¿Se puede apelar de la sentencia sin haber acudido a la audiencia?

He decidido poner sobre el tapete (hablando en sentido metafórico) uno de los temas que ha suscitado mayores debates en lo tiene que ver con el COGEP, me refiero al asunto de la apelación, más concreto, en que si la parte que no acudió a la respectiva audiencia puede apelar de la sentencia.

Para esto, considero necesario dejar sentadas las siguientes ideas:

  • Como se conoce,  por regla general en todos los procedimientos que regula el COGEP, las sentencias deben dictarse en las correspondientes audiencias.
  • De igual manera, lo normal es que la parte que se sienta afectada por la sentencia debe  interponer el recurso de apelación en la misma audiencia verbalmente.
  • La fundamentación de la apelación se hace en momento posterior. Luego de que se notifica la audiencia motivada y por escrito, la parte que apeló tiene un término de diez días para argumentar los motivos que lo llevaron a interponer el recurso vertical.

Hasta este punto todos estamos de acuerdo. Sin embargo, los mismos parten de la premisa de que ambas partes estuvieron presentes en la audiencia de juicio, si es procedimiento ordinario; o, en la audiencia única, para el caso de los otros tipos de procesos. Ahora viene la pregunta: ¿Si una parte no acude a la audiencia, puede apelar de la sentencia?

Debo reconocer que a pesar de tener una postura –la cual pasaré a detallar en las próximas líneas-, no la considero a prueba de balas. Basta decir que he podido escuchar el criterio de varios procesalistas a quienes respeto mucho que opinan lo contrario.

Por ello, ahí va mi posición: no debe aceptarse la apelación de aquella parte que no fue a la audiencia.

Me gustaría dejar la entrada en suspenso y no avanzar más en esta entrada; no obstante, venciendo la tentación y presumiendo que el amable lector dispone de algo de tiempo, voy a pasar a explicar mis motivos:

1.- ¡Derecho a la defensa!

Ruego tenerme paciencia mientras desarrollo esta idea.

Partimos de las circunstancias indiscutidas de que los efectos de la falta de comparecencia a las audiencias varían dependiendo si somos actores o demandados:

  • Si quien no acude a la audiencia es el accionante, se aplican los efectos del abandono (Art. 87.1 COGEP). El abandono es una de las formas extraordinarias de terminación del proceso y su principal efecto, es que no se puede volver a presentar una nueva demanda, según el artículo 249 ibídem. Cabe destacar que la única forma de impugnar un abandono según el propio COGEP, es alegando error de cómputo, es decir, solo procede la impugnación del abandono cuando este se suscita por falta de impulso procesal. No olvidemos que las audiencias deben celebrarse a la hora señalada, en teoría ni un minuto más ni un minuto menos. Por lo que si el actor no acude con puntualidad, perderá el juicio por abandono, lo cual será, en definitiva, una resolución favorable al demandado.
  • Si quien no acude a la audiencia es el demandado, no se lo toma como un allanamiento. Lo que sucederá es que la audiencia igual tiene que celebrarse y desarrollarse en todas sus etapas. Incluso, si el demandado llega tarde a la audiencia, se le permitirá integrarse a la misma, eso sí, solo podrá actuar desde la fase en la que llegó. Incluso, si está a tiempo, puede incluso apelar de la sentencia que dicte el juez en la audiencia.

Como se aprecia, hay un tratamiento bastante diferente sobre los efectos de la falta de comparecencia a las audiencias, dependiendo si se actúa como demandante o demandado. Puede darse el caso, por ejemplo, de que si un accionado no comparece a la audiencia, ésta tiene igual que celebrarse en todas sus partes y a pesar de esto, se declare sin lugar la demanda. Sin embargo, si no comparece el actor –o llega dos minutos tarde- el juicio terminará por abandono.

Por ello, si aceptáramos que sí cabe la apelación de las sentencias por la parte que no compareció a la correspondiente audiencia, tendríamos que esta posibilidad solo pudiera ser ejercida por el demandado. Me explico mejor: el abandono no puede ser impugnado, sino tan solo por un error de cómputo del plazo, lo cual no aplicaría cuando el abandono se dicta por no comparecer a la audiencia, que sería fatal y definitivo para el accionante, ya que incluso no podrá interponer nueva demanda. En cambio, el demandado que no acude a la diligencia no cae en abandono, por lo que al ser la sentencia un auto apelable –en caso de que el juicio admita una nueva instancia, claro está-, podría apelar del fallo.

Esto entonces sería un atentado al derecho a la defensa de quien propone la acción. Atentaría además a la igualdad procesal y al principio de igualdad de armas, por la sencilla razón de que la apelación es un recurso que está disponible para ambas partes, por lo que cualquiera que se sienta afectada por la decisión puede interponerlo, más allá de que se entiende que si la resolución es favorable no tengo por qué apelar. Si seguiríamos el criterio que sí se puede apelar de la sentencia quien no acudió a la audiencia, este recurso tan solo beneficiaría al demandado.

2.- ¿Cuál sería el término?

En ninguna parte del capítulo del COGEP que trata sobre la apelación se habla de un término para apelación de una sentencia por escrito, tan solo se señala el término para fundamentar el recurso. Ante esta situación entonces es válida la pregunta: ¿si no asistí a la audiencia y la sentencia es contraria a mis intereses, en qué término apelo? ¿Diez días? ¿Tres días?, tomando en cuenta ya sea el término para los recursos horizontales, o el fijado para la fundamentación.

3.- Si se permitiera apelar de la sentencia por escrito, también se debería poder apelar de un auto interlocutorio por escrito.

Aquí pongo a su consideración el caso de la apelación con efecto diferido del auto interlocutorio. Por ejemplo: el juez expide un auto interlocutorio en el que niega la práctica de varias pruebas solicitadas, por lo que el interesado apela. Esta apelación tiene que interponerse en la misma audiencia; sin embargo, el proceso continuará hasta que se dicte sentencia sobre lo principal. En este ejemplo, el interesado debe fundamentar su apelación con el escrito a través del cual presentó apelación sobre la decisión de fondo del juicio o, de ser el caso, en el escrito en el que contesta la apelación presentada por la contraparte, conforme al artículo 257 ibídem.

Si se tuviera como cierto que sí cabe la apelación por escrito, tendríamos entonces que concluir que también pueden ser apelados los autos interlocutorios dictados en audiencias por quien no estuvo presente. Por poner otro caso: un demandado interpone varias excepciones previas, todas las cuales son rechazadas; el juez dicta sentencia a favor del actor; entonces el demandado por escrito presenta apelaciones fundamentadas tanto del auto interlocutorio como de la sentencia. ¿Suena razonable esto? En mi criterio no.

4.- ¿Se interpone y luego se fundamenta?

Si partiéramos de la idea de que quien no estuvo presente en la audiencia igual puede apelar de la sentencia se suscitan otras preguntas. ¿Debo primero tan solo interponer el recurso con o sin fundamentación? Es decir, no se conocería con certeza si se debe presentar un escrito sencillo apelando primero (el típico “apelo por no estar de acuerdo”) para luego, una vez aceptada la apelación por el juez, presentar otro escrito fundamentando la apelación; o, en su defecto, en un solo escrito apelar y fundamentar la apelación.

El procedimiento de actuación de la apelación y fundamentación no está claro para estos casos, lo que me lleva a pensar que esto se da porque los padres del COGEP desde un inicio no consideraban que se pueda apelar sin haber estado en audiencia.

Ahora bien, para darle un poco de balance a esta entrada quiero al menos mencionar los motivos por los cuales varios abogados litigantes se inclinan por pensar que sí cabe la apelación por escrito por la parte que no compareció a la audiencia:

  • El artículo 250 del COGEP, el cual en su último párrafo señala: “Los términos para la impugnación de las sentencias y autos definitivos no dictados en audiencia correrán a partir de la notificación por escrito.”. Reconozco que la redacción de este artículo se presta para abonar a esta tesis, ya que señala que el término para “impugnar” (no habla de fundamentar) corre a partir de la notificación escrita, lo que daría a pensar entonces que para impugnar mediante apelación una sentencia, debo esperar a la notificación escrita.
  • En similar sentido, el penúltimo párrafo del artículo 79 del COGEP, en el que se indica que para “la interposición de recursos, los términos se contarán a partir de la notificación de la sentencia o auto escrito”. En lo personal, creo que por una redacción poco feliz, este artículo trataba acerca de los recursos que se plantean por escrito, como lo son los recursos horizontales planteados sobre decisiones dictadas fuera de audiencia, conforme lo señala el 255 del COGEP.
  • El artículo 111, primer párrafo del COGEP, que señala que el tribunal que deba pronunciarse sobre el recurso de apelación examinará si en el escrito de “interposición” se ha reclamado la nulidad procesal. Una vez más, si se hablará de “fundamentación” en lugar de “interposición” no habría disputa; empero, esto daría a entender que puede darse un escrito de “interposición” del recurso, que no es lo mismo que el escrito a través del cual se fundamenta la apelación deducida en audiencia.

¿Qué piensan ustedes?

En todo caso, gracias por la visita.

¿Adherise o no adherirse? ¡Esa es la cuestión!

Adherirse o no adherirse, ¡Esa es la cuestión!

Luego de conversar con varios colegas en el libre ejercicio, docentes universitarios, funcionarios y hasta con jueces, he decidido dedicar unas cuantas líneas al recurso de adhesión tal como lo trata el COGEP. Sobre todo por cuanto he podido notar en varias ocasiones que cuando me ha tocado apelar de resoluciones expedidas en audiencias, el defensor de la contraparte suele adherirse, situación que me ha llamado la atención, y que al menos para mi criterio, en esos juicios resultaba más conveniente para el otro litigante el presentar apelación de la sentencia.

De la consulta en línea al Diccionario de la Real Academia Española se aprecia que la tercera acepción de la palabra “adherir” es “Sumarse o manifestar apoyo a una doctrina, declaración, opinión, etc.”. Dicho de otra forma, quien se adhiere a algo, está de acuerdo con lo que está diciendo o argumentando otra persona. De tal manera que, usando un simple ejercicio lógico, si en un proceso nos adherimos a la apelación de otro litigante, le estamos diciendo al Juez que nos estamos sumando a su apelación y además, a los motivos por los cuales el otro litigante ha presentado este recurso vertical.

Más de una vez he escuchado que es conveniente adherirse a la apelación de la contraparte “para no quedarse afuera del recurso de casación”, “para poder interponer casación” o, “quien no se adhirió no puede presentar casación”, o cualquier otra formulación similar, ya que existe al parecer, enraizada en la mente de los abogados que litigan, desde la época del Código de Procedimiento Civil (CPC), la idea de que si no se ha apelado o presentado adhesión a la apelación de la sentencia de primera instancia, nos veremos sin la posibilidad de deducir el recurso extraordinario de casación.

¿Es esta afirmación correcta al cien por ciento? En mi criterio no, es más, me atrevo a decir que nunca lo fue, ni siquiera en aquellos procesos normados por el CPC.  Veamos:

El Art. 277 del COGEP, que trata sobre el recurso de casación señala:

“Art. 277.- Legitimación para interponer el recurso. El recurso solo podrá interponerse por la parte que haya recibido agravio en la sentencia o auto. No podrá interponer el recurso quien no apeló de la sentencia o auto expedido en primera instancia ni se adhirió a la apelación de la contraparte, cuando la resolución de la o del superior haya sido totalmente confirmatoria de aquella.

En ningún caso cabe la adhesión al recurso de casación deducido por otro.”.

Vamos a desmenuzar con un ejemplo este artículo en lo que tiene que ver con la casación de una sentencia:

  • Tenemos una sentencia que fue apelada y por efecto de esto, se eleva la discusión ante la correspondiente Sala.
  • La apelación solo ha sido presentada por el demandante, mientras que el demandado ni siquiera se adhirió a la apelación. El abogado del demandado no apeló ya que la sentencia le favorece sin matices a su cliente.
  • La sentencia de segunda instancia confirmó en todas sus partes la expedida por el Juez de primer nivel.
  • En este escenario, quien puede presentar casación es tal solo el demandante, ya que fue quien apeló de la sentencia de primera instancia que no le fue favorable (recibió “agravio”) y, al ser esta resolución confirmada en todas sus partes por la sentencia de segunda instancia, el único agraviado sigue siendo el demandante, por lo que deberá preparar la casación si desea revertir el fallo.
  • El demandado, al no haber recibido agravio en ninguna de las sentencias –por ende no presentó apelación, ni adhesión-, no le interesa presentar casación, en otras palabras: no puede (ni debería) presentar casación.

Ahora, veamos otra posibilidad dentro del mismo artículo:

  • Tenemos una sentencia que fue apelada y por efecto de esto, se eleva la discusión ante la correspondiente Sala.
  • El demandado ni siquiera se adhirió a la apelación ya que la sentencia le favorece en todo a su cliente.
  • En segunda instancia, la sentencia fue modificada. Supongamos que estamos en un juicio laboral que ante el Juez ad-quo se negó en su totalidad la demanda, mientras que en segunda instancia se dispuso el pago de ciertos valores, aunque no todos los pedidos por el demandante.
  • La sentencia entonces ha cambiado, el fallo de primera instancia no ha sido totalmente confirmado por la Sala.
  • En este escenario entonces, el abogado del accionado a pesar de haber presentado apelación, ni haberse adherido a la apelación del actor, no tendrá ningún problema en presentar la casación.
  • Por ello, tanto el demandado como el demandante podrán interponer casación.

Entonces se concluye que el hecho de no adherirse a la apelación en primera instancia, no significa de manera obligada, que no podrá presentarse casación. La norma tiene su lógica ya que si una parte no impugnó la sentencia de primera instancia mediante algún recurso vertical, ¿para qué quiere presentar casación si la sentencia de segundo nivel mantuvo el fallo que no le causa ningún agravio?

Hay otro detalle importante con la adhesión, lo cual lo aprendí con una experiencia personal en mi primer juicio del COGEP. En un juicio laboral de una cuantía no muy elevada (unos seis mil dólares aproximadamente), el Juez dispuso el pago de más o menos dos mil quinientos dólares, puesto que –entre otras cosas- logré acreditar que en la liquidación se había descontado el valor por varios días de ausencia que tuvo el trabajador. El abogado del actor sostenía que ese descuento no estaba justificado ya que afirmaba que sí había acudido a su puesto de trabajo, a pesar de las pruebas documentales en contrario (eso ya es otra historia). Lo cierto que es que luego del fallo, presenté mi apelación de manera verbal y el abogado contrario se adhirió a mi apelación. Cuando nos tocó el turno en la audiencia de segunda instancia, el abogado del actor empezó a tocar el tema del descuento por la ausencia, alegando que no había pruebas de estas faltas; a lo que ni corto ni perezoso, de manera cortés hice notar a la Sala que esa parte del fallo estaba en firme, ya que tan solo yo había apelado del fallo, mientras que la contraparte se había adherido. Sin perjuicio de mi postura, los miembros de la Sala habían leído el expediente y casi al mismo tiempo que estaba exponiendo esta idea, le dijeron al abogado contrario que al no haber apelado él de la sentencia, se entendía que ese parte del fallo que pretendía impugnar, estaba ejecutoriado, por lo que en la audiencia no se trataría este tema.

No hay que olvidar que el Art. 263 del COGEP es claro en indicar que la falta de adhesión no impide la intervención y sustanciación de la instancia. Por ello, el hecho de que una parte no haya apelado ni se haya adherido a la apelación de su contrario, no le impide acudir a la audiencia de segunda instancia para hacer valer sus argumentos.

Entonces, ¿sirve para algo la adhesión? Pues si, en específico en los casos en que hay litisconsorcio ya sea pasivo o activo. Veamos otra vez:

  • Estamos un juicio en el que se ha demandado a dos empresas, llamadas “Wayne Enterprises” y “LexCorp”.
  • En primera instancia se ordena a ambos accionados que paguen una fuerte cantidad de dinero.
  • El abogado de Wayne Enterprises presenta apelación, mientras que el abogado de Lexcorp se adhiere a esta apelación.
  • Tiene todo el sentido del mundo que el abogado de LexCorp se adhiera (es decir, se sume) a la apelación de Wayne Enterprises, ya que han compartido la misma suerte en el fallo, ambos han recibido agravio.
  • Cambiando un poco el ejemplo, si en este juicio se niega la demanda y el actor apela, no tiene en verdad ningún propósito que los abogados de Wayne y Lexcorp se adhieran (o se sumen) a esta apelación, ya que no han recibido ningún agravio.

Por ello, a manera de conclusiones, pongo a su consideración estas ideas:

  • Si la sentencia no te favorece, no esperes a ver qué dice otro abogado en la sala, es mejor que apeles.
  • Si la contraparte ha apelado del fallo el cual tampoco favorece a los intereses de tu defendido, no tienes que adherirte, tienes que apelar.
  • La adhesión es útil cuando eres codemandado o codemandante y tu par ha presentado apelación.
  • Si la sentencia de primera instancia es totalmente favorable a tus intereses, no hace falta que apeles o te adhieras. Si en segunda instancia algo cambia de esta sentencia, no hay impedimento para plantear casación.

Como me parece divertido y para darle un toque diferente, lo voy a poner estas ideas tal como lo haría Yoda:

  • Apelar debes, no adherirte, si sentencia no favorecerte.
  • Si en litisconsorcio estar, servirte la adhesión puede.
  • Casación puedes presentar, así adhesión no hayas presentado, siempre que Jueces sentencia de primera instancia hayan cambiado.

Acompaño un diagrama explicativo que hice sobre este tema. Espero todo esto les sea productivo.

Gracias por la visita.

 

 

¿Prueba nueva en segunda instancia? Puedes hacerlo con el COGEP.

Una de las novedades que se introdujeron en el aún novel Código Orgánico General de Procesos (COGEP) es la posibilidad de presentar nuevas pruebas en segunda instancia, para lo cual debo traer a colación y recordar que bajo el amparo del Código de Procedimiento Civil (CPC), solo se podía solicitar prueba nueva en segunda instancia los juicios ordinarios (todo esto sin perjuicio de la facultad que tenían los jueces según el CPC de disponer de oficio la práctica de pruebas, con excepción de testimonios, en cualquier estado de la causa).

El tema de la prueba nueva se encuentra previsto en el trámite del recurso de apelación, el cual cabe respecto de las sentencias y los autos interlocutorios dictados dentro de primera instancia así como contra las providencias con respecto a las cuales la ley conceda expresamente este recurso –Art. 256 COGEP-.

En concreto, considero oportuno transcribir el contenido del artículo 258 del COGEP:

“Art. 258.- Procedimiento. Con la fundamentación se notificará a la contraparte para que la conteste en el término de diez días. En materia de niñez y adolescencia el término para contestar será de cinco días.

Tanto en la fundamentación como en la contestación, las partes anunciarán la prueba que se practicará en la audiencia de segunda instancia, exclusivamente si se trata de acreditar hechos nuevos.

También podrá solicitarse en las correspondientes fundamentación o contestación la práctica de prueba que, versando sobre los mismos hechos, sólo haya sido posible obtenerla con posterioridad a la sentencia.

La apelación y la adhesión no fundamentada serán rechazadas de plano, teniéndose por no deducido el recurso.”.

A pesar de que la proposición y fundamentación del recurso de apelación –y además la adhesión- son temas muy interesantes, para efectos del tópico propuesto en esta entrada me centraré en el tema de la prueba.

Lo primero que hay que tener en consideración es que en segunda instancia si bien es cierto tenemos una nueva oportunidad para solicitar y practicar distintas pruebas a las realizadas en la instancia previa, esto no quiere decir de ninguna forma que a las partes les asiste una facultad indiscriminada para solicitar cualquier acto de prueba.

La solicitud de nueva prueba debe ser interpuesta al momento de fundamentar la apelación, esto es, en el término de diez días, precisando que este término se acorta a la mitad en juicios que tratan sobre niñez y adolescencia; y, si se está contestando la apelación, los términos son los mismos. No está de más señalar que ahora las apelaciones, así como la adhesión, tienen que ser planteadas en la respectiva audiencia de forma verbal (a muchos colegas se les ha pasado esto), por lo que, una vez notificada por escrito la sentencia con la debida motivación, dentro de los términos anotados se debe presentar el respectivo escrito ante el mismo juez fundamentando los puntos por los cuales se interpuso la apelación, caso contrario, se considerará que el recurso nunca fue interpuesto.

Ahora bien, para requerir una nueva prueba en el escrito de fundamentación del recurso de apelación y/o en el de contestación a la misma, debemos tener en cuenta si queremos probar nuevos hechos o no. Por ello, planteo el siguiente ejercicio:

¿Deseo probar nuevos hechos que no formaron parte de la litis en primera instancia?

Si la respuesta es positiva: Se puede anunciar nueva prueba. Ejemplo: (Este caso es un criterio personalísimo). Si en la audiencia única en procedimiento sumario, una parte ha negado de la autoría de la firma y rúbrica de un documento, sin que lo haya especificado en sus escritos previos. En este caso hipotético, la parte que solicitó la diligencia no pudo haberlo conocido sino hasta el mismo momento del reconocimiento, por lo que al existir un nuevo hecho –que sería la negativa de la firma-, se puede solicitar el pertinente peritaje como prueba en segunda instancia.

Si la respuesta es negativa: Estamos hablando entonces de los mismos hechos, por lo que aquí se puede anunciar prueba nueva, únicamente cuando no haya sido factible obtener la prueba antes de la sentencia que se impugna. Ejemplo: Que se haya solicitado una certificación a una institución pública para probar una circunstancia que se menciona en la demanda. Resulta que la certificación recién nos la entregan dos días después de practicada la audiencia y por ende, de dictada la sentencia. En este caso, podemos anunciar y acompañar la prueba nueva.

En ambos casos, quien formula el pedido de nueva prueba debe fundamentarlo ante el juez para que sea evaluado por el tribunal ad-quem.

Como conclusión también se puede señalar que no cabe presentar en el trámite de apelación prueba nueva que trate sobre los mismos hechos materia de debate en primera instancia, que sí pudieron o debieron ser obtenidos con anterioridad. Ejemplo: Si un demandante en un juicio de trabajo –que se sustancia en procedimiento sumario- desea probar todos los depósitos que le realizó vía transferencia su exempleador a su cuenta bancaria, debió solicitarlo antes de plantear la acción y acompañar el documento respectivo a la demanda (143.5 y 159 del COGEP). Podríamos aplicar una suerte de aforismo ad-hoc: “Si la prueba de entrada puedes ya recabar, en la misma demanda la debes acompañar”.

Entonces, visto desde otro punto de vista, se pueden impugnar las solicitudes de prueba nueva que la contraparte ha realizado ya sea (1) por no tratarse de hechos nuevos; y/o (2) por cuanto la prueba bien pudo haberse solicitado y practicado en primera instancia.

Para hacer una enumeración de los puntos más importantes, se pueden mencionar los siguientes:

  • El momento para anunciar prueba en segunda instancia es en los escritos mediante los cuales se fundamenta la apelación o, la contestación a la apelación.
  • La solicitud de nueva prueba deberá atenerse a los lineamientos de lo que se dispone en el segundo y tercer párrafo del artículo 258 del COGEP.
  • No se puede pedir prueba en segunda instancia que verse sobre hechos que se conocían desde el inicio, o, en base a pruebas que bien pudo haber sido obtenida antes de dictarse sentencia.
  • Los jueces pueden rechazar la práctica de la prueba nueva.

Hay que tener en cuenta además que el artículo 169 del COGEP otorga a los jueces la facultad de ordenar por su propia iniciativa, la práctica de pruebas, aunque esto tiene carácter excepcional, debiendo dejar constancia de las razones por las cuales el juzgador adoptó la decisión.

Espero este artículo sea de ayuda a los colegas.

Gracias por la visita.