson, ya que antes de toparme con este libro no tenía mayores dudas sobre la participación de Simpson en el horrendo crimen por el cual fue juzgado y absuelto.

Gracias por la lectura y su visita a este blog.

Deseo a todos que tengan un feliz 2022, Dios quiera que sea el año en que salgamos de esta terrible pandemia.

El libro de F. Lee Bailey sobre el juicio de O.J. Simpson (Parte I)

Uno de los libros que más esperé este año fue el titulado “The truth about the O.J. Simpson Trial, by the architect of the defense” (“La verdad sobre el juicio de O.J. Simpson, por el arquitecto de la defensa”), del abogado norteamericano F. Lee Bailey (+).

Ya he hablado sobre F. Lee Bailey en este blog (https://alfredocuadros.com/2018/03/16/reglas-para-el-contrainterrogatorio-propuestas-por-f-lee-bailey/ ), tan solo decir que fue un auténtico referente como abogado y litigante y, sin duda, marcó su huella sobre todo al dar consejos prácticos y útiles sobre el contraexamen de testigos.

Es por este motivo que tenía mucha expectativa por leer este libro, las cuales -reconozco- se cumplieron y con creces.

A lo largo de 26 capítulos, F. Lee Bailey reseña varios acontecimientos que sucedieron antes, durante y después del llamado “juicio del siglo”, en el que se acusó a O.J. Simpson de asesinar a su exesposa Nicole Brown y a un amigo de ella llamado Ron Goldman.

Como esta modesta entrada de blog no alcanza para hacer un resumen de toda la obra, aprovecho -eso sí-, para detenerme en uno de los capítulos más interesantes, en el que el autor explica los llamados “pilares de inocencia” (capítulo 5), esgrimidos por el famoso dream team de abogados que defendieron a Simpson.

Bailey explica primero que los pilares de inocencia representan las defensas afirmativas, que son aquellas que proporcionan evidencia destinada a contradecir la culpabilidad del acusado, señalando que hay que diferenciarlas de la evidencia mediante la cual se contradice la que presenta la fiscalía. Los pilares que armó la defensa de Simpson fueron cuatro: (1) línea temporal; (2) comportamiento; (3) declaración rendida por Simpson ante los agentes de policía; y, (4) falta de motivo.

Pasaré a resumir cada uno de estos pilares.

La línea temporal.

F. Lee Bailey menciona que suelen existir dos líneas de defensa que los defensores deben escoger: la línea de tiempo (timeline) o, la coartada única (single alibi). La línea de tiempo es una defensa compuesta, por cuanto se compone del testimonio enlazado de varias personas, con los que se busca probar que el acusado no pudo cometer el crimen, ya que todas estas personas dan fe de que el acusado estuvo en compañía de otras personas, muchas veces en distintos momentos, cuando se suscitó el delito. En cambio, la coartada única -a criterio de Bailey, más fuerte como argumento, aunque es más riesgosa-, se sustenta en la premisa de que una persona no puede estar en dos lugares a la vez y, por eso, si por ejemplo se puede probar que un acusado estuvo fuera del país cuando se perpetró la infracción, tiene la coartada perfecta para deslindar responsabilidad.

En el libro el autor relata cómo minuto a minuto los abogados erigieron una línea temporal de aquella fatídica noche en donde fueron asesinados Nicole Brown y Ron Goldman. Lo cierto es que el análisis detallado que consta en el libro es bastante convincente.

El comportamiento de O.J. Simpson antes y después de enterarse del asesinato.

En la noche del trágico suceso (12 de junio de 1994) Simpson tomó un vuelo nocturno a Chicago, para cumplir con un compromiso comercial. Según varios testigos a pesar de que llegaba tarde para tomar el vuelo, su comportamiento fue amable para con las personas que lo saludaban -no olvidemos que Simpson era una celebridad a pesar de estar retirado del deporte, salía en películas y gozaba de una gran popularidad-. Durante el vuelo de ida conversó con el capitán del vuelo y hasta firmó unos autógrafos. Luego de que se enteró de la muerte de su exesposa, según otros testigos, incluido el de la persona encargada de trasladarlo en Chicago, su comportamiento fue bastante errático y, a pesar de que recién había arribado a su hotel, pidió regresar inmediatamente a Los Ángeles en el vuelo más próximo.

En el vuelo de regreso, muchas personas vieron a un O.J. Simpson impaciente, ansioso, que usaba insistentemente el teléfono del avión. Como dato interesante, en el vuelo de regreso se encontraba un abogado especializado en patentes, el cual al ver inquieto a Simpson y notar que hablaba sobre cosas delicadas, tomó notas para registrar todo lo que estaba pasando, para luego hacerlas llegar tanto a la fiscalía como a la defensa.

En concreto, lo que alega Bailey es que si uno examina el comportamiento de Simpson antes del crimen, en ningún momento se denota que era el de alguien que tuvo planificado asesinar a su exesposa; y, en cambio, después de las noticias de la tragedia, su conducta varió de una manera notable. Todo lo cual es coherente con alguien que de repente se entera de una fuerte noticia.

La declaración de O.J. Simpson ante la policía.

Apenas O.J. Simpson llegó de Chicago, a su domicilio acudieron dos detectives quienes insistieron de entrada que los acompañe a rendir una declaración en la cual le harían varias preguntas (se entiende de que para este momento ya la policía lo consideraba como el principal sospechoso).

En el domicilio de Simpson lo esperaba su abogado Howard Weitzman -quien no formaría parte del grupo que lo defendió en el juicio penal-, quien le aconsejó que no declare ni conteste a las preguntas de los agentes a menos que él se encuentre presente. Los detectives fueron claros en indicar que no deseaban que Simpson esté asistido por un abogado.A pesar de la advertencia de su abogado, Simpson decidió declarar y someterse a un extenso interrogatorio de los detectives, como una muestra de que no tenía nada que esconder.

Acorde con F. Lee Bailey, la declaración de Simpson y, sobre todo, las respuestas que dio a los agentes, fueron impecables, tomando en cuenta que quienes lo interrogaron eran detectives con amplia experiencia. Todo lo que se dijo en esta declaración fue puesto en blanco y negro y además, entregado a la defensa de Simpson.

La primera pregunta que saltó en mi mente luego de leer esto fue, ¿Entonces, por qué no la usaron en el juicio? Pues, el juez que presidió el caso (Lance Ito), no permitió que se use ni la grabación ni la transcripción de este interrogatorio, por considerar que se trataba de hearsay (ya traté sobre esta figura en estas entradas https://alfredocuadros.com/2021/05/21/se-deberian-admitir-los-testimonios-referenciales/ y, https://alfredocuadros.com/2021/05/28/se-deberian-admitir-los-testimonios-referenciales-parte-ii/ ), ya que eran declaraciones realizadas fuera del tribunal, respecto de las cuales no había posibilidad de contradecir, por lo que el juez además resaltó que Simpson podía referirse a este interrogatorio si decidía declarar en el juicio.

Falta de motivo.

Durante el juicio de O.J. Simpson, la fiscalía trató de implantar en el jurado -y en el público en general, no olvidemos que este fue un juicio bastante mediático-, la teoría de que el susodicho mató a su exesposa por celos, pintándolo como una persona posesiva que no podía soportar que su expareja tuviese otros intereses románticos. Hay que recordar que salieron a la luz grabaciones de llamadas de auxilio que hizo Nicole Brown, en las que pedía ayuda ante agresiones de Simpson. Un antecedente bastante revelador era indiscutido: Nicole Brown acusó ante las autoridades a Simpson de agresión física, cargo que fue aceptado por este último llegando a declararse culpable.

Para de una u otra forma tumbar esto, F. Lee Bailey acude a otros dos sucesos que también son comprobables. El primero de estos se dio cuando Simpson un día fue a la casa de su exesposa y desde la entrada principal vio a ella y a su entonces pareja en una pose en la que parecía que ella estaba realizando un acto sexual, por lo que tan solo se retiró, para regresar al siguiente día y reprender a ambos ya que les dijo que cualquiera de sus hijos podía ver y que esperaba que fueran más cuidadosos. Lo cierto es que el señor que entonces era la pareja de Nicole Brown luego tuvo una relación cordial con Simpson y llegó a testificar ante el gran jurado, afirmando que Simpson nunca se portó agresivo o celoso con él. En el segundo suceso, un compañero de equipo de Simpson contrajo matrimonio y, luego de esto tuvo una aventura con Nicole Brown, por lo que, cuando Simpson se enteró, tan solo le dijo que Brown estaba soltera y ella podía hacer lo que quiera, sin embargo, él ya no debería hacer esas cosas ya que era un hombre casado.

El propósito de contar estas dos situaciones es para hacer ver que O.J. Simpson no había mostrado un patrón posesivo con Nicole Brown luego de su divorcio, con lo que se buscaba posicionar la versión de que Simpson no tenía un motivo para asesinar a se exesposa ni a Ron Goldman.

En fin, hay muchas otras cosas que me gustaría comentar del libro, por lo que espero pronto hacer una segunda parte.

Gracias por la lectura.

«Hábitos atómicos» de James Clear.

Disfruto mucho la parte dinámica y de estrategia del litigio. Estar en una audiencia, realizar interrogantes a los declarantes, ensayar alegatos, pensar en varias estrategias, entre otras cosas. A pesar de esto, debo reconocer (y creo que todos los litigantes coincidirán conmigo en esto), en que hay ciertas cosas que no son tan emocionantes y llegan a ser cansinas y aburridas.

Pasa que a veces nos encontramos cansados en nuestro escritorio, rodeados de papeles y resulta que aún tenemos que preparar varios escritos de apelación, leer la última sentencia de la Corte Constitucional y, como si fuera poco, revisar las copias de un voluminoso expediente judicial para la audiencia que tendremos al siguiente día.

Ante este tipo de situaciones me viene a la mente el libro “Hábitos Atómicos. Un método sencillo y comprobado para desarrollar buenos hábitos y eliminar los malos”, del autor norteamericano James Clear (uno de los mejores libros que he leído este año).

La idea general que se expande a lo largo de toda la obra es que podemos mejorar nuestro desempeño con pequeñísimos avances periódicos, a través del mejoramiento de nuestros hábitos.

No voy a hacer un resumen general del libro, prefiero compartir en esta breve entrada la idea que más me ha resonado: el manejo del aburrimiento como uno de los elementos para alcanzar el éxito. En el capítulo 19 del texto en mención, el autor habla acerca de cómo mantenernos motivados en la vida y en el trabajo.

Al inicio de este capítulo se nos cuenta la historia de Steve Martin, un reconocido comediante y actor norteamericano. Martin empezó como su carrera realizando presentaciones breves -de cinco minutos- desde muy joven y, poco a poco, gracias a su constante trabajo para pulir su acto, con el tiempo se fue armando una sólida carrera que lo ha llevado hasta el cine.

El autor también relata una historia personal. Resulta que luego de que dejó de practicar béisbol, decidió intentar suerte con el levantamiento de pesas, lo que lo llevó a conocer a un entrenador de élite de esta disciplina. Al preguntarle al entrenador cuáles eran los factores diferenciadores entre un atleta y el resto de las personas, éste le contestó algo que no esperaba: “En cierto punto todo se reduce a quién puede manejar el aburrimiento que produce entrenar todos los días y hacer los mismos levantamientos una y otra vez”.

Con esto, el autor explica que para triunfar en cualquier área (deporte, familiar, negocios, profesión, etc.) no basta tener “motivación”, ya que las personas exitosas en algún momento se encuentran sin motivación, en algún punto caerán presa del aburrimiento, incluso se advierte que “la mayor amenaza al éxito no es el fracaso sino el aburrimiento”. La clave entonces no pasa por la motivación, sino en superar el aburrimiento. Por ello, se recomiendo que cuando adoptamos un hábito, debemos mantenerlo a como de lugar, así se nos vuelva tedioso.

Imaginemos que intentamos leer veinte páginas al día de un texto jurídico o, escribir al menos una vez a la semana un artículo breve. Lo más seguro es que luego de algunas jornadas nos encontremos desmotivados, sin ganas de iniciar la tarea que nos hemos impuesto. A esto, James Clear advierte: “Los profesionales se ponen en acción, aunque las circunstancias estén en contra y el humor no sea el correcto. Quizás no lo disfruten, pero encuentran la manera de hacer el trabajo”.

Esto último ha resonado mucho en mí: hacer el trabajo aunque en ese momento no lo disfrutemos.

Así que, si en un determinado momento nos faltan las energías para empezar o continuar ese pesado -y cuasi indescifrable- libro de Ferrajoli, o para revisar ese expediente de treinta cuerpos, debemos estar conscientes que si logramos superar ese momento, tendremos mucho camino ganado.

Recomiendo mucho el libro del que trato en esta entrada. Tiene varias ideas aplicables para varios aspectos de la vida.

Gracias por la lectura.

La pregunta (que suele ser) más importante en un contrainterrogatorio.

En un contrainterrogatorio la pregunta que -muchas veces- es la más importante es … aquella que no se hace.

Sí, lo he escrito de esa manera para reflexionar sobre algo que suele ser difícil determinar al calor de una audiencia complicada: saber cuándo detenernos mientras estamos contraexaminando.

El abogado norteamericano F. Lee Bailey (+), de quien ya he hablado en este blog ( https://alfredocuadros.com/2018/03/16/reglas-para-el-contrainterrogatorio-propuestas-por-f-lee-bailey/ ), señala que uno de los elementos que debe tener presente el abogado cuando está interrogando a un testigo contrario es la “terminación”, esto es, saber el momento preciso en que se debe dejar de hacer preguntas.

La relevancia de no hacer una pregunta (o varias) de más en el contraexamen radica en lo siguiente:

  • Perderemos el punto clave que queríamos sacar a relucir. Aquí recuerdo experiencias personales. En algún caso complicado, logré que el perito de parte contario admita algo que era fundamental para la postura de mi defendido; no obstante, por querer cubrir otros temas con otras interrogantes, el perito aprovechó para ganar terreno con sus nuevas respuestas. Sentí que todo lo que había logrado con las preguntas previas, había quedado “enterrado” con lo que se actuó después.
  • Se pierde la ventaja. El abogado debe tener presente que el contraexamen debe culminar en un punto alto, con la ventaja. Una vez que se logró el objetivo trazado y llegamos -en sentido figurado- a la cima, si avanzamos un poco más, caeremos cuesta abajo y será muy difícil volver a emprender hacia el tope de la montaña. Por esto debe quedarnos claro que, como los buenos apostadores, hay que saber retirarse mientras vamos ganando.
  • De la mano con el párrafo anterior, si perdemos la ventaja, empezaremos a lanzar pregunta tras pregunta para tratar de llegar otra vez a esa posición, lo cual suele ser contraproducente, ya que se notará que estamos dando manotazos de ahogado, realizando varias preguntas para ver si con alguna logramos el milagro de retomar esa postura ventajosa.

Ahora, está muy bien eso de detenernos en un contraexamen. Pero, ¿Cómo logramos esto? La respuesta -como casi siempre- está en nuestra preparación. Como bien aconseja la técnica de litigación, no debemos empezar a hacer un contrainterrogatorio si no tenemos claros nuestros objetivos y esto solo se logra con una adecuada preparación.

Voy a poner otro ejemplo basado en un caso real que me tocó litigar. En un juicio laboral, asumí la defensa de la parte demandada. Uno de los rubros que se reclamaban era el de las vacaciones de varios períodos -si no me falla la memoria eran de unos cuatro años-. En la preparación de la estrategia, mi cliente me indicó que el demandante había gozado de sus vacaciones y las mismas fueron pagadas; no obstante, no había tenido la precaución de dejar constancia por escrito. Ante esto, no quedaba más que llamar a declarar al accionante para buscar que reconozca que, en efecto, había tomado vacaciones y que las mismas le habían sido pagadas. (Solo por si acaso, tal como lo explico en esta otra entrada https://alfredocuadros.com/2021/10/11/la-correcta-interpretacion-de-la-ultima-parte-del-art-177-7-del-cogep-sobre-la-pertinencia-de-las-preguntas-sugestivas/ , en mi criterio, siempre que en un juicio regido por el COGEP se llama a la contraparte a declarar, debería tomarse esto como un contrainterrogatorio, por lo que no deberían prohibirse nunca en estos casos las preguntas sugestivas).

Mi objetivo era sencillo: que el demandante declare ante la jueza que había gozado las vacaciones.

El interrogatorio fue, más o menos, así:

P.- ¿Usted en el año 2015 tuvo 15 días de vacaciones?

P.- Durante esos 15 días, igual recibió remuneración, ¿verdad?

Y así durante todos los años reclamados (fueron creo hasta el 2019). Recordemos que las preguntas no pueden ser compuestas. Por ello, tuve que repetir las mismas preguntas por cada período, ya que si hacía una sola pregunta, por varios años, era muy probable que el abogado contrario las objete por ser pregunta compuesta).

Una vez logré el objetivo, cuando el actor aceptó haber gozado de sus vacaciones en el último año, paré inmediatamente el contraexamen. No tenía ninguna otra razón para seguir preguntando. En teoría, al ser una declaración de parte, podría haberme extendido a otros temas; sin embargo, esto habría sido contraproducente, ya que si abarcaba otros puntos, me estaba alejando de mi objetivo.

El realizar un contraexamen extenso (con el cual hay más posibilidades de hacer preguntas de más) también tiene que ver con pretender quedar bien con nuestro cliente. Todos hemos pasado por eso. Estamos en la audiencia, tenemos a nuestro cliente al lado, queremos que nos vea actuar y, por ello creemos que mientras más largo es nuestro contrainterrogatorio, nuestro cliente incluso decidirá hacer un incremento en nuestros honorarios. Me pasó una vez que un cliente en la audiencia me preguntó el motivo por cual mi interrogatorio había durado tan poco (apenas fueron unas cinco o seis preguntas), a lo que le contesté que ya había logrado mi objetivo, que era probar la cercanía del testigo con la contraparte, lo cual me sirvió en el alegato final para señalar que el testigo no era imparcial.

Por ello siempre tengamos en mente que la mejor pregunta en un contrainterrogatorio, suele ser aquella que no se hace.

Gracias por la visita.

La técnica del “cuadro por cuadro” para el contraexamen.

Bueno, aprovechando los descuadres en mis horarios de dormir (gracias al reciente nacimiento de mi heredera), les traigo una brevísima entrada.

Una vez más voy a escribir sobre algo que encontré en el excelente libro de Gonzalo Rua con título “Contraexamen de testigos”; en concreto, trataré sobre la técnica del “cuadro por cuadro” en el contraexamen.

Para los de mi generación -frase usada por todos aquellos que ya nos estamos sintiendo algo mayores-, la frase “cuadro por cuadro”, nos trae recuerdos de los antiguos equipos denominados “VHS”, en los que se podían ver películas. Se trataba de un aparato que se conectaba al televisor, al cual se le insertaba un casete de tamaño grande que contenía una grabación audiovisual. Dentro de las opciones del VHS por general estaban la de pausa, play, retroceso rápido, adelantamiento rápido y, en ciertos equipos había otra que era la de cuadro por cuadro. Esta última opción hacía que las imágenes de la película avancen, digamos, un segundo a la vez, por lo que la acción se apreciaba bastante lenta. Por ejemplo, si estábamos viendo alguna película de Rocky y usábamos la opción del cuadro por cuadro, íbamos a ver al boxeador empuñando su mano para el golpe y luego, una pausa; la mano avanzaba un poquito más y se daba otra pausa… y así seguía la acción.

Esta idea del “cuadro por cuadro” se puede adaptar para explicar una de las mejores y -en mi opinión- más útiles técnicas para el contraexamen (o para el interrogatorio de un testigo hostil). Esta técnica es la del uso de preguntas sugestivas cortas y secuenciales, de manera que se nos hará mucho más fácil ir llevando al testigo al camino que nosotros le vamos trazando.

Veamos un ejercicio práctico, basado en un caso real que me tocó actuar. Se trata de un juicio laboral, en el que defendí al empleador demandado. Resulta que el accionante presentó demanda solicitando el pago de la indemnización por despido intempestivo. Al reunirme con el demandado no solo que reconoció que en efecto existió el despido, sino que además, se le había pagado la respectiva indemnización incluso a través de cheque. Ante esto, se obtuvo incluso el informe del banco en el cual se detallaba que el cheque había sido cobrado por el propio demandante en una ventanilla el mismo día que se firmó el acta de finiquito.

Armado con toda esta información (y con los documentos), armé más o menos esta línea de interrogantes, en donde utilicé la técnica del “cuadro por cuadro”:

P.- Usted acudió al departamento de recursos humanos el día 12 de julio de 2020, ¿verdad?

P.- Luego de esto, ¿se reunió con la jefa de recursos humanos?

P.- ¿Ella le entregó un acta de finiquito?

P.- ¿Usted revisó el acta de finiquito?

P.- ¿Usted firmó el acta?

P.- ¿Se le entregó un cheque después?

P.- ¿Este cheque fue por la cantidad de US$8.000?

P.- ¿Usted acudió a la agencia del Banco Gótico que queda en el centro comercial “Día Bonito”, ese mismo día?

P.- ¿Usted hizo la fila para cobrar el cheque?

P.- ¿Usted firmó el cheque previo al cobro?

P.- ¿Usted entregó el cheque al cajero?

P.- ¿Usted recibió el dinero en la ventanilla?

Como se ve, esta técnica ayuda muchísimo a dirigir al testigo y, además, minimiza mucho el riesgo de caer en alguna objeción, ya que se formulan preguntas breves -lo que permita hacerlas rápido-, secuenciales, sencillas y de fácil entendimiento.

Esta técnica es como ir “cuadro por cuadro”, ya que como se aprecia, vamos paso a paso pintando ante el juez la imagen que queremos aportar con nuestras preguntas. En el caso que les comento, lo que buscaba era dejar en claro de que el actor había firmado el acta de finiquito, que la aceptó con su firma y que además, recibió el cheque de la liquidación y lo cobró en ventanilla; en otras palabras, que había cobrado todos los valores que por ley le correspondían. Es cierto que esto puede que nos tome mucho tiempo hasta llegar a ese punto; no obstante, si nos preparamos bien y tenemos clarísima la secuencia de los hechos, el margen de error es muy pequeño.

Bueno, con esto me despido, no sin antes recomendar, una vez más, el excelente libro “Contraexamen de testigos” del autor Gonzalo Rua.

Gracias por la visita.

El uso de la temida pregunta del “Por qué” en los contraexámenes.

Una de las recomendaciones más repetidas en el tema de los contraexámenes es que el abogado debe emplear preguntas sugestivas, que son aquellas que dirigen la respuesta al declarante, buscando que no tenga otra opción más que aceptar o negar lo que se le interroga.

Las “enemigas” de las preguntas sugestivas son las preguntas denominadas “abiertas”, con las cuales -en cambio-, se le entrega al testigo un campo abierto para que pueda desarrollar su respuesta. Estas preguntas son las que comienzan con “Por qué”, “Cómo”, entre otras (los norteamericanos las llaman las “wh questions”, ya que son las preguntas que comienzan con “Why”, “Where”, “Who”, “Where”). 

No está de más recordar que todo abogado litigante debe saber que en un contrainterrogatorio la clave está en el control al testigo y a su declaración. Uno de los aspectos básicos para mantener este control es el uso predominante de preguntas sugestivas.

Veamos un ejemplo rápido.

Si pregunto a un testigo: “Usted firmó el documento por cuanto estaba convencido de que era el mejor trato, ¿correcto?”, el declarante -en estricto sentido- solo tendrá oportunidad de afirmar o negar la pregunta, ya que es sugestiva. El interrogador no está dando mayor espacio para alguna explicación.

Si se realiza esta pregunta abierta al testigo: “¿Por qué firmó el documento?”, se le está invitando a que explique todas las razones que lo llevaron a aceptar la firma.

Es por esto que se desaconseja (y en la gran mayoría de casos es visto como un error) hacer preguntas abiertas en un contraexamen, ya que para este momento, el abogado es el que tiene que tomar la batuta y tratar de controlar -a través de técnicas permitidas- al testigo.

Ahora bien, siempre digo que el derecho no es una ciencia exacta y, más aún, el litigio es menos exacto. Las técnicas de litigación no son una camisa de fuerza. Es por esto que durante el desarrollo de la respectiva diligencia, el litigante de acuerdo a su criterio y percepción, podrá apartarse -de manera responsable- de los lineamientos que dictan las técnicas.

Con esto les traigo un caso real, bastante interesante, en el que un abogado defensor norteamericano decidió aplicar el famoso “Por qué” (Why) a la supuesta víctima de un delito. Ahora, no crean que lo que les voy a contar pasó en un juicio cualquiera, sino que sucedió en un caso archifamoso (más que el de O.J. Simpson): en el proceso penal por abuso sexual contra un menor que se siguió nada más y nada menos que contra Michael Jackson, ¡el rey del pop!

El abogado defensor de Michael Jackson en esa causa penal fue Tom Mesereau, quien dio una entrevista para el podcast “Killer Crossexamination”, que dirige otro abogado llamado Neil Rockind. En esta entrevista Mesereau cuenta aspectos interesantes que se dieron en el juicio de Michael Jackson. Como la entrevista está en inglés, voy a traducir la parte pertinente, pidiendo disculpas por cualquier error en la traducción.

“Pregunta entrevistador: Usaste la pregunta del “Por qué”.

“Respuesta de Tom Mesereau: Sí. Eso fue con el principal acusador. Contraexaminé al acusador, ya que por ni por un segundo creí en sus alegaciones por varias razones. Supe que él y su familia trataron de estar muy cerca de Michael Jackson y lo fueron por mucho tiempo; y él cuidaba a la familia como la persona generosa que siempre lo fue y, en un punto, él quiso alejarse de ellos y empezó a distanciarse y ellos se frustraron (…) para abreviar esta larga historia, empecé a contraexaminar al acusador y comencé a preguntarle por las razones por las que él estaba enojado y frustrado con Michael y, en un punto le dije: “Tú estabas enojado con Michael, ¿verdad? Y el dijo: “sí”; yo dije ¿Por qué? Y él detallo un sinnúmero de razones, pero lo que dejo fuera es que una de estas razones fue el abuso…”.

Quiero resaltar una vez más las circunstancias y elementos en los que se suscitó este contraexamen:

  • Estamos en un caso que fue seguido muy de cerca por los medios de comunicación y por el público en general. Me atrevo a decir que mucho más que el caso del ya mencionado O.J. Simpson.
  • El abogado defendía a quien de seguro era la persona más famosa a la época.
  • Las acusaciones contra Michael Jackson eran muy graves.
  • El abogado tuvo la suficiente percepción para determinar a priori, que si preguntaba a la supuesta víctima sobre los motivos por los que estaba molesto con Michael Jackson, éste no iba a decir que lo estaba por haber sido abusado. Fue una enorme apuesta que terminó pagando bien.

Como se aprecia, los riesgos eran altos; no obstante, gracias al uso de la pregunta del “por qué” a la supuesta víctima, el jurado pudo ver que el acusador estaba enojado con Michael Jackson, pero no por el alegado abuso, sino por una serie de razones que no estaban relacionadas con los cargos formulados.

El abogado Mesereau logró que el jurado absuelva a su afamado cliente.

Me parece válido indicar además que en la misma entrevista, el abogado Mesereau admitió que la pregunta del “por qué” fue producto de una idea del momento, no estaba planificada. Bajo su criterio, el jurado con esto pudo ver quién era en verdad la supuesta víctima de Jackson, con lo cual reveló sus verdaderas intenciones. Este tipo de “improvisaciones responsables” (como las llamo), pueden hacerse durante la audiencia, siempre que estemos muy concentrados en las actuaciones del juicio y dominemos bien los hechos sobre los cuales se está litigando.

Si quieren ver la entrevista completa al abogado Tom Mesereau (no tiene desperdicio) les dejo el link https://www.youtube.com/watch?v=tc7CM0Z-Pvc Además, les dejo un link a otra entrada de este blog donde explico los tipos de preguntas que puede hacer el abogado a un testigo https://alfredocuadros.com/2021/06/27/los-cuatro-tipos-de-preguntas-que-podemos-hacer-los-abogados-a-los-diferentes-testigos/

La correcta interpretación de la última parte del Art. 177.7 del COGEP, sobre la pertinencia de las preguntas sugestivas.

Esta narración está basada en un caso real que me sucedió:

Estoy en una audiencia de juicio en un caso bastante peleado e interesante. El demandado comparece a declarar por pedido mío. Empiezo de entrada y de manera rápida a hacer preguntas de este tipo:

  • Usted es el representante de la compañía XYZ, ¿verdad?
  • Su compañía se dedica a realizar actividades de compraventa de bienes, ¿correcto?

Luego de unas cuatro preguntas -le imprimí bastante velocidad-, la defensa de la contraparte protestó diciendo que estaba realizando preguntas sugestivas. De inmediato noté que la jueza coincidió con esto y me dijo que me abstenga de seguir con ese tipo de preguntas. En ese momento rebatí indicando que estaba realizando preguntas a la contraparte, por lo que no existía impedimento para seguir con las preguntas sugestivas. Ante esto, la contraparte alegó que el COGEP su Art. 177.7 tan solo contempla preguntas sugestivas en el contrainterrogatorio, no en el examen directo.

Esto se ha repetido en varias ocasiones en las que he llamado a declarar a la contraparte en algún juicio que se sustancia con el COGEP. Es una cadena que se repite; esto es, la contraparte (si está atenta) impugna las preguntas sugestivas que formulo; incluso, los jueces por regla general tampoco son muy permisivos con las preguntas sugestivas. ¿Qué me ha tocado hacer? Empezar a formular preguntas “cerradas/sugestivas”, todo para lograr un mejor y mayor control del declarante (todo esto, acorde con la técnica que se sugiere para manejar este tipo de diligencias).

Todo esto, en mi criterio, surge por una equivocada interpretación de la última parte del Art. 177.7 del COGEP.

Rememoremos lo que dice el COGEP sobre las preguntas sugestivas:

  • En un primer momento, en el Art. 176 se indica que las partes podrán objetar -entre otras- las preguntas sugestivas. Entonces, partimos de la premisa de que estas preguntas no serán permitidas.
  • Luego, el Art. 177.7 ibídem, señala los casos en que las preguntas sugestivas se permiten. Estos son, (1) preguntas sobre temas introductorios o que recapitulen información ya aportada; (2) que el testigo haya sido calificado como hostil; y, (3) en el “contrainterrogatorio cuando se practique una declaración de una parte a pedido de la otra”.

(Sobre el testigo hostil ya escribí una entrada que la pueden consultar aquí https://alfredocuadros.com/2018/08/19/el-testigo-hostil-en-el-cogep/ ).

Me detengo entonces en el último escenario de la señalada disposición, la cual me permito transcribir otra vez, solo a efectos de tenerlo todo más claro:

“También están permitidas en el contrainterrogatorio cuando se practique la declaración de una parte a pedido de la otra”.

Esta disposición abarca dos posibilidades:

  • La primera, que no habría mayor problema, que se daría cuando por ejemplo una parte llama a su propio defendido a declarar (cuando por ejemplo el abogado del demandante pide la declaración de parte de su cliente). Una vez que finalice el interrogatorio del abogado, la defensa contraria tiene el derecho de contraexaminar. Aquí no habría duda alguna de que se permiten preguntas sugestivas.
  • Ahora bien, la segunda posibilidad que es la que más resistencia genera sería interpretar que siempre que se llame a declarar a la parte contraria (es decir, si el demandante llama a declarar al accionado y viceversa), se debe entender que estamos en un contrainterrogatorio, por ende, cuando una parte llame a la otra a declaración se aceptarán -sin excepciones ni limitaciones- las preguntas sugestivas.

Esta última interpretación me parece la más adecuada, lógica y acertada desde la técnica jurídica hasta por motivos de un adecuado ejercicio del derecho a la defensa. En cuanto a la técnica, se recomienda que cuando estemos ante un declarante adverso (sea testigo, parte o perito), el abogado debe manejarse con preguntas sugestivas, ya que estas le confieren mayor margen de control durante esa declaración; por otro lado, esto constituye un mejor ejercicio del derecho a la defensa, ya que el uso de preguntas sugestivas es una de las maneras más palpables de ejercer la contradicción, lo cual redunda en el derecho a la defensa.

Por último, no está de más pensar en razones lógicas y de sentido común de que la interpretación del Art. 177.7 del COGEP que se propone es acertada:

  • No tiene ninguna lógica que al declarante contrario no se le puedan hacer preguntas sugestivas. Tendríamos que limitarnos a realizar sobre todo preguntas abiertas, las cuales se caracterizan por darle bastante margen para que el declarante se extienda en sus relatos. Si no nos permiten hacer preguntas sugestivas a la contraparte cuando se la llama a rendir declaración, estaríamos condenados a darle demasiada ventaja al rival, lo que tornaría a la declaración de parte contraria en una prueba casi inútil y poco ventajosa para la defensa de los legítimos intereses de nuestros clientes.
  • Luego, caeríamos en el mayor absurdo de que si por ejemplo llamamos a la contraparte a declarar y por la equivocada interpretación del Art. 177.7 del COGEP, nos prohíban las preguntas sugestivas, el abogado contrario tendrá derecho a contraexaminar a su propio cliente, haciéndole preguntas sugestivas. Esto sería algo tirado de los cabellos.

Por esto lanzo esta interpretación, ya que considero es la que debe aplicarse en toda declaración de parte. Debo también reconocer que habría necesidad de acudir esta interpretación si el artículo fuese claro. Lamentablemente, por la forma en que está redactado, nacen estas confusiones.

En conclusión, la interpretación correcta de la última parte del Art. 177.7 del COGEP sería esta: en todo caso en que una parte llame a la otra a declarar, se procederá como en un contrainterrogatorio, por lo que estará permitida la formulación de preguntas sugestivas.

Gracias por la visita.