Mi primera audiencia de estrados… y algunos tips.

La primera audiencia será siempre motivo de recuerdo grato para todo abogado.  Allá por el año 2006, a unos pocos meses de regresar de mi maestría, mi papá (también abogado) y yo asumimos la defensa de un cliente en un caso importante, en donde estaba en juego una obligación con una cuantía considerable para nuestro defendido. En síntesis, se buscó nuestros servicios jurídicos –mejor dicho, los de mi papá, ya que debo aceptar que el cliente no me conocía en aquella época-, para intentar revocar un fallo dictado en primera instancia, el cual había condenado al cliente a reconocer y hacer efectivo unos títulos valores que bordeaban los trescientos mil dólares de los Estados Unidos de América.

Recuerdo este caso muy bien por cuanto, más allá de que envolvía una interesante cuestión jurídica, fue la primera vez que decidí “lanzarme al estrellato” en lo que sería mi primera audiencia de estrados, ante un tribunal de segunda instancia y justo en un juicio importante para nuestro defendido.

Al escribir estas líneas se me hace imposible no rememorar el resultado exitoso de ese juicio, al final obtuvimos sentencia favorable y, sobre todo, la buena intervención que logré en esta audiencia, que fue resultado sin lugar a dudas de mucho esfuerzo y dedicación. Al estar preparando una audiencia que tengo programada para esta semana, me percaté que muchas de las cosas (técnicas y trucos) que apliqué para mi primera audiencia de estrados los sigo empleando hasta ahora, motivo por el cual, comparto en este blog algunos que me han sido muy útiles.

1.- Preparar un bosquejo de la intervención.-

Para esta primera audiencia (por cuanto era mi primera intervención en un tema importante), puse por escrito todo lo que iba a decir, por lo que me salieron como ocho carillas completas y casi que me las aprendí de memoria de tanto repetirlas.

Al día de hoy, luego de varias audiencias acumuladas en mis más de quince años en el libre ejercicio (¡cómo pasa el tiempo!), ya no transcribo todo lo que pienso decir, tan solo anoto los cuatro o cinco temas principales sobre los que versará mi intervención. Los llevo anotados en un papel con letras suficientemente grandes como para poder verlas de forma rápida mientras expongo, ya que si se me permite, me gusta caminar un poco por la sala de audiencias.

2.- ¡No ir a leer!

Una de las peores impresiones que como abogado se proyecta ante los jueces es el de ir solo a leer a la audiencia. Más de una vez he visto a jueces interrumpir al abogado que incurre en esto para decirle que si se va a dedicar a leer, es preferible que presente un escrito.

Aquí incluyo otra cosa: he visto también en varias audiencias que los abogados gastan buena parte del tiempo que se les concede en leer extensas y variadas disposiciones normativas. Esta situación incluso trae a veces a indisponer a los jueces ya que se entiende que ellos ya conocen el derecho (por ello, una de las cosas que casi siempre invoco es aquello del iura novit curia) y, el hecho de que les leas los artículos a los jueces puede ser tomado como que se les está diciendo aquello que ellos ya saben de sobra. Por lo general basta con mencionar el artículo, resumir y resaltar la parte pertinente que queremos invocar para el caso y, al menos que sea muy, muy necesario, realizar una lectura rápida en la parte puntual que queremos explicar. Lo mismo pasa si queremos invocar algún fallo jurisprudencial, aquí lo que suelo hacer es referirme a los datos del caso  (fecha, número, fuente) y hago un resumen del mismo, aclarando a los jueces que expondré la idea principal del fallo, para no leerlo todo.

Esto, va de la mano con el tercer tip.

3.- Prepararse, prepararse y prepararse.

No hay mayores secretos para hacer una buena audiencia. La preparación es nuestra mejor arma ante una diligencia. Esto incluye –entre otras cosas- conocer los detalles del caso y el derecho aplicable al mismo, tener clara la ubicación de los documentos principales en los expedientes (los jueces aprecian mucho que les digas en qué foja se encuentra tal o cual prueba, esto incluso evidencia que has revisado bien las actuaciones del proceso), ensayar las veces que sea necesario la intervención, tomarnos el tiempo para saber cuánto tardamos en esto, hacer las anotaciones para nuestra hoja de ruta.

4.- Ninguna audiencia es perfecta.

No hay diligencia perfecta. Se gane o se pierda el juicio –o salga una sentencia en la que ninguna parte esté satisfecha-, siempre nos quedaremos con esa sensación de que pudimos haber realizado una mejor tarea. Quizás al salir nos percatamos que se nos olvidó decir algo o, comenzamos muy nerviosos, o estuvimos poco finos al exponer. La cuestión es que estos errores por muy grandes o muy pequeños no nos pueden desalentar, cada nueva intervención en sala es una nueva oportunidad para pulir y perfeccionar nuestras habilidades y destrezas en el litigio.

Esto me lleva a otra reflexión, así como no debemos dejar condicionarnos por una audiencia en la que no nos fue bien –todos podemos tener un mal día-, tampoco debemos dejarnos llevar por los resultados de una audiencia en que nos fue excelente. El ego, sobre todo en nuestra profesión, es un monstruo que crece muy fácil y, pensar que por el hecho de haber salido bien en alguna o varias audiencias, nos estancará y nos hará idealizar que no tenemos nada más que mejorar.

5.- Ir al punto y rápido.

Algo que aprecian mucho los jueces es que no divagues en tu exposición y te concentres de entrada en lo importante que quieres transmitir, tomando en cuenta que por lo general se confieren unos diez o quince minutos para intervenir; además, no debemos olvidar que los juzgadores son seres humanos que pasan por nuestras mismas vivencias de cansancio, hambre y sueño (como los reguetoneros), etc., por lo que una intervención que vaya directo al punto, sin rodeos innecesarios siempre será bienvenida.

Alguna vez me tocó ver como un abogado de reconocida trayectoria que fue a una audiencia de estrados y, al momento de intervenir, hizo una exposición desordenada, una serie de ideas sin conexión lo cual arrojó un discurso poco entendible, lo que generó que se dibujen gestos de desconcierto no solo en los jueces, sino en la secretaria de la sala, incluso en varios abogados que ingresaron a la sala de audiencias para ver la exposición de este reconocido colega. De más está decir que los jueces salieron más confundidos luego de esa audiencia.

En fin, espero estos consejos sean de ayuda para algún colega.

Gracias por la visita.

 

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