El plagio autoral, un asunto muy serio.

Annete Schavan fue una de las más destacadas personas en ocupar el cargo de Ministra de Educación y Ciencias de Alemania. La propia Ángela Merkel llegó a afirmar que su compatriota condujo dicha cartera de estado con mucho acierto, lo cual le había generado un amplio prestigio. Empero, una mancha ocurrida en la carrera de la exministra cambió para siempre su vida profesional. Se había detectado que Schavan hace más de tres décadas utilizó para su tesis partes sustanciales de otro trabajo -en pocas palabras, cometió un plagio-, por lo cual incluso se le anuló el título universitario conferido por dicha tesis. Este escándalo ocasionó la renuncia de la hasta entonces ministra, renuncia que (de acuerdo a los reportes de prensa) Merkel aceptó con resignación. Unos cuantos años antes, en Alemania también, el ministro de Defensa Theodor zu Guttenberg, considerado el de mayor protección para ocupar el cargo de canciller a futuro, se vio obligado a renunciar ante los reportes de prensa que confirmaban que su tesis doctoral en Derecho había sido en buena proporción resultado de otro plagio (según se señaló aproximadamente el 20% de las 475 páginas que conforman el trabajo eran una copia). Una vez más Ángela Merkel se vio obligada a aceptar el retiro. Para muchos, esta dimisión fue vista como el fin de las pretensiones políticas del ministro, de quien se señalaba que contaba con un apoyo del 70% de las personas. Un trabajo intelectual como una tesis o un libro supone mucho esfuerzo y disciplina. Pensemos también en otro tipo de obras más comunes: un alegato de un abogado, un poema, canción, discurso, una entrada en blog, todos estos sin excepción son resultado del esfuerzo particular de quien decide tener la iniciativa para poner a consideración de todos el fruto de su creatividad. No solo es una vergüenza, sino que incluso una infracción sancionada por la normativa el utilizar sin autorización y fuera de los parámetros permitidos una obra ajena. Hoy ha trascendido que un Juez de nuestra Corte Nacional ha publicado un libro jurídico en el que aparentemente se ha realizado en gran parte una transcripción literal de pasajes encontrados en páginas webs como la famosa “el rincón del vago”. De ser cierta esta afirmación -no he podido ver los textos para hablar con plena certeza sobre los hechos-, considero que debería obrarse igual que en los casos citados. ¿Qué tipo de mensaje se daría si se comprobara el plagio de un libro por parte un Juez del máximo organismo de la función judicial y no sucede nada al respecto?. Toda obra por grande o pequeña que sea merece ser respetada, créanme como supuesto “escritor” que soy, conozco de primera mano el tiempo y labor que toma realizar una publicación. Les dejo los link de las noticias de los casos sucedidos en Alemania, en caso que los deseen consultar. http://internacional.elpais.com/internacional/2011/03/01/actualidad/1298934006_850215.html http://elcomercio.pe/mundo/actualidad/ministra-educacion-alemana-que-plagio-su-tesis-renuncio-al-cargo-noticia-1534731 Muchas gracias por su atención.

La separación entre idea y expresión. La doctrina “merger”.

Una noción bastante extendida que me ha tocado tratar es que el derecho de autor procura un monopolio sobre las ideas, o que estas, de alguna u otra forma, le pertenecen a la persona que la genera.

En realidad, el ámbito de protección del derecho de autor recae sobre la manera en que dicha idea ha sido desarrollada y exteriorizada. Siempre para ilustrar esto me gusta citar ejemplos muy conocidos, como la cantidad de obras de arte que recrean la última cena, en la que si bien es cierto el tema es el mismo, cada autor concreta su pintura con su propia visión, estilo, habilidad y técnica, por lo que en la práctica tenemos dos resultados diferentes basados en el mismo tópico.

En mi vida profesional me ha tocado escuchar (dentro de procesos judiciales) que un determinado autor se atribuye la exclusividad sobre un estilo o temática. Lo preocupante es ver a veces colegas que secundan y apoyan estas nociones al extremo de sustentar acciones legales con este tipo de argumentos. Pretender prohibir a terceros el uso de un estilo o un género en particular en el mundo del arte sería asimilado al sector jurídico en el sentido –por poner una hipótesis- que ningún abogado pueda utilizar la tesis de la ponderación jurídica para sustentar su acción ya que la misma le “pertenecería” al maestro Robert Alexy, lo cual es, al menos, risible.

Por esto hay que dejar en claro que el derecho de autor protege la forma mas no el fondo de lo que trata la obra. Me gusta señalar que hay dos momentos en cuanto a las ideas: (a) antes que formen parte de la obra, cuando aún viven en el “mundo de los pensamientos”, y (b) cuando ya han sido fijadas a la obra. En ninguno de estos dos momentos las ideas son protegidas, lo cual hará posible que se vuelvan a realizar futuras obras sobre la misma idea.

Esto está vinculado con la originalidad, que es el requisito para que una creación sea considerada como obra. Originalidad no es lo mismo que novedad (concepto que se usa para otras áreas de la propiedad intelectual). La originalidad comprende que el resultado creativo sea genuina expresión de quien lo ejecuta, una verdadera extensión de la personalidad del individuo, que sostiene el vínculo invisible e indestructible entre autor y creación.

En el derecho de autor no se exige un porcentaje o cantidad mínima o máxima de originalidad –es casi imposible medir con criterios objetivos algo que nace de dentro de cada persona-. Recordemos que tenemos el principio de no discriminación, que promulga que toda obra se protege sin importar mérito, calidad o extensión, lo que nos daría un indicativo para concluir que existe una mínima altura en la originalidad para que la obra esté amparada.

En el sistema del copyright se tiene lo que se conoce como la “merger doctrine”, teoría que, en pocas palabras, sostiene que cuando algo ha sido exteriorizado de una forma tan básica o elemental, la expresión y la idea se fusionan (de ahí el nombre de “merger”),  por lo que la expresión no es protegida por copyright, o en su defecto se le concede una protección mínima. Esto se desarrolló a partir del caso “Morrisey” de un fabricante que invocaba protección sobre la redacción de instrucciones dirigidas al público para participar en concurso cuyos cupones se enviaban por correo. La Corte de Apelaciones del Primer Circuito negó el reclamo con fundamento en esta doctrina. Pueden existir  ciertas ocasiones en que hay muy pocas formas de expresar una determinada idea (casos comunes son los listados de instrucciones de instalación de algún equipo eléctrico, la simple anotación de hechos cronológicos), por lo que sería contraproducente pretender que esa expresión puntual sea privativo para el que lo realizó.

Hasta una próxima entrada.

Acerca de el gran Chespirito y su obra.

Se nos fue un grande. Se me hace difícil pensar en un autor contemporáneo que haya tenido tanta influencia en tantas personas como el entrañable Roberto Gómez Bolaños, más conocido como Chespirito. Su talento y creatividad no solo se limitan a la actuación, sino además en su actividad como guionista, compositor, director, productor y quién sabe cuántas otras áreas más. Confieso que desde la primera vez que me tocó dar una charla sobre Derecho de Autor he citado el caso de los personajes del “Chavo del Ocho” para explicar las diferentes manifestaciones que puede tener una creación. Estoy seguro que el gran Chespirito nunca imaginó que un abogado de Ecuador, que prácticamente no dejaba escapar un solo día sin ver alguno de sus programas en su infancia, lo tomaría como ejemplo para explicar su materia jurídica favorita: la Propiedad Intelectual.

Lamentablemente, la historia de Chespirito no es ajena de los conflictos legales. Famosos son los extensos litigios que sostuvo contra Carlos Villagrán y María Antonieta de las Nieves, quienes personificaron -como si nadie lo supiera- a Kiko y la Chilindrina.

Para aquellos pocos que no conozcan la historia, un resumen: Carlos Villagrán y María Antonieta de las Nieves disputaron (cada uno por su cuenta), la titularidad de los personajes que interpretaran en el programa del “Chavo del Ocho”. Hay que tener en cuenta, que la serie televisiva constituye una obra audiovisual; que tiene un régimen específico sobre la titularidad sobre el resultado final. En nuestra legislación por ejemplo, en el Art. 33 de la Ley de Propiedad Intelectual (LPI) se reconoce una coautoría sobre este tipo de obras a favor del (a) director o realizador, (b) quien realice el argumento, adaptación, guión y diálogo; (c) al compositor de la música elaborada de forma específica para la obra y de ser el caso, para el (d) dibujante cuando se trata de dibujos animados.

Todo artista intérprete -los actores se encuadran aquí-, es titular de su interpretación concreta, lo cual no los convierte en autores de los personajes que encarnan. Para los artistas se reconocen los llamados Derechos Conexos (conocidos en otras legislaciones como Derechos afines, o derechos vecinos), los cuales son compatibles, acumulabes e independientes con el Derecho del Autor. Nuestro Art. 85 de la LPI dispone que la “protección de los derechos conexos no afectará en modo alguno la producción del derecho de autor, ni podrá interpretarse en menoscabo de esta protección”, norma que en similar sentido se recoge en distintos países, la cual destaca una prevalencia para el autor sobre los artistas.

Por este motivo, los personajes creados dentro de cualquier tipo de obra -cuando están definidos y detallados de forma clara- en primer lugar pueden ser considerados por sí mismos objeto de protección; por una parte, y, por otra, los derechos sobre los personajes son de la titularidad del autor, quien puede ceder estos derechos. Esto es lo que permite, para irnos al mundo del cine, que por ejemplo el superespía James Bond pueda ser personificado por distintos actores, quienes tendrán derechos sobre su trabajo puntual, mas no sobre el personaje

En el caso del “Chavo del Ocho”, la suerte fue distinta. Tanto Carlos Villagrán como María Antonieta de las Nieves argumentaron que ellos fueron los autores de los personajes por los cuales han obtenido fama y que incluso hasta el día de hoy interpretan, por lo que se enfrascaron en una batalla judicial para procurar la titularidad de los derechos sobre los mismos. El año pasado se anunció que la actriz ganó el juicio a Televisa y a Roberto Gómez Bolaños, de manera que quedó libre y autorizada para interpretar por cualquier medio lícito al personaje de la Chilindrina. (Para ver la noticia: http://www.eluniverso.com/vida-estilo/2013/07/24/nota/1203711/chilindrina-le-gano-juicio-chavo-ocho).

Estas posiciones jurídicas causaron efectos tan notorios como la exclusión del personaje mencionado en la serie animada del Chavo del Ocho, en los productos del “merchandising” que se han derivado de esta serie, incluso en las presentaciones contemporáneas de la famosa vecindad que se realizan con otros actores, por lo que parece que los productores han tenido que hacer uso de otros personajes femeninos para llenar ese espacio.

No hay que perder de vista que se ha determinado que la fortuna de Chespirito estaría estimada en quince millones de dólares -así lo vi en algún reportaje televisivo-, la cual está compuesta sin lugar a dudas en su mayoría por las recaudaciones que se han generado en ejercicio de sus derechos de propiedad intelectual, de los que ahora podrán beneficiarse sus herederos.

Los fanáticos del extenso legado de Chespirito hemos visto con buenos ojos las muestras de afecto de Carlos Villargrán y María Antonieta de las Nieves ante la noticia del fallecimiento de quien fuera su compañero por varios años.

Casi imposible buscar otras palabras en homenaje a Chespirito de las tantas que ya se han dicho, solo me limitaré a agradecerle por tantos momentos únicos e inolvidables. Estoy seguro que siempre será recordado.

Trataré de ser siempre bueno para poder seguirte.

Para los músicos: (Semi)reflexión sobre derechos remuneratorios.

En el momento en que el músico tomó su vieja guitarra quizás nunca se le pasó por la cabeza que a partir de ese momento su vida iba a dar un giro inesperado. Ben E King compuso la canción “Stand by me” (actualizada incluso por un cantante de bachata contemporáneo) en su pequeño apartamento. Con los arreglos de otros dos músicos -con quienes convinieron la repartición de las futuras recaudaciones- la canción fue todo un éxito que sigue sonando hasta nuestros días. King reconoció que si no fuera por esta canción quizás seguiría manejando un taxi.

Como bien nos ha tocado palpar en múltiples ocasiones, no todas las historias de la vida son de color rosa. El día de hoy he topado con un reportaje que cuenta la historia musical de un músico español Fernando García, quien ha vivido mucho tiempo sin conocer que una de sus composiciones “Tierra del ensueño” (que data de 1989), ha tenido un recorrido exitoso en el ámbito internacional y ha servido de fuente directa para realizar nuevas versiones que han tenido amplia repercusión incluso en el mercado digital.

Para añadirle el tinte dramático al relato se indica que el compositor tiene una apremiante situación económica, la cual contrasta con la suerte y popularidad de su canción. Explicaciones inconclusas de la disquera que en su momento representó sus intereses, hacen voltear entonces a la discusión  jurídica -cuándo no-, y es que si las cifras son correctas, al autor le corresponde una buena tajada en concepto de regalías.

Siempre he manifestado que es perfectamente legítimo que todo autor viva de manera decente del éxito de sus creaciones, en una verdadera vida dedicada al arte, a la cultura, sea o no de nuestro agrado. Por esto, el derecho de autor intenta establecer un mecanismo para que en el sector musical los compositores puedan obtener ganancias por distintos tipos de uso, es ahí donde toca el turno para los derechos remuneratorios.

La idea de que se tenga que pagar por la música, aparte de lo que se paga al comprar un disco o descargarlo de iTunes por ejemplo, espanta e incluso enoja a muchas personas. Sin ir más lejos, he perdido la cuenta de las discusiones nada recatadas con amigos, colegas y desconocidos por este particular. El derecho de autor no es perfecto (seamos sinceros, ¿qué área del derecho lo es?), al menos intenta reconocer la labor creativa y protegerla.

Esta entrada no busca conceptualizar los derechos remuneratorios -tema por demás interesante que podrá ser cubierto luego-, lo que si persigue es brindar una nueva perspectiva para podamos ver las consecuencias de una inadecuada protección a la obra y de los justos intereses de los autores.

Si desean conocer más de la historia de Fernando García les dejo este excelente reportaje: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/11/21/actualidad/1416594170_581087.html

Si hay algún músico que lee este post, favor asesorarse. No es necesario que acudan a un abogado -aunque si lo recomiendo, ja!-, en el propio Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual los sabrán guiar para que no les suceda lo que Fernando García, además, recordar que tenemos en nuestro país la Sociedad de Autores y Compositores (Sayce), que es la encargada de recaudar los derechos remuneratorios de nuestros autores musicales.

Hasta una próxima entrada.

¿CÓMO USAR UNA OBRA SIN PERMISO?

Estimados todos. Quiero compartir a través de este espacio la que espero sea mi primera de varias obras jurídicas sobre propiedad intelectual. El mejor título que se me ocurrió utilizar es el que encabeza este post, el cual –aunque puede parecer controversial- considero que es el mensaje sencillo que quiero transmitir, y que consiste en que se puede utilizar la obra de terceros siempre bajo los lineamientos que nos proporcionan las propias normas.

Lo que busco con el libro es una misión puntual mas no sencilla, que consiste en tratar de dejar atrás esa noción que se ha generalizado sobre el Derecho de Autor, que bloquea en vez de incentivar el desarrollo de las nuevas creaciones. He puesto mucho esfuerzo en ser práctico y didáctico con el tono del libro en general, por lo que espero sea de mucha utilidad no solo a abogados sino a protagonistas de industrias culturales como publicistas, músicos, directores, guionistas y demás.

Pueden encontrar información del libro en la web de la editorial Edino: http://www.editorialedino.com.ec/index.php/libros/editorial-edino/como-usar-una-obra-sin-permiso-detail

El contenido del libro (ISBN: 978-9978-21-078-9) es el siguiente:

– Introducción al Derecho de Autor.
– Introducción a los límites y excepciones.
– Dominio público.
– Abuso del copy & paste. Respecto del llamado “derecho de cita”.
– ¿Y dónde está la parodia?.
– ¡Mi obra arquitectónica salió en el cine! (¡Y no recibí nada a cambio!). Sobre obras ubicadas en lugares públicos.
– Nunca te olvides de citar la fuente al informar.
– Si cantas en misa no debes pagar remuneración al autor.
– Los apuntes que tomas en clase son para uso personal.
– Otras excepciones y limitaciones.
– Reflexión final.

Incluyo en el libro diversos diagramas que grafican las excepciones y limitaciones del Derecho de Autor, además de una traducción del fallo expedido por la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito del caso Leibovitz vs. Paramount Pictures Corp, sobre un caso de parodia de obra fotográfica.

El libro es relativamente corto (120 páginas). Resalto el espectacular diseño de portada realizado por el joven artista y diseñador Ivo Kolich.

Espero el libro sea un aporte y ayuda importante a quien lo consulte, no busco más pretensiones que sea un texto accesible y comprensible por todos.

Agradezco a todos los que han mostrado interés en la publicación.

Acompaño reportaje del Diario El Universo sobre el evento de lanzamiento.

http://www.eluniverso.com/vida-estilo/2014/11/08/nota/4195171/derechos-autor-resumidos-libro?src=menu

Hasta una próxima entrada.

Sherlock Holmes y el dominio público

En ocasión anterior trataba el tema del dominio público, institución que considero vital para tener una visión integral –ahora que parece que está de moda esta última palabra- de todo lo que comprende el Derecho de Autor, y que a mi parecer no se le ha prestado aún la importancia que merece.

El dominio público puede ser una fuente abundante de recursos creativos cuando el tema presupuestario constituye un problema en los casos en que por ejemplo se quiera musicalizar una película, o se busque una buena historia para adaptarla a un formato televisivo. Recuerdo en este momento la cantidad de versiones que se han realizado de la historia básica de Romeo y Julieta, pasando por el musical West Side Story, la recordada adaptación contemporánea protagonizada por Leonardo DiCaprio, incluso una versión brasileña titulada “La boda de Romero y Julieta” sobre dos fanáticos acérrimos de equipos rivales (Palmeiras y Corinthians), que se terminan enamorando, película en la que se explota el fanatismo deportivo de un país donde el fútbol es palpitado como una forma de vida.

Definitivamente Sherlock Holmes capta la fascinación del público, aquel personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle quien llegó al extremo de revivirlo ante el pedido del público que exigía más historias. Es muy notorio cómo hasta el día de hoy se siguen emprendiendo producciones de alta factura técnica que se basan en este personaje y sus historias, tenemos así las películas distribuidas bajo el sello Warner Brothers, protagonizadas por Robert Downey Jr.; y en televisión, las series “Sherlock” y “Elementary” seriados de origen británico y americano respectivamente.

Estas series televisivas tienen algo más en común: no solo que usan a Sherlock Holmes y otros personajes sino que lo sitúan en el mundo actual. Por esto es que en algún momento los productores de la serie “Sherlock” –la primera en salir al aire-, examinaron el otro programa para ver si de una u otra forma infringía su propiedad intelectual. Al día de hoy ambas series conviven gracias al dominio público.

Al estar Sherlock Holmes, y la mayor parte de sus historias, en dominio público, bajo nuestro sistema significa que cualquier tercero puede ejercer los derechos patrimoniales sobre el mismo (reproducción, comunicación pública, distribución, transformación, etcétera), lo cual ha posibilitado en concreto que se puedan realizar diversos productos como los enumerados en líneas anteriores, con la obligada imposición de respetar la paternidad e integridad de la(s) obra(s).

Sin embargo, el dominio público tiene esa facultad de “revivir” de manera particular a estos personajes e historias, y es que si bien es cierto cualquier puede usarlos, ese resultado particular no puede ser aprovechado por terceros sin autorización, esto es, por citar el caso, no significa que pueda hacer reproducciones de la película “Sherlock Holmes: juego de sombras” sin pedir permiso a los titulares y venderlas libremente.

La decisión que ha trascendido este día es que la Corte Suprema americana ratificó que las primeras cincuenta obras de Sir Arthur Conan Doyle que trataban sobre los misterios que resolvía el ficticio detective están en dominio público, en un fallo en contra de los intereses de los herederos del autor. Lo interesante de la resolución es que se indica que las últimas historias no han recaído en dominio público, por lo que sobre ellas aún recaen los derechos correspondientes.

Les dejo un link sobre un análisis muy completo del caso;

http://odai.org/2014/06/sherlock-holmes-y-el-dominio-publico/

Muchas gracias por su atención.

CONTENIDOS MUSICALES ECUATORIANOS

Bien podrían considerarse estas líneas como una continuación algo difusa de la entrada anterior sobre la Ley Orgánica de Comunicación y Propiedad Intelectual. La cuestión es que en esta semana se anunció por varios medios la noticia que se ha aprobado el llamado “Reglamento para la aplicación del artículo 103 de la Ley Orgánica de Comunicación sobre contenidos musicales”.

Como se evidencia del tan descriptivo título del reglamento, lo que se busca es sentar los lineamientos necesarios para la aplicación del conocido “1×1” en las radios nacionales, que traducido en pocas palabras quiere decir que por cada obra musical de origen extranjero también se comunique a la par una nacional.

El Art. 103 de la referida ley señala:

“Difusión de contenidos musicales.- En los casos de las estaciones de radiodifusión sonora que emitan programas musicales, la música producida, compuesta o ejecutada en Ecuador deberá representar al menos el 50% de los contenidos musicales emitidos en todos sus horarios, con el pago de los derechos de autor conforme se establece en la ley.

Están exentas de esta obligación referida al 50% de los contenidos musicales, las estaciones de carácter temático o especializado”.

En tal virtud el Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y Comunicación (CORDICOM) el 8 de octubre de 2014  aprobó el referido reglamento. La pretensión que se persigue con esta normativa es palpable: 1) la oportunidad de dar a conocer los resultados de la creatividad nacional, 2) que los músicos ecuatorianos tengan la posiblidad real de llegar al público con sus obras, entre otras.

En materia de Derecho de Autor existen los derechos de remuneración que se originan por la comunicación pública de las obras musicales. De forma brevísima se puede afirmar que el núcleo de estos derechos es que el músico gane por cada vez que su canción suene en las radios o sea transmitida al público por cualquier medio, lo cual le permitirá obtener una ganancia justa y equitativa por su talento. Como en la práctica es muy poco factible que cada persona esté monitoreando todas las estaciones radiales al mismo tiempo para precisar el número de veces que suene su canción, existen las entidades de gestión colectiva de derechos, que -entre otras cosas- se encargan de autorizar el uso de su respectivo repertorio, recaudar el valor por la comunicación y entregar lo que corresponde a cada uno de sus asociados.

En el Ecuador tenemos la Sociedad de Autores del Ecuador (SAYCE) que es la encargada de realizar esta tarea, que no siempre es pacífica, dada la imagen que en ciertos casos se ha ganado en general la protección de la Propiedad Intelectual (volvemos al tema del famoso equilibrio entre intereses públicos y privados, sobre el cual se expuso en la entrada sobre límite y excepciones vs. fair use).

En consecuencia, la ganancia para los músicos ecuatorianos sería no solo el de un reconocimiento del público, sino que además económico, ya que al sonar más sus canciones, mayores ingresos obtendrán por concepto de derechos remuneratorios. Adjunto un link sobre las canciones que más recaudan por este motivo a nivel mundial: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/01/130110_economia_canciones_mas_lucrativas1_np . Algo que siempre recuerdo es lo que dijo BB King, autor de la archiconocida “Stand by me”, que si no fuera por el éxito de esta canción, el día de hoy manejaría un taxi.

Recomiendo la visita a la web de la SAYCE http://www.sayce.com.ec/ .

En una próxima entrega trataré de hacer unos comentarios sobre el contenido del Reglamento en sí mismo.

Por lo pronto, felices fiestas de Guayaquil!!

LEY ORGÁNICA DE COMUNICACIÓN Y PROPIEDAD INTELECTUAL (PARTE I)

Cuando se expidió la Ley Orgánica de Comunicación -cuerpo jurídico relativamente nuevo aún-, me di la tarea de revisar sus conceptos, sanciones (que son muchas), y ante todo distinguir las normas que de una u otra forma influyen o afectan a la propiedad intelectual en nuestro país.

Retomando los apuntes que tomara en aquella ocasión me parece oportuno dedicar unas cuantas entradas a mencionar y comentar, brevemente al menos, lo que podemos extraer y tomar sobre el tema expuesto en el título de este pequeño esfuerzo, con el propósito de analizar la forma en que se regula la propiedad intelectual desde la óptica de la precitada ley.

Tenemos en primer lugar, en el Título II, denominado “Principio y derechos”, Capítulo I dedicado a los principios, y en su orden, el Art. 10, numeral 3, letra k de la Ley Orgánica de Comunicación (LOC) que señala:

“Art. 10.- Normas deontológicas.- Todas las personas naturales o jurídicas que participen en el proceso comunicacional deberán considerar las siguientes normas mínimas, de acuerdo a las características propias de los medios que utilizan para difundir información y opiniones:

..

3. Concernientes al ejercicio profesional:

k. Respetar los derechos de autor y las normas de las citas”.

Como comentario inicial se anota que el enunciado del artículo establece una línea base de actuación, lo cual, como es evidente, por lo que los participantes del llamado “proceso comunicacional” pueden establecer lineamientos que amplíen el radio de acción de estas normas mas no que las reduzcan. No voy a realizar un profundo análisis de lo que debe entenderse como una norma deontológica dirigida a quienes forman parte del conglomerado de la comunicación, más allá que se entiende que lo que busca este artículo es de sentar las bases para armar los principios éticos de la actividad.

Entonces de manera particular en el numeral tercero del Art. 10, se indica que es una norma deontológica concerniente al ejercicio profesional el respetar siempre los derechos de autor por uno lado, y por otro, el de las normas de las citas. Afirmación de una línea que implica muchísimo: Los derechos de autor suponen una amplia gama de normas, instituciones, titulares y derechos que merecen un trato y asesoría especializada. Haciendo un rápido ejercicio podemos señalar, como ejemplos sueltos, las siguientes actuaciones:

– Cumplimiento de los derechos morales y patrimoniales de las obras que se llegaren a transmitir por un medio de comunicación. Lo que conlleva no solo una actuación de orden positiva (meramente respetar), sino a mi juicio, establecer una forma de control proactiva si se quiere, para verificar que cualquier participante no realice un acto que afecte los mismos;

– Acatar pago de derechos remuneratorios;

– Dar crédito a cualquier creador -libretista, guionista, director, músico, diseñador, fotógrafo-, por su aporte en el producto que se comunica;

Además, también se indica que se deben respetar las “normas de las citas”. Se entiende que lo que se refiere esta parte del artículo es sobre la figura a lo que se conoce como el “Derecho de cita”, contenido por lo pronto en nuestra LPI en el artículo 83, letra a), que transcribo:

“Art. 83. Siempre que respeten los usos honrados y no atenten a la normal explotación de la obra, ni
causen perjuicios al titular de los derechos, son lícitos, exclusivamente, los siguientes actos, los
cuales no requieren la autorización del titular de los derechos ni están sujetos a remuneración alguna:

a) La inclusión en una obra propia de fragmentos de otras ajenas de naturaleza escrita, sonora o
audiovisual, así como la de obras aisladas de carácter plástico, fotográfico, figurativo o análogo,
siempre que se trate de obras ya divulgadas y su inclusión se realice a título de cita o para su
análisis, comentario o juicio crítico. Tal utilización solo podrá realizarse con fines docentes o de
investigación, en la medida justificada por el fin de esa incorporación e indicando la fuente y el
nombre del autor de la obra utilizada;”

Un análisis de esta figura podemos encontrar en el libro “¿Cómo usar una obra sin permiso?. Aproximación a los principales límites y excepciones del Derecho de Autor” de un novel profesional (ISBN 978-9978-21-078-0). Este “derecho de cita” es en realidad una excepción al derecho que puede ejercer el titular sobre la obra, permitiendo bajo ciertos parámetros que se pueda(n) usar parte(s) de la obra siempre buscando el famoso equilibrio entre los intereses públicos y privados.

Es llamativo que se distinga en la LOC que se respete tanto el derecho de autor como las normas de las citas, ya que estas al ser una parte del universo de aquel, se entiende que están ya incluidas, lo cual me lleva a concluir que el legislador tuvo la intención hacer un especial énfasis al buen uso de las creaciones ajenas.

El Art. 83 de la LPI (y otras normas contenidas en tratados internacionales) nos traen otras excepciones que deben ser también tomadas en cuenta para la actividad de la comunicación, sobre todo las contenidas en los literales c), d), e), h), que tratan de manera más específica sobre la difusión de información de situaciones relevantes a la comunidad, la forma de transmitirlos y citar la fuente, entre otras. Estas otras excepciones también se deben asumir incorporadas a la LOC, a pesar de no ser mencionadas expresamente, debido a que son normas que tratan sobre el derecho de autor en general.

Antes de despedirme, tener en cuenta el Art. 5 de la  LOC que define lo que debe considerarse como medio de comunicación social, que prestan el servicio “público” de comunicación masiva.

Hasta una próxima entrada…