A veces es buen negocio no pelear con el testigo adverso: el “concession seeking cross”.

El contraexamen no siempre tiene que desenvolverse en un plano confrontativo entre el abogado y el testigo. En un determinado juicio puede darse la situación de que el testigo contrario al rendir su declaración, aporte elementos que de hecho favorezcan a nuestra teoría del caso.

En este evento -que no suele ser tan infrecuente-, como abogados debemos estar prestos a utilizar una técnica que nos permita sacar todo el provecho posible, ya que estaríamos anotando puntos a favor con un testigo presentado por la contraparte. Esta técnica es lo que se conoce en el litigio norteamericano como el concession seeking cross (que podemos traducir como el contraexamen en busca de concesiones).

La regla general es que durante el contrainterrogatorio el abogado debe buscar controlar al testigo, para lo cual debe formular preguntas sugestivas, controlar el ritmo de la declaración, entre otras; todo esto con el propósito de limitar el “espacio” de respuesta del testigo. Esto no aplica cuando nos toca contraexaminar a un testigo que puede beneficiar a nuestra teoría del caso. Aquí, la cosa cambia, ya que como abogados debemos procurar que el testigo narre aquello que favorece a nuestro cliente, lo que se logrará cambiando el tipo de preguntas -de sugestivas a preguntas abiertas-, y también nuestra propia actitud, ya que no buscamos enfrentamiento, sino, concesiones.

Como se ve, el contraexamen que se ejecuta teniendo como mira la extracción de puntos de consenso con el testigo, se asemejará más a un examen directo, ya que -igual con sumo cuidado-, a través de nuestro desempeño, utilizando sobre todo preguntas abiertas, buscaremos que el testigo le explique con más detalle al juez aquellas cosas que dan fuerza a nuestra teoría del caso.

Ahora bien, en la práctica también suele suceder que el testigo contrario dice cosas que nos benefician y también que nos perjudican, formándose una encrucijada que nos lleva a decidir entre aprovechar los puntos en común que nos puede proporcionar el testigo, o tratar de impugnarlo. La dificultad ante este escenario está en determinar cuál es el mejor camino que debemos tomar, ya sea (1) centrarnos solo en los aspectos que nos favorecen y no confrontar al testigo con la parte de su declaración que nos perjudican; (2) enfocar nuestros esfuerzos tan solo en impugnar la credibilidad del testigo, perdiendo la oportunidad de usar parte del testimonio a favor nuestro; o, (3) buscar hacer ambas cosas, esto es, que en el contraexamen el testigo hable sobre lo que nos favorece y luego, buscar su impugnación.

La recomendación de los especialistas es que primero busquemos que el testigo declare sobre los puntos que nos benefician y luego de esto, objetar la credibilidad del testimonio sobre las partes que no nos favorezcan (claro está, si contamos con los insumos para esto). La excepción que se hace aquí es que si estamos ante un testigo mentiroso, que no le importa faltar a la verdad, no intentemos buscar concesiones, sino ir directo a la impugnación.

El hecho de lograr que un testigo propuesto por la contraparte declare en favor de nuestra teoría del caso, tendrá relevancia al momento de nuestro alegato final, por lo que como último paso, debemos asegurarnos que el juez no pase por alto esta especial circunstancia.

Todo este tema lo saqué del excelente libro de mi amigo y colega colombiano Juan Sebastián Fajardo (en twitter lo encuentran como @JSFajardoV), titulado “Manual de Contrainterrogatorio. Paso a paso para un contra ideal”, de la editorial Tirant lo Blanch, en donde explica con suficiencia y mucha didáctica este tema y por si fuera poco, profundiza en todas las posibilidades que se pueden dar en el llamado “concession seeking cross”. Sobre este libro ya he hablado en mi blog (https://alfredocuadros.com/2022/07/06/los-efectos-negativos-del-sindrome-hollywoodense-para-el-litigante-explicado-por-juan-sebastian-fajardo/ ) y la razón por lo que lo he citado algunas veces es porque lo considero indispensable para el litigante.

Gracias por la lectura.  

La carga de la prueba frente al juez y frente a las partes.

Para los que litigamos es bastante común escuchar y hablar sobre lo que se conoce como la carga de la prueba (onus probandi si nos queremos poner finos). A breves rasgos, la carga de la prueba es una imposición que se le impone a una parte para que conozca de antemano que en caso no de poder soportarla -es decir, no probar determinados hechos en el proceso-, no alcanzará un resultado favorable.

La regla general, que nos la repiten desde que estamos en la facultad, es que el actor tiene que probar los hechos que afirma en su demanda; en la vereda del frente, el demandado no está en la obligación de probar si es que su contestación ha sido la famosa “negativa pura y simple”, en cambio, si al contestar realiza afirmaciones explícitas o implícitas, deberá probarlas.

Continuando con esta regla general, cada parte tiene la carga de probar sus hechos alegados, a menos que el ordenamiento jurídico revierta esta carga, imponiendo a la contraparte la obligación de probar lo contrario. (Ojo, recomiendo leer el art. 163 del COGEP que trata sobre los hechos que no requieren ser probados, tema similar aunque no igual a lo que toca esta entrada).

Cuando analizo este tema de la carga de la prueba, me gusta basarme en lo que suele suceder en los juicios laborales, donde es común que se dentro de la misma causa confluyan casos de la regla general de la carga de la prueba, como de la inversión de la misma. Veamos:

  • Tenemos un juicio laboral donde el accionante alega que fue despedido por su empleador en el escritorio donde ejerce sus funciones, el 11 de julio de 2021, a las 15h00 aproximadamente; además, en la demanda también refiere que no se le han pagado las remuneraciones de sus dos últimos meses, los beneficios sociales -décimo tercera y décimo cuarta remuneraciones, vacaciones, fondos de reserva, etc.- desde hace dos años.
  • Entonces, ¿Cómo opera la carga normal de la prueba? Simple. Si el demandante quiere que el juez le conceda la indemnización por despido intempestivo, debe probar todas las circunstancias que detalla en su demanda sobre esta terminación unilateral; es decir, su carga será que tiene que probar que el 11 de julio de 2021, a las 15h00, su jefe se acercó a su puesto de trabajo y lo despidió. ¿Cómo probará esto? Eso ya es otra historia. No obstante, lo importante aquí es que desde antes de presentar la demanda, el accionante conoce que está en la obligación de probar el despido, so pena de no obtener la respectiva indemnización.
  • Aquí también existe la inversión de la carga de la prueba en favor del actor. ¿Por qué y de qué asuntos? Sobre las remuneraciones y beneficios que no le han sido pagados. El actor no está en la obligación de probar que no se le pagaron los rubros señados, por lo que es el demandado el que corre con la imposición de probar que efectivamente los ha pagado. La carga de la prueba se invierte por cuanto es el demandado el que tiene la obligación de acreditar estos pagos y de no lograrlo, será condenado a hacerlo. (Recomiendo consultar la sentencia expedida el 22 de julio de 2013, por la Sala de lo Laboral de la Corte Nacional de Justicia en la causa No. 725-2012).

Ahora, frente al juez la carga de la prueba desempeña un rol como regla de juicio, ya que le servirá como guía para que pueda decir la causa puesta a su conocimiento. En pocas palabras, la carga de la prueba es una herramienta para el juez, ya que le apuntará las consecuencias para la parte que no pudo soportarla, lo que sin duda lo ayudará a resolver el caso. Esto a su vez impedirá que el juez se abstenga de emitir una sentencia inhibitoria. Volviendo al ejemplo del juicio laboral, si el actor no prueba las circunstancias del despido, las reglas de la carga de la prueba encaminarán la decisión del juez para negar la respectiva indemnización.

Para las partes, la carga de la prueba es en cambio una regla de conducta, ya que al ser conocida desde un inicio, la parte estará consciente de las consecuencias de cumplirla o incumplirla. En el caso laboral planteado, si el demandado no presenta pruebas sobe los pagos de las últimas remuneraciones y otros beneficios, sabrá de antemano que el juez lo condenará a que cumpla con el pago de estos valores, más los respectivos recargos.

Si quieren encontrar una explicación más detallada sobre este tema, recomiendo leer el excelente artículo de mi colega Esteban Polo Pazmiño (a quien lo encuentran en la tuitósfera como @EstebanPoloP), titulado “La carga de la prueba y su aplicación en los procesos constitucionales”, publicado en la revista “Actio Legis – La actividad probatoria en el Proceso”, editado por el Instituto Ecuatoriano de Derecho Procesal, el cual tomé como referencia para escribir esta entrada.

Gracias por la visita.

El estilo personal del litigante.

Esta entrada está dirigida en especial a aquellos que recién empiezan a litigar y a quienes piensan dedicarse a esto.

Siempre es bueno encontrar mentores o profesionales que nos pueden servir de guía para desarrollar nuestras actividades. A pesar de esto, también debemos tener presente que debemos dirigir esfuerzo y trabajo en desarrollar nuestra propia “voz” y nuestro propio estilo a emplear cada vez que estemos en la sala de audiencias.

Cuando hablo de estilo no me refiero a la moda, sino a nuestra manera de desenvolvernos en las diligencias judiciales, en especial al ejecutar nuestros alegatos ante el juez. Para esto, es mejor pulir nuestras destrezas para que se adapten a nosotros y sean un fiel reflejo de nuestra personalidad, de tal forma que nos veamos auténticos en nuestras intervenciones.

Por ejemplo, siempre he admirado el estilo de mis amigos y colegas Andrés Cervantes y Ricardo Hernández, a quienes he visto actuar en audiencias y en eventos académicos. Acepto incluso que envidio un poco su forma pausada y razonada de exponer sus ideas. En mi caso he aceptado que ese no es mi fuerte, ya que tengo una marcada tendencia a ir siempre de prisa, hablando bastante rápido y he tenido que trabajar mucho en aprender a bajar las revoluciones en mi discurso y -sobre todo-, en vocalizar bien todas las palabras (como me lo explicó una vez un capacitador en un curso de hablar en público que tomé, no importa hablar rápido, siempre que se vocalice bien todas las palabras).

Queda entonces en cada cual ir buscando y encontrando el estilo personal, que no sea artificioso, que sea una proyección de nuestra imagen. Esto solo lo lograremos ensayando y mejorando, incluso podemos aprovechar estos tiempos en que podemos grabar nuestras futuras intervenciones en cualquier celular y luego revisarlas.

Espero que esta entrada ayude a aquellos que aún están buscando hallar su huella. Para aquellos que creen que les falta mucho, solo me queda darles ánimo y decirles que tengan paciencia, con esfuerzo y dedicación lograrán su objetivo.

Ideas para mejorar la citación telemática.

¿Les ha pasado a veces que quieren ir a un restaurante que tiene muy buena publicidad? ¿Les ha pasado que tienen toda la intención de probar un plato de ese restaurante del que se ha hablado maravillas? ¿Les ha pasado que lo prueban y ven que no es malo, tampoco es buenísimo? En pocas palabras, el plato no llenó sus expectativas.

Bueno, algo similar ha sucedido con la citación telemática. A falta de un estudio profundo para determinar su impacto, me aventuro en afirmar que no ha sido la solución que los litigantes esperábamos. Ha sido poco difundida y, sobre todo, poco comprendida incluso por ciertos juzgadores -que incluso la confunden con la notificación prevista en el Art. 53, penúltimo inciso del COGEP-.

Volviendo al punto, esta entrada no tiene la intención de centrarse en una queja sobre la falta de aplicación de la citación telemática, sino más bien, sugerir maneras de mejorarla.

Recordemos que, tal como están las disposiciones normativas en la actualidad, la citación telemática se debe realizar: (1) siempre a las entidades públicas, a través del Sistema Nacional de Notificaciones Electrónicas -SINE-; (2) a las personas naturales, mediante el buzón electrónico ciudadano, si lo tuvieren; (3) para personas naturales y jurídicas, si en el contrato se estipula la citación por medios telemáticos; y, (4) personas jurídicas, a través de la dirección de correo electrónico registrado ante su respectivo ente de control.

Me centraré en la citación telemática que se “pacta” en el contrato.

Lanzo estas ideas.

1.- Debería reformarse la disposición, para señalar que la citación telemática sea la primera opción.

De un análisis del texto del actual Art. 55 del COGEP encontramos que la citación telemática, lamentablemente, no es la primera opción (excepto en las personas jurídicas del sector público), sino que se la puede intentar solo cuando una persona no haya podido ser citada en persona o, cuando no se pueda determinar el domicilio o residencia de la persona. Es decir, primero debe verificarse alguna de estas dos circunstancias, para luego recién solicitar la citación telemática.

Ante esto, considero que la norma debe señalar lo siguiente:

“En caso de que en el contrato respecto del cual versa la demanda, se haya pactado expresamente que serán válidas las citaciones telemáticas y, además, las partes hayan señalado un correo electrónico para recibir citaciones, el juez dispondrá al momento de admitir la demanda, la citación por medios telemáticos en la dirección electrónica que consta en el contrato”.

2.- Los contratantes deben estipular formas válidas de cambiar la dirección de correo electrónico.

Esto me parece fundamental. Si las partes acuerdan que las citaciones pueden hacerse en el correo electrónico, se debería prever la posibilidad de cambiarlo. Para esto, no está de más recomendar que si la dirección registrada en un primer momento no es ya válida. Una parte debe comunicar a la otra por escrito la nueva dirección de correo electrónico para citaciones.

3.- El demandante debe asegurar al juez que la contraparte no ha cambiado de correo electrónico.

De otro lado, creo sería pertinente que para estas situaciones, se pida que el demandante en el texto de su escrito, declare bajo juramento que a la fecha de proponer la demanda  la dirección que se indica es la última proporcionada por el accionado para recibir citaciones. De esta manera, se da certeza al juez de que la dirección de correo electrónico en la que se pide citar es la actual.

Eso es lo que puedo aportar por ahora.

Gracias por la lectura.

¿Testigo evasivo? Trata de no pedir ayuda al juez.

Una de las situaciones más complicadas con las que se puede topar un litigante en la sala de audiencias es la de tener en un contraexamen a un testigo complicado. No siempre el testigo contrario tendrá una actitud agresiva o grosera con nosotros -hablo desde mi experiencia-; sin embargo, si es común que el testigo defienda su postura y quiera, con su declaración, favorecer el caso de la parte que lo llamó, incluso, que con ese propósito, con habilidad de palabra pretenda esquivar nuestras interrogantes.

Imaginemos este escenario.

  • Pregunta abogado: Usted no estuvo presente en el momento del despido, ¿verdad?
  • Respuesta testigo: Bueno, la verdad es que estuve en el lugar.
  • Pregunta abogado: Está bien, pero al momento del alegado despido, usted no estuvo presente, ¿correcto?
  • Respuesta testigo: Estuve en el lugar, como ya se lo indiqué. Se lo puede corroborar con el registro de ingresos.
  • Pregunta abogado: Le pido que me indique, ¿para el momento del despido estuvo o no estuvo presente?
  • Respuesta: Ya le indiqué que concurrí ese día al lugar.  

¿Qué opciones tenemos?

Lo primero que antes hacía era acudir al juez. Es decir, me dirigía al juez y le pedía que instruya al testigo de que conteste la pregunta directamente.

Siendo sincero, esta era la opción que usaba siempre cuando me sucedía esto. Ahora, luego de leer varios libros sobre técnicas de interrogatorio, escuchar muchísimas charlas y programas sobre esta apasionante temática, es claro que ese camino es el menos indicado. ¿La razón? Estamos enviando un mensaje a todos los asistentes a la sala que no contamos con la habilidad ni experticia suficiente para manejar a un testigo y que debemos pedir auxilio a la figura de autoridad para que nos saque del entuerto.

Entonces, ¿qué se aconseja? Resumo las técnicas que me han sido más útiles.

  • Repetir la misma pregunta. Este es el primer recurso. Volver a hacer la misma pregunta hace notar que no nos rendiremos ante el testigo que pretende ser evasivo. Incluso, si la otra parte objeta la pregunta por repetitiva, tendremos la oportunidad de decirle al juez que el testigo no ha contestado nuestra interrogante y, aprovechando ese momento, hacerle ver que el testigo es evasivo. Cabe señalar que lo mejor es hacer una pregunta corta y muy clara, para incluso hacer ver al juez que el testigo no da una contestación concreta a una pregunta que no es difícil de comprender. Esto siempre se puede explotar en el alegato final.
  • Otra técnica es la de abreviar la respuesta del testigo. Esto sería -basándonos en el ejemplo que puse-, en que, luego de las respuestas evasivas, lanzamos una pregunta tipo: “Entonces, ¿su respuesta significa que no?”, “¿Eso quiere decir que no?”, “¿La respuesta corta a mi pregunta es que no?”. Una pregunta de este tipo, bien formulada en el momento preciso, suele ser difícil de sortear por parte del testigo.
  • Hay otra opción, que me salió casi “sin querer” en una audiencia compleja que justo tuve esta semana. Más que un testigo evasivo, me tocó contraexaminar a un testigo que siempre agregaba algo a sus respuestas, para solventar el caso de la acusación -es uno de los pocos juicios penales en los que intervengo como abogado-. Luego de que el testigo contestó una pregunta agregando información no solicitada, le dije al testigo directamente, muy rápido, en tono cortés aunque firme, mirándolo a los ojos a través de la pantalla (el testigo compareció vía telemática), “por favor, le pido que se limite a contestar las preguntas que le hago”. Esto fue algo que, como les digo, me salió casi por instinto y aunque no lo crean, funcionó a la perfección. Durante las preguntas restantes, se limitó a contestar con “sí” y “no”, que era mi objetivo desde que inicié el contraexamen.

Aprovecho esta entrada para comentar a todos los que tienen la paciencia de leer estas entradas, que estoy planificando hacer cursos -vía zoom-, sobre técnicas de interrogatorio, contraexamen y manejo de testigos difíciles. En un futuro próximo daré a conocer detalles.

Gracias por la lectura.

La técnica del “cuadro por cuadro” para el contraexamen.

Bueno, aprovechando los descuadres en mis horarios de dormir (gracias al reciente nacimiento de mi heredera), les traigo una brevísima entrada.

Una vez más voy a escribir sobre algo que encontré en el excelente libro de Gonzalo Rua con título “Contraexamen de testigos”; en concreto, trataré sobre la técnica del “cuadro por cuadro” en el contraexamen.

Para los de mi generación -frase usada por todos aquellos que ya nos estamos sintiendo algo mayores-, la frase “cuadro por cuadro”, nos trae recuerdos de los antiguos equipos denominados “VHS”, en los que se podían ver películas. Se trataba de un aparato que se conectaba al televisor, al cual se le insertaba un casete de tamaño grande que contenía una grabación audiovisual. Dentro de las opciones del VHS por general estaban la de pausa, play, retroceso rápido, adelantamiento rápido y, en ciertos equipos había otra que era la de cuadro por cuadro. Esta última opción hacía que las imágenes de la película avancen, digamos, un segundo a la vez, por lo que la acción se apreciaba bastante lenta. Por ejemplo, si estábamos viendo alguna película de Rocky y usábamos la opción del cuadro por cuadro, íbamos a ver al boxeador empuñando su mano para el golpe y luego, una pausa; la mano avanzaba un poquito más y se daba otra pausa… y así seguía la acción.

Esta idea del “cuadro por cuadro” se puede adaptar para explicar una de las mejores y -en mi opinión- más útiles técnicas para el contraexamen (o para el interrogatorio de un testigo hostil). Esta técnica es la del uso de preguntas sugestivas cortas y secuenciales, de manera que se nos hará mucho más fácil ir llevando al testigo al camino que nosotros le vamos trazando.

Veamos un ejercicio práctico, basado en un caso real que me tocó actuar. Se trata de un juicio laboral, en el que defendí al empleador demandado. Resulta que el accionante presentó demanda solicitando el pago de la indemnización por despido intempestivo. Al reunirme con el demandado no solo que reconoció que en efecto existió el despido, sino que además, se le había pagado la respectiva indemnización incluso a través de cheque. Ante esto, se obtuvo incluso el informe del banco en el cual se detallaba que el cheque había sido cobrado por el propio demandante en una ventanilla el mismo día que se firmó el acta de finiquito.

Armado con toda esta información (y con los documentos), armé más o menos esta línea de interrogantes, en donde utilicé la técnica del “cuadro por cuadro”:

P.- Usted acudió al departamento de recursos humanos el día 12 de julio de 2020, ¿verdad?

P.- Luego de esto, ¿se reunió con la jefa de recursos humanos?

P.- ¿Ella le entregó un acta de finiquito?

P.- ¿Usted revisó el acta de finiquito?

P.- ¿Usted firmó el acta?

P.- ¿Se le entregó un cheque después?

P.- ¿Este cheque fue por la cantidad de US$8.000?

P.- ¿Usted acudió a la agencia del Banco Gótico que queda en el centro comercial “Día Bonito”, ese mismo día?

P.- ¿Usted hizo la fila para cobrar el cheque?

P.- ¿Usted firmó el cheque previo al cobro?

P.- ¿Usted entregó el cheque al cajero?

P.- ¿Usted recibió el dinero en la ventanilla?

Como se ve, esta técnica ayuda muchísimo a dirigir al testigo y, además, minimiza mucho el riesgo de caer en alguna objeción, ya que se formulan preguntas breves -lo que permita hacerlas rápido-, secuenciales, sencillas y de fácil entendimiento.

Esta técnica es como ir “cuadro por cuadro”, ya que como se aprecia, vamos paso a paso pintando ante el juez la imagen que queremos aportar con nuestras preguntas. En el caso que les comento, lo que buscaba era dejar en claro de que el actor había firmado el acta de finiquito, que la aceptó con su firma y que además, recibió el cheque de la liquidación y lo cobró en ventanilla; en otras palabras, que había cobrado todos los valores que por ley le correspondían. Es cierto que esto puede que nos tome mucho tiempo hasta llegar a ese punto; no obstante, si nos preparamos bien y tenemos clarísima la secuencia de los hechos, el margen de error es muy pequeño.

Bueno, con esto me despido, no sin antes recomendar, una vez más, el excelente libro “Contraexamen de testigos” del autor Gonzalo Rua.

Gracias por la visita.

Ideas para mejorar la práctica de la prueba testimonial (con sugerencias de articulado)

Gracias a la amable invitación realizada por el profesor Jorge Luis Mazón (que lo pueden encontrar en la tuitósfera con el usuario @jolismazon) para impartir un módulo sobre litigación avanzada, enfocado en la práctica de la prueba testimonial, me he metido de lleno a revisar con sumo detalle las disposiciones sobre las declaraciones de testigos que se encuentran en el Código Orgánico General de Procesos (COGEP).

Si comparamos lo que sobre este tema dispone el COGEP, versus lo que nos proporcionaba el Código de Procedimiento Civil (CPC), llegaremos a la conclusión de que existen avances que reclaman la actualización de los litigantes no solo en conocer lo que dice la normativa procesal, sino además, con las respectivas técnicas para manejo de examen directo y contraexamen. No obstante, al realizar una revisión centrada y profunda, nos percatamos que existen ciertas cosas por aclarar en el articulado del COGEP, tal como lo pasaré a exponer.

1.- ¡Todo interrogatorio de parte contraria debería permitir preguntas sugestivas!

Siempre digo que esto es algo que aprendí por cuanto me tocó vivirlo de primera mano. Resulta que si leemos bien las reglas generales sobre la posibilidad de realizar preguntas sugestivas a un declarante, nos estrellaremos con la realidad de que el COGEP no prevé la posibilidad de que si nosotros llamamos al contrario a declaración de parte, se le puedan realizar preguntas sugestivas (a menos, claro está, que el juez lo declare como hostil; sin embargo, por experiencia, los jueces suelen ser renuentes a declarar a una parte como hostil).

Recordemos que la técnica adecuada de litigación nos recomienda que a todo declarante contrario (testigo o parte), debemos formular solo preguntas sugestivas, que son aquellas que sugieren la respuesta; esto, para tener un mayor control sobre el declarante y sobre lo que puede contestar.

Entonces tenemos:

  • La regla general es que toda pregunta sugestiva es objetable (Art. 176 COGEP).
  • El Art. 177.7 del COGEP nos proporciona las excepciones a la indicada regla general. Esto es, se podrá formular preguntas sugestivas, entre otros casos: “… en el contrainterrogatorio cuando se practique la declaración de una parte a pedido de la otra”.
  • A lo que quiero llegar es a lo siguiente: el COGEP habla de “contrainterrogatorio” en una declaración de parte, no en el examen directo. Por ello, si llamo a la parte contraria a declarar, no estaré en un contrainterrogario, sino en un examen directo, en el que no caben las preguntas sugestivas.
  • La conclusión, es que el COGEP no permite preguntas sugestivas “de cajón” cuando se llama a declarar a la parte contraria, lo cual es -a todas luces- ilógico.

2.- Se debe prever al examen redirecto y el recontraexamen.-

En la práctica me ha pasado que ciertos jueces luego de practicarse el examen y el contraexamen, preguntan a la otra parte si desean realizar más preguntas. Una vez más, de la lectura de todo el capítulo que abarca la prueba testimonial del COGEP, observamos que no se estipula la posibilidad de volver a interrogar o contrainterrogar al testigo que ya pasó por una primera ronda de interrogatorios.

En legislación comparada se concibe esta posibilidad, la cual tiene sus limitaciones claras:

  • El examen redirecto es para que la parte que llamó al testigo tenga la oportunidad de “redirigir” la declaración. Se practica luego de finalizado el contraexamen. La clave está en que las preguntas del redirecto solo pueden abarcar los hechos sobre los cuales versó el contrainterrogatorio. Esto, por cuanto el redirecto no es una puerta para que el testigo declare sobre algo que se le olvidó al abogado preguntar en su interrogatorio inicial.
  • Luego del examen redirecto, hay una posibilidad más para que la otra parte realice lo que se llame un recontraexamen. La idea es que este recontraexamen solo puede centrarse en los hechos que declaró el testigo en el redirecto; por ello, tampoco tiene un espacio ilimitado de maniobra.

En pocas palabras, la declaración debería consistir en estos momentos: (1) examen directo; (2) contraexamen; (3) examen redirecto; y, (4) recontraexamen.

3.- Debería definirse lo que es el testigo hostil.

He insistido mucho en la figura del testigo hostil, por lo que los invito a revisar estas entradas:

https://alfredocuadros.com/2018/08/19/el-testigo-hostil-en-el-cogep/

https://alfredocuadros.com/2017/02/07/las-preguntas-sugestivas-y-el-testigo-hostil/

A manera de resumen, solo indicar que estamos ante un testigo hostil cuando el declarante es contario a la parte que le está haciendo las preguntas; o, aquel testigo que se muestra evasivo y/o poco colaborador al declarar.

Estoy seguro que una de las razones por la que esta figura es muy poco conocida y utilizada -tanto por jueces como por abogados- es por que el COGEP no la define.

4.- En todo contrainterrogatorio sin excepción deberían permitirse las preguntas sugestivas.

El Código Orgánico Integral Penal (COIP), en los numerales 16 y 17 del artículo 502, es muy claro en diferenciar que se pueden hacer preguntas sugestivas en todo contrainterrogatorio. El COGEP no tiene esta diferenciación que resulta necesaria.

Insisto en que si revisamos el 177.7 encontraremos lo siguiente:

“Podrán formularse preguntas sugestivas sobre temas introductorios que no afecten a los hechos controvertidos, recapitulen información ya aportada por la o el declarante o la o el juzgador haya calificado al testigo como hostil. También están permitidas en el contrainterrogatorio cuando se practique la declaración de una parte a pedido de la otra”.

Como se aprecia, el COGEP no dice que las preguntas sugestivas se permitirán en todo contrainterrogatorio, sino, solo el de parte. Alguien puede alegar que de manera implícita esto incluye a todo declarante contrario (sea parte, testigo o perito); no obstante, de la redacción de la disposición no se colige esto, sino tan solo cuando estamos en una declaración de parte, excluyéndose el contraexamen del testigo y el perito contrarios.

5.- Propuesta de texto.-

Como no me gusta estar tan solo quejándome, me lanzo a proponer propuestas de disposiciones para incorporar estos puntos al COGEP, con la esperanza de que esto pueda llegar a las personas adecuadas:

Considero que sería necesario eliminar el numeral séptimo del artículo 177 y agregar un artículo innumerado luego del mismo que indique:

Excepciones para formular preguntas sugestivas.- No obstante lo señalado, podrán formularse preguntas sugestivas en los siguientes casos:

1.- En todo interrogatorio a la parte contraria.

2.- En temas introductorios que no afecten a los hechos controvertidos, que recapitulen información ya aportada por el declarante.

3.- En todo contrainterrogatorio ya sea de parte, testigo, perito o tercero.

4.- Cuando el testigo sea declarado como hostil. El juez previo pedido de parte, podrá declarar a un testigo como hostil, entre otros casos, cuando: el testigo tenga una postura contraria a la parte que lo convocó, o que tenga una afinidad con la parte contraria; el testigo sea evasivo al contestar las preguntas, omita o tergiverse los hechos sobre los cuales se le preguntan; el testigo muestre una conducta confrontativa con el abogado que le está formulando las interrogantes.”

Además, al artículo 177 del COGEP, añadir un numeral para incluir el redirecto y el recontraexamen:

“10. Una vez concluido el contrainterrogatorio, la parte que llamó al testigo tendrá la oportunidad de realizar un examen redirecto. Las preguntas en el redirecto se limitarán a los hechos que le fueron preguntados al declarante en el contrainterrogatorio. Finalizado el redirecto, la otra parte podrá formular por última vez nuevas preguntas al declarante, las cuales tan solo podrán versar sobre las respuestas dadas en el redirecto”.

Gracias por la visita.

¿Es aplicable la Resolución 025-2017 del Consejo de la Judicatura, para incorporar actuaciones de un proceso en otro?

Hace más o menos un par de semanas en la red social Twitter (donde me identifico como @_AlfredoCuadros), a manera de capsulita práctica escribí lo siguiente:

“Tip para litigantes: si necesitan incorporar como prueba actuaciones de un juicio a otro, si estas actuaciones están en el SATJE, invoquen la Resolución 025-2017 del Consejo de la Judicatura”.

Debajo del tuit puse una imagen de la parte pertinente de esta resolución, cuyo texto transcribo:

DE LAS ACTUACIONES JUDICIALES QUE CONSTAN EN EL SISTEMA AUTOMÁTICO DE TRÁMITE JUDICIAL ECUATORIANO, SATJE QUE PUEDEN SER CERTIFICADAS POR LOS SECRETARIOS PARA SER UTILIADOS COMO MEDIOS DE PRUEBA DE UN PROCESO A OTRO

Artículo 1.- Para la validez de las actuaciones judiciales requeridas por las partes, estas verificarán que dichas actuaciones consten en el Sistema Automático de Trámite Judicial Ecuatoriano (SATJE).

Artículo 2.- La actuación judicial requerida deberá ser anunciada plenamente en la demanda o en su contestación sin necesidad de adjuntarla, pero señalando su pertinencia. Una vez calificada como admisible, en la audiencia, el juez dispondrá que el secretario incorpore la actuación al proceso.” (sic) (con mayúsculas y resaltado en el original).

En la práctica, tendríamos que adoptar estos pasos:

  • La actuación judicial debe ser anunciada ya sea en la demanda o contestación (en mi criterio la resolución quedó corta en este punto, como lo referiré más adelante). Es decir, si quiero por ejemplo validar una sentencia (aún no en firme) de una causa en otro proceso para acreditar una litis pendencia, esta actuación debe ser anunciada, con una fórmula parecida a esta: “Conforme a la Resolución 025-2017 del Consejo de la Judicatura, solicito que se incorpore al proceso la sentencia expedida en la causa 0000-0000-0001, el día 10 de junio de 2019, la cual se encuentra en el sistema de búsqueda de causas denominado SATJE. Con esta sentencia acreditaré la excepción previa de litis pendencia, por lo que en el momento oportuno, el secretario del juzgado constatará esta actuación y la incorporará al proceso”.
  • En caso de que la solicitud sea admitida por el juez, el secretario debe constatar que esta actuación judicial existe en efecto; y, una vez hecho esto, imprimirla e incorporarla al expediente y al proceso.

El tuit tuvo muchas respuestas y comentarios que se pueden dividir en tres grupos. En su mayoría, hubo comentarios agradeciendo la información; por otro lado, unos colegas que me comentaron que tuvieron problemas al invocar esta Resolución ante jueces y, por último, un par de colegas me escribieron que estaban en desacuerdo con la misma indicando que iba en contra del artículo 211 del Código Orgánico General de Procesos (COGEP) -incluso uno directamente me mandó a leer la citada disposición-.

Ante estas últimas respuestas me dio por escribir esta entrada para tratar de determinar si la Resolución 025-2017 es o no aplicable, ya que si se estima que la misma es contraria al Art. 211 del COGEP, en teoría no tendría forma de ser invocada en juicio.

El Art. 211 del COGEP señala lo siguiente:

“Art. 211.- Requisitos para que hagan fe las copias y las compulsas. Las compulsas de las copias de una actuación judicial o administrativa y en general toda copia con valor de instrumento público, no harán fe si no han sido ordenadas judicialmente y con citación o notificación en persona o por una boleta a la parte contraria, o sea a aquella contra quien se quiere hacer valer la compulsa. Los poderes no están sujetos a esta disposición.

Tampoco será prueba la escritura referente sin la referida, ni la accesoria sin la principal, pero si esta o la referida se ha perdido, la referente o la accesoria probará en los capítulos independientes de aquella, en los demás solo se considerará como un principio de prueba por escrito.”

De este artículo tenemos entonces que una norma procesal de un código orgánico, señala que si quiero que una actuación judicial, instrumentada como copia o compulsa, haga fe en otro juicio, debe ser (1) ordenada por el juez; (2) citada o notificada en persona o boleta a la parte contraria, lo cual no se verificaría en la Resolución 025-2017, ya que en la misma (como se lo anotó), no se prevé que el juez ordene una copia y tampoco que sea notificada “en persona o por una boleta a la parte contraria”.

¿Sería así el tema tan cerrado? ¿Este artículo del COGEP impediría que se aplique la Resolución que facilitaría mucho la tarea de todas las partes, incluido al juez y otros funcionarios judiciales?

En mi criterio en tema no se debe quedar ahí, por lo que creo que podemos ir encontrando la clave en la tutela judicial efectiva y el derecho a la defensa.

Jorge Zavala explica que el constituyente ha instituido en dos artículos diferentes “a los derechos de protección o de defensa como son la tutela judicial efectiva y el debido proceso, no obstante su conexión íntima. Con otras palabras el artículo 75 reconoce el derecho fundamental a la tutela, mientras que el artículo 76 comprende el debido proceso que sólo se entiende satisfecho si se cumplen las garantías que son sus concreciones en los numerales 1) al 7), sin el cumplimiento de las cuales no habrá debido proceso ni tampoco tutela judicial efectiva” (sic) (con cursivas en el original) (Zavala Egas, Jorge, Derecho Costitucional, Neoconstitucionalismo y Argumentación Jurídica, Guayaquil, Edilex, 2010 p. 307).  Solo como comentario, los artículos a los que se hace referencia en el párrafo transcrito (75 y 76) son de la Constitución.

De manera breve, como bien lo señala Ricardo Hernández González en su recomendadísima obra “El Procedimiento Ejecutivo y su sistema de excepciones tasadas establecido en el Código Orgánico General de Procesos” (Quito, Ediciones Legales, 2018, p. 95 á 96), el derecho a la tutela judicial efectiva “está garantizado por la norma suprema tanto para el actor como para el demandado. Ahora bien, los derechos que lo componen (acceso, debido proceso y ejecución) son de configuración legal y, por lo tanto, es la ley la que determina sus aspectos, condiciones y limitaciones”.

Me enfoco por ello en el segundo punto del derecho a la tutela judicial efectiva, esto es, en el debido proceso. Una de las garantías del debido proceso es contar con los medios necesarios para la preparación de la defensa (Art. 76, numeral 7º, letra b) de la Constitución), por lo que como bien ha mencionado la Corte Constitucional “Es en virtud del derecho a la defensa que se concede a las personas la facultad de acceder a los medios necesarios para hacer respetar sus derechos en el desarrollo de un proceso legal, ya sea contradiciendo los hechos alegados por la parte contraria o cualquier otro medio que permita el desarrollo de su defensa en concordancia con las garantías establecidas en la Norma Suprema” (Sentencia No. 120-16-SEP-CC).

Esta clarísimo entonces que una de las formas de cumplir con el derecho a la tutela judicial efectiva y además, al debido proceso, es que se garantice a las partes el contar con los medios que se estimen necesarios para la preparación de su defensa en juicio. Ahora bien, el Art. 11, numeral quinto de la Constitución señala que en materia de “garantías y derechos constitucionales”, todo servidor público -entre estos los judiciales-, deben aplicar “la norma y la interpretación” que más favorezca a la vigencia de la garantía y el derecho (el famosísimo principio pro homine). En estos casos, como bien lo explica el tratadista Rafael Oyarte no habría contradicción, ya que “la solución a la antinomia no está dada por el principio jerárquico, sino por la aplicación de la norma que sea más favorable” (Oyarte Rafel, Debido Proceso. Segunda Edición, Quito, Corporación de Estudios y Publicaciones, 2016, p. 7).

En consecuencia las preguntas pertinentes para este asunto serían las siguientes:

  • ¿La Resolución 025-2017 del Consejo de la Judicatura favorece la mejor vigencia y aplicación del derecho a la tutela judicial efectiva, en relación al Art. 211 del COGEP?
  • ¿La Resolución 025-2017 del Consejo de la Judicatura favorece de manera más efectiva la vigencia y aplicación del debido proceso, contando con los medios necesarios para la defensa, al ser confrontada con el Art. 211 del COGEP?

Ambas preguntas se contestan con una rotunda afirmación. La Resolución tantas veces mencionada ayuda a que las partes puedan ejercer mejor la garantía de contar con los medios necesarios para ejercer la defensa, ya que permite contar con un mecanismo rápido, eficaz, con ayuda de recursos tecnológicos, para producir actuaciones judiciales de un proceso en otro, lo cual redunda en una reafirmación de la tutela judicial efectiva.

Como la solicitud de aplicación de la resolución se hace ya sea mediante demanda o contestación, la práctica de esta incorporación debe ser debatida entre las partes, por lo que se asegura también el derecho a la contradicción.

Por esto, considero que la Resolución 025-2017 es plenamente aplicable y debe ser aceptada por los juzgadores, ya que no contradice el Art. 211 del COGEP, sino que procura un mejor ejercicio al derecho a la tutela judicial efectiva y al debido proceso de las partes litigantes, en lo atinente a contar con los medios necesarios para la preparación de la defensa.

Debo hacer una observación al texto de la Resolución: hubiese sido más útil que en la misma se señale que el pedido de incorporación se pueda hacer en todo acto de proposición e incluso, más allá, en toda oportunidad de anuncio de medios probatorios. Con esto no habría duda alguna de que la pueda aplicar no solo en la demanda o en la contestación, sino en la reconvención y su contestación, escritos de pedidos de nueva prueba, prueba nueva y prueba en segunda instancia.

En fin, espero estas líneas sean de provecho, análisis y hasta debate de los colegas (aunque espero que por ahí alguno no me mande a leer algún nuevo artículo del COGEP).

Gracias por la lectura.

Anotaciones prácticas de mi primera audiencia virtual

El pasado día jueves 14 de mayo del presente año me tocó “comparecer” a mi primera audiencia virtual, que consistió en audiencia pública de acción de protección en la que presté mis servicios jurídicos a uno de los accionados.

Considero que más provechoso que relatar la experiencia en orden cronológico, es mejor ir directo a las conclusiones que pude para compartirlas con los colegas que tienen la amabilidad de visitar este blog. Vamos a ello.

1.- Opciones para comparecer.-

En la providencia mediante la cual se convocó a las partes a la audiencia pública (recordemos que es una acción de protección), se precisó las siguientes formas de comparecer a la misma:

  • Acudir a la propia Unidad Judicial -en este caso la que está ubicada al sur de Guayaquil-, en donde se proveería al interesado, ya sea abogado o la parte, de los equipos técnicos para poderse conectar a la audiencia por medios telemáticos. Para esto, es evidente que los que opten por este camino deben acudir a las instalaciones respectivas adoptando las medidas básicas y necesarias, es decir, mascarillas y distanciamiento social.
  • Comparecer desde otro punto particular como el domicilio o la oficina, para lo cual se debe tener un equipo y medios técnicos adecuados; comenzando por tener una conexión estable y confiable a internet, computadora o laptop con micrófonos, cámara y parlantes en buen estado. Un colega amigo que tuvo en días pasados una audiencia de estrados en la Corte Nacional, me confirmó que pudo utilizar su Tablet e incluso su teléfono celular (ambos marca Apple, habrá que ver si es posible conectarse con equipos de otras marcas). Para esto, en la providencia se indicó un número de sala y una clave, para poder ingresarlos y acceder a la audiencia; además, también se proporcionó los datos de contacto del coordinador de la unidad judicial para realizar las consultas respectivas.

 2.- Tuve que instalar un software.-

A nivel técnico creo que esta es la dificultad más grande. La audiencia no se realizó por alguna de las plataformas virtuales que son muy usadas al día de hoy para por ejemplo, dar clases o conferencias (el ejemplo más popular es zoom), que es bastante amigable y, en concreto, no requiere la instalación de un programa, sino que basta con la visita a la respectiva página web.

La plataforma que usa la Función Judicial para las audiencias se denomina POLYCOM, para la cual hay que conectarse a un link que proporciona el coordinador de la Unidad Judicial. Mientras uno va ingresando, van saliendo algunas ventanas y opciones a las cuales hay que ir aceptando. Como indicaba, este es el problema más grande, ya que una persona que no sea muy diestra en el manejo de herramientas informáticas puede encontrarse con más de un problema para conectarse. Lo bueno es que las dificultades que pueden surgir no son insuperables, por lo que se sugiere tener una persona que conozca algo básico de informática cerca.

Cuestión técnica: uno debe conectarse desde el navegador Google Chrome. Desconozco si se necesita un equipo de última generación, imagino que basta que sea un computador desde el que se pueda realizar una video sesión.

3.-  Hacer prueba de conexión con al menos 24 horas de anticipación.-

Esto es clave. Debemos contactar al coordinador de la unidad judicial, quien nos guiará para instalar el programa POYCOM y además, realizar una prueba de la conexión y el estado del audio y video de ida y vuelta.

El día de la diligencia se recomienda intentar conectarse con al menos unos treinta minutos, para evitar contratiempos.

4.- La experiencia de la audiencia: en general bastante bien la conexión.

Hay que tomar en cuenta que en esta audiencia participamos:

  • El juez desde su domicilio.
  • El secretario desde su domicilio.
  • El abogado de la parte actora, quien acudió a la Unidad Judicial y estuvo en un despacho separado que contaba con cámara y micrófono.
  • Dos abogados de dos demandados, quienes también acudieron a la Unidad Judicial, a quienes se les facilitó la conexión desde una sala de audiencias, en la que se sentaron con una distancia prudencial (aunque dudo que haya habido al menos un metro entre ambos).
  • La actora de la causa desde su hogar.
  • La abogada designada por la Procuraduría General del Estado, desde su casa.
  • Quien escribe estas líneas, también desde mi hogar.

Como pueden ver, hubo bastantes personas conectadas para esta audiencia desde distintos puntos. Por ello, la experiencia de la conexión, el ritmo del audio y video en general fue bastante bueno (le pongo un 8 sobre 10). En muy pocas ocasiones hubo el famoso “congelamiento” de imagen o distorsiones con el audio.

5.- Lo que no es tan bonito de conectarse vía internet.-

La audiencia tuvo una duración aproximada de cuatro horas y media (desde las 10h00 hasta las 14h30), a esto hay que sumar los treinta minutos previos que me conecté para prever cualquier dificultad, todo lo que abarcó un tiempo considerable, unas cinco horas, lo cual no es poco. Es difícil concentrarse y pasar bastante tiempo mirando una pantalla, sobre todo en mi caso que estaba en mi hogar, ya que en ciertos momentos fue inevitable apagar la cámara para atender alguna cosa puntual. En serio me dio la impresión de que habría culminado menos agotado la misma audiencia de la manera presencial.

Un problema que sí puede llegar a ser sustancial es la práctica de la prueba. La plataforma POLYCOM no permite compartir documentos de manera simultánea en la pantalla mientras se expone. La solución parche que se está aplicando es enviar los documentos escaneados vía correo electrónico al secretario del juzgado y, luego leerlos. El secretario se encarga de enviar los documentos a los correos de los otros abogados. Esto en lo personal no me convence, ya que en días pasados envié un escrito con firma digital a una coordinadora de una Unidad Judicial y el correo me rebotó, ya que se me indicó que el buzón de la funcionaria estaba lleno. Las pruebas testimoniales supondrán una dificultad mayor (imagínense el tema de las objeciones, saber si el testigo está o no siendo asistido por otra persona, o leyendo). En esta audiencia las partes tan solo “practicamos” pruebas documentales, sin que se haya podido ejercer de manera adecuada el derecho a la contradicción. Se entiende que por las limitaciones actuales ciertas prácticas se vean limitadas; esperemos que esto no se convierta en un motivo para practicar la deslealtad procesal.

Un consejo para los colegas que se conectan de manera remota: apaguen el micrófono de la plataforma si no van a intervenir. Es preferible que empiecen a hablar y el juez les diga que no se los escucha (como me pasó a mí), que en medio de alguna intervención se escuche que estén hablando por teléfono con otra persona (como le pasó a la actora).

En fin colegas, espero estas ideas les sirvan para sus audiencias virtuales. No me queda más que agradecer la buena predisposición de los coordinadores de la Unidad Judicial Sur, abogados Jorge Vásquez y Víctor Rodríguez, sobre todo este último, quien tuvo la excelente disposición para guiarme al hacer la prueba previa y la conexión definitiva para la audiencia.

Gracias por la visita.

 

Mi primera audiencia de estrados… y algunos tips.

La primera audiencia será siempre motivo de recuerdo grato para todo abogado.  Allá por el año 2006, a unos pocos meses de regresar de mi maestría, mi papá (también abogado) y yo asumimos la defensa de un cliente en un caso importante, en donde estaba en juego una obligación con una cuantía considerable para nuestro defendido. En síntesis, se buscó nuestros servicios jurídicos –mejor dicho, los de mi papá, ya que debo aceptar que el cliente no me conocía en aquella época-, para intentar revocar un fallo dictado en primera instancia, el cual había condenado al cliente a reconocer y hacer efectivo unos títulos valores que bordeaban los trescientos mil dólares de los Estados Unidos de América.

Recuerdo este caso muy bien por cuanto, más allá de que envolvía una interesante cuestión jurídica, fue la primera vez que decidí “lanzarme al estrellato” en lo que sería mi primera audiencia de estrados, ante un tribunal de segunda instancia y justo en un juicio importante para nuestro defendido.

Al escribir estas líneas se me hace imposible no rememorar el resultado exitoso de ese juicio, al final obtuvimos sentencia favorable y, sobre todo, la buena intervención que logré en esta audiencia, que fue resultado sin lugar a dudas de mucho esfuerzo y dedicación. Al estar preparando una audiencia que tengo programada para esta semana, me percaté que muchas de las cosas (técnicas y trucos) que apliqué para mi primera audiencia de estrados los sigo empleando hasta ahora, motivo por el cual, comparto en este blog algunos que me han sido muy útiles.

1.- Preparar un bosquejo de la intervención.-

Para esta primera audiencia (por cuanto era mi primera intervención en un tema importante), puse por escrito todo lo que iba a decir, por lo que me salieron como ocho carillas completas y casi que me las aprendí de memoria de tanto repetirlas.

Al día de hoy, luego de varias audiencias acumuladas en mis más de quince años en el libre ejercicio (¡cómo pasa el tiempo!), ya no transcribo todo lo que pienso decir, tan solo anoto los cuatro o cinco temas principales sobre los que versará mi intervención. Los llevo anotados en un papel con letras suficientemente grandes como para poder verlas de forma rápida mientras expongo, ya que si se me permite, me gusta caminar un poco por la sala de audiencias.

2.- ¡No ir a leer!

Una de las peores impresiones que como abogado se proyecta ante los jueces es el de ir solo a leer a la audiencia. Más de una vez he visto a jueces interrumpir al abogado que incurre en esto para decirle que si se va a dedicar a leer, es preferible que presente un escrito.

Aquí incluyo otra cosa: he visto también en varias audiencias que los abogados gastan buena parte del tiempo que se les concede en leer extensas y variadas disposiciones normativas. Esta situación incluso trae a veces a indisponer a los jueces ya que se entiende que ellos ya conocen el derecho (por ello, una de las cosas que casi siempre invoco es aquello del iura novit curia) y, el hecho de que les leas los artículos a los jueces puede ser tomado como que se les está diciendo aquello que ellos ya saben de sobra. Por lo general basta con mencionar el artículo, resumir y resaltar la parte pertinente que queremos invocar para el caso y, al menos que sea muy, muy necesario, realizar una lectura rápida en la parte puntual que queremos explicar. Lo mismo pasa si queremos invocar algún fallo jurisprudencial, aquí lo que suelo hacer es referirme a los datos del caso  (fecha, número, fuente) y hago un resumen del mismo, aclarando a los jueces que expondré la idea principal del fallo, para no leerlo todo.

Esto, va de la mano con el tercer tip.

3.- Prepararse, prepararse y prepararse.

No hay mayores secretos para hacer una buena audiencia. La preparación es nuestra mejor arma ante una diligencia. Esto incluye –entre otras cosas- conocer los detalles del caso y el derecho aplicable al mismo, tener clara la ubicación de los documentos principales en los expedientes (los jueces aprecian mucho que les digas en qué foja se encuentra tal o cual prueba, esto incluso evidencia que has revisado bien las actuaciones del proceso), ensayar las veces que sea necesario la intervención, tomarnos el tiempo para saber cuánto tardamos en esto, hacer las anotaciones para nuestra hoja de ruta.

4.- Ninguna audiencia es perfecta.

No hay diligencia perfecta. Se gane o se pierda el juicio –o salga una sentencia en la que ninguna parte esté satisfecha-, siempre nos quedaremos con esa sensación de que pudimos haber realizado una mejor tarea. Quizás al salir nos percatamos que se nos olvidó decir algo o, comenzamos muy nerviosos, o estuvimos poco finos al exponer. La cuestión es que estos errores por muy grandes o muy pequeños no nos pueden desalentar, cada nueva intervención en sala es una nueva oportunidad para pulir y perfeccionar nuestras habilidades y destrezas en el litigio.

Esto me lleva a otra reflexión, así como no debemos dejar condicionarnos por una audiencia en la que no nos fue bien –todos podemos tener un mal día-, tampoco debemos dejarnos llevar por los resultados de una audiencia en que nos fue excelente. El ego, sobre todo en nuestra profesión, es un monstruo que crece muy fácil y, pensar que por el hecho de haber salido bien en alguna o varias audiencias, nos estancará y nos hará idealizar que no tenemos nada más que mejorar.

5.- Ir al punto y rápido.

Algo que aprecian mucho los jueces es que no divagues en tu exposición y te concentres de entrada en lo importante que quieres transmitir, tomando en cuenta que por lo general se confieren unos diez o quince minutos para intervenir; además, no debemos olvidar que los juzgadores son seres humanos que pasan por nuestras mismas vivencias de cansancio, hambre y sueño (como los reguetoneros), etc., por lo que una intervención que vaya directo al punto, sin rodeos innecesarios siempre será bienvenida.

Alguna vez me tocó ver como un abogado de reconocida trayectoria que fue a una audiencia de estrados y, al momento de intervenir, hizo una exposición desordenada, una serie de ideas sin conexión lo cual arrojó un discurso poco entendible, lo que generó que se dibujen gestos de desconcierto no solo en los jueces, sino en la secretaria de la sala, incluso en varios abogados que ingresaron a la sala de audiencias para ver la exposición de este reconocido colega. De más está decir que los jueces salieron más confundidos luego de esa audiencia.

En fin, espero estos consejos sean de ayuda para algún colega.

Gracias por la visita.