¿”Escape de New York” o “Encierro”? ¿Dónde termina la inspiración y dónde comienza el plagio?

La noticia que motiva esta entrada se suscitó el año pasado; sin embargo, por esos misteriosos avatares de la vida de una u otra forma ha ido yendo y viniendo a mi mente, por lo que aprovecho esta ocasión para dedicarle estas líneas definitivas.

Resulta que en 1981 (año histórico en el que entre otros hechos se verificó el nacimiento de este servidor) el director norteamericano John Carpenter estrenó la película “Escape from New York”, la cual también coescribió. Esta cinta tuvo a Kurt Russell en el papel protagónico e inspiró juegos de mesa, novelas y hasta tiras cómicas bajo el sello de Marvel Comics.

“Escape from New York” tiene como premisa el rescate del presidente de los Estados Unidos de América por parte del antihéroe Snake Plissken (Russell), quien para cumplir con su misión debe adentrarse a la referida ciudad que a efectos de la trama ha sido convertida en una gigante prisión.

En el año 2012 Luc Besson, uno de los más conocidos directores franceses, lanzó la película de acción titulada “Lockout”,  la cual no solo dirigió sino que compartió el rol de escritor, enlistando al actor Guy Pearce para que se ponga en la piel del protagonista.

La citada película de Besson contaba una aventura que compartía similitudes con el filme de Carpenter, quien consideró que estos parecidos eran más que circunstanciales y por ello decidió entablar una acción judicial para buscar reparación de daños por considerar que “Lockout” no era otra cosa que un plagio encubierto de su “Escape from New York”.

El proceso se siguió en Francia –resalto que se siguió en el país del cual Besson es originario- y en primera instancia se le dio la razón a Carpenter, otorgándole una compensación de 85.000 euros, mientras que en resolución de instancia superior esta suma subió a 450.000 euros.

Más allá de las cantidades ordenadas a pagar, lo que importa a quien escribe estas líneas es el razonamiento de las autoridades para darle la razón a Carpenter al considerar que “Lockout” había prestado “masivamente elementos claves” de la trama de “Escape from New York”.

En la resolución se realizó un detalle de los elementos que se encuentran en ambos largometrajes, entre los cuales se resaltan:

  • El héroe arriba a la prisión a rescatar a alguien importante volando en una nave con características especiales (un planeador, lo que viene a ser un avión sin motor);
  • Los protagonistas de las películas tienen un pasado heroico aunque al tiempo de acontecer la acción tienen una personalidad cínica, que los convierte en los afamados “antihéroes”;
  • El encuentro con un anterior ayudante, quien muere luego; y,
  • Al final, el héroe se apodera de unos documentos secretos.

Al criterio de las autoridades, estas circunstancias son suficientes para asegurar que entre ambas películas hay parecidos que van más allá que los lugares comunes que tienen las cintas del género de acción (vamos que suele presentarse siempre el secundario que fallece el mismo día de su cumpleaños). El resultado: que Besson, su compañía productora, los escritores que formaron parte del equipo creativo, la compañía Studio Canal –titular de los derechos de explotación- fueron condenados a pagar un aproximado de medio millón de dólares a Carpenter.

En mi libro “¿Cómo usar una obra sin permiso? Aproximación a los principales límites y excepciones del Derecho de Autor” (https://alfredocuadros.com/2014/11/12/como-usar-una-obra-sin-permiso/ ) , al tratar sobre el dominio público, toco la tesis de las “36 situaciones dramáticas”, propuesta por George Polti, quien siguió un estudio iniciado por Carlo Gozzi, en la que se sostiene que para contar cualquier historia tan solo existen un total de 36 posibilidades en cuanto a argumentos centrales. Es decir, para crear una pieza de ficción de manera obligada vamos a terminar en uno de los 36 escenarios determinados por Polti. Si esto es así, ¿significa que la creatividad está limitada desde antes de empezar a trabajar en la obra?, y si esto es cierto, entonces concluiremos que hay altas posibilidades que varias obras compartan ciertos elementos.

Por ello, desde que me embarqué en el mundo del derecho de autor me he preguntado cuándo podemos decir que una obra se parece a otra por simple coincidencia, o, lo que sería más difícil, por haberse “inspirado” en una creación previa. Pongamos un ejemplo: leo la novela de Mary Shelley “Frankenstein” y en medio de la lectura se activa un resorte creativo en mi mente que me hace escribir una historia en que un carnicero guayaquileño crea vida mezclando partes de diferentes especies en un solo cuerpo. Es claro que en este caso, la obra escrita por Shelley ha servido de inspiración, sin embargo, a veces la frontera es borrosa. Todo lo contrario sucedería si tomo la obra de la escritora inglesa y simplemente la adapto a la realidad local cambiando los nombres de las ciudades y los protagonistas sin modificar los hechos que acontecen en el argumento. En esta hipotética situación, estaríamos ante un trabajo carente de originalidad suficiente y la “obra nueva” no sería más que un plagio, no literal, pero plagio al fin y al cabo.

En el caso que inspiró (para seguir en la onda de la inspiración) esta entrada hay un tema que es muy interesante. Quien alega un plagio que no es directo –como el que se afirma entre las películas tantas veces mencionadas-  debe acreditar que las similitudes van más allá de los “clichés” del género respectivo y que son suficientes y verificables de manera que no quede otra opción a la autoridad de turno para que decida a su favor. Tarea nada fácil, puesto que estos casos requieren de mucho análisis especializado. En entrada anterior en la que hablo acerca de mi libro electrónico “Propiedad Intelectual Pop” (https://alfredocuadros.com/2016/09/09/propiedad-intelectual-pop-el-ultimate-ebook-para-aprender-derecho-de-autor-y-copyright/) , traté sobre las acciones legales que se emprendieron para combatir en los juzgados a personajes que se consideraban plagios encubiertos de Superman, entre los que se encontraban “Bulletman”, “Wonder man” y el propio Capitán Marvel , hacía una referencia sobre el plagio indirecto de personajes de ficción, quienes en general toman elementos de dominio público para incorporarlos a su propia realidad.

Como conclusión de esta entrada, solo me animaré a decir que una de las cosas que más me apasionan del derecho de autor es que no tiene fronteras muy claras, lo que nos permite buscar tesis y argumentarla con los mejores fundamentos que podamos encontrar; además, para este tipo de casos, es necesario un análisis puntual y específico para cada situación, por lo que urge que se actúe en equipo la parte jurídica especializada con un entendido en la materia.

Muchas gracias por la visita.

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Propiedad Intelectual Pop. El “ultimate” eBook para aprender derecho de autor y copyright.

Estimados todos. Tengo el enorme gusto de darles a conocer por este medio mi primer libro digital titulado “Propiedad Intelectual Pop”.

La página del libro es la siguiente https://www.bebookness.com/propiedad-intelectual-pop-alfredo-cuadros-anazco-befad759-1fce-4c41-ab4d-a897d68b5f81

El libro tiene un módico precio de $2.99 y, aunque esté mal que lo diga, es bastante entretenido.

La idea es que a través del eBook podrás aprender las nociones básicas (tampoco pretendo escribir el tratado definitivo sobre la materia) del derecho de autor, copyright, derechos conexos, haciendo uso de ejemplos de la cultura popular –por eso lo de “Pop”-, cómics, películas de superhéroes y demás.

Una vez más quiero agradecer –esta vez por este medio- a quienes se tomaron el trabajo de leer el libro y darme su opinión, entre estos a dos colegas blogueros Diego de La Vega y Borja Medín, cuyos blogs recomiendo y los puedes encontrar en https://intellectualis.net y https://borjamedin.com/ en su orden. De igual forma a Alejandra Camacho y a un amigo geek Carlos Xavier Zambrano. También a Josué Zambrano Naranjo por tener mucha paciencia para materializar el diseño de la portada.

A manera de “entremés” pongo a su consideración en esta entrada la introducción de “Propiedad Intelectual Pop” con unas ligeras variaciones:

Parecía un tipo común y corriente, ataviado bajo una vestimenta ordinaria, como cualquier ciudadano. Sin embargo, cuando se presentaba una situación que requería una salida extraordinaria, es decir, la presencia de un héroe verdadero, un Hércules moderno, nuestro protagonista removía sus ropas, se enfundaba en su traje especial y, con la ayuda de sus poderes excepcionales (entre los que se encontraban su fuerza titánica, su casi total invulnerabilidad y resistencia a las balas de sus enemigos de turno), salvaba el día.

El relato es el resumen de una historia que encontramos en los llamados “tebeos”, publicados en lo que se conoce como la época dorada de los cómics. Estoy hablando de nada más y nada menos de Wonder Man, creado por Will Eisner.

Un momento. ¿Dije Wonder Man? Sí. Todo apuntaba a que me refería a Superman.

Bueno, había otro superhéroe que llegó a ser el más popular en los Estados Unidos y por esto fue el primero en ser adaptado al formato televisivo. Este héroe vuela, por ello la capa servía para aumentar el efecto dramático. Desde siempre ha tenido su cabello negro  bien peinado, y uno de sus primeros enemigos fue concebido como un científico loco, calvo además.

Seguro que ahora sí me estoy refiriendo a Superman. Pues la cruda realidad es que no. Estoy hablando del Capitán Marvel.

Con el auge de Superman en los cómics surgieron otros personajes con historias similares, conceptos, poderes e incluso estilo narrativo. Action Comics, que luego sería Detective Comics y a la postre DC Comics, se lanzó con todo a los tribunales para atacar a los que (de acuerdo con su perspectiva) estaban vulnerando su propiedad intelectual, publicando personajes que en realidad eran una copia no autorizada del hombre de acero.

Fue así como salió de circulación Wonder Man, que tuvo una presencia fugaz en el mundo del cómic, tan solo un ejemplar, y a otros como Bullet Man o Master Man. El caso de Superman contra Capitán Marvel fue diferente: aquí el acusado (Fawcett Comics) decidió plantar pelea e ir a las cortes para hacer valer sus derechos y rebatir la postura de los demandantes. El litigio duró doce años.

La posición de lo que llegaría a ser DC Comics en todos estos casos estaba muy clara, personajes como Wonder Man y Capitán Marvel eran una copia encubierta de Superman y, por ende, un plagio. La defensa de los acusados en su momento, a manera de resumen, sostenía que todos estos héroes no eran más que resultados concretos de procesos creativos que se inspiraban en historias que han estado presente desde hace siglos atrás en la mitología y en la literatura (de ahí la comparación de Superman como un Hércules del mundo contemporáneo, adaptado al cómic) y por esto, nadie podía ser acusado de copiar algo que, sobre todo, no le pertenece a nadie.

Resulta muy interesante leer la opinión del juez del Segundo Circuito Augustus Noble Hand sobre las similitudes entre Superman y Wonder Man:

Cada publicación retrata a un hombre de fuerza y velocidad milagrosas llamado “Superman” en Action Comics y “Wonder Man” en la revista de Bruns (…) Cada uno en ocasiones esconde su fuerza debajo de un ordinario ropaje (…) La única real diferencia es que “Superman” viste un uniforme azul y “Wonder Man” uno rojo.

La conclusión de la corte en este caso fue que Wonder Man era, en efecto, un plagio del personaje de Superman, razonando que se había tomado más allá que ideas generales sobre los héroes, llegándose incluso a imitarse imágenes puntuales de las tiras cómicas. Como lo mencioné, las aventuras de Wonder Man solo tuvieron un solitario ejemplar, por lo que cabe decir que murió derrotado por Superman.

El Capitán Marvel se rehusó a caer, incluso hay que señalar que muchos de sus poderes, como el de volar, fueron atribuidos con posterioridad a Superman. Aunque ante los jueces perdió la batalla, el Capitán encontró vida posterior gracias a que DC Comics terminó adquiriendo todos sus derechos a Fawcett Comics, por lo que ahora es un protagonista bien establecido por mérito propio.

Al leer estos casos, una pregunta siempre me surgió: ¿cuál es la línea que señala dónde termina la inspiración y dónde comienza la copia encubierta? En otras palabras, ¿hay cómo decir que tal o cual personaje e historia es original a pesar de basarse en ideas que siempre han existido?

Pues si también tienes estas dudas (seas abogado, geek, cinéfilo, coleccionista de cómics o de muñecos de colección), puedo decirte que son perfectamente lícitas y comprensibles. Estas dudas son las que espero despejar al terminar este libro, si logras aguantar mi narrativa.

Este libro surgió, casi sin darme cuenta, de la combinación de dos de mis grandes gustos: los cómics y la propiedad intelectual. Un día me percaté de que todo lo que había leído de una y otra disciplina alcanzaban para hacer un texto informal y entretenido, en el que introdujera a los derechos de autor, a través de los ejemplos prácticos que se han dado en la industria del cómic. Por ello, luego de varias horas de lectura, de investigación, de apuntes y de pedir opiniones a conocidos y amigos, lo tienes en tu poder.

Encontrarás muchas veces mencionado el término “geek” a lo largo de este texto. En general, el calificativo “geek” puede endosársele a cualquier persona que tenga un interés extremo en alguna disciplina o pasatiempo, aquí lo utilizo acorde con el significado que se ha diseminado en nuestros tiempos: aquella persona que tiene un gusto especial por todo aquello que tenga que ver con la cultura del cómic, los superhéroes y toda creación derivada de los mismos.

Por ello espero (y lo digo con toda la sinceridad del caso) que disfrutes este libro tanto como yo disfruté escribiéndolo. Bienvenido y espero que para ti sea una auténtica aventura.

Y así continúa. Si quieres saber más, ya lo sabes…

Si tienes interés en adquirir el libro “Propiedad Intelectual Pop” puedes visitar estos links:

Para iTunes https://itunes.apple.com/book/id1145362216?mt=11&ign-mpt=uo%3D4

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Barnes & Noble:  http://www.barnesandnoble.com/w/propiedad-intelectual-pop-alfredo-cuadros-a-azco/1124469051?ean=9788416640522

Kobo https://store.kobobooks.com/ebook/propiedad-intelectual-pop

Si desean también pueden escribirme a mi cuenta de twitter @_AlfredoCuadros o a mi correo alfredocuadros_a@hotmail.com.

Muchas gracias por la visita.

El derecho de autor y el “stand up” 

Tengo un recuerdo de mis clases de maestría en España. En alguna ocasión, conversando a la salida de clase con unos compañeros y uno de los mejores profesores que tuve, el maestro Ignacio Garrote, aproveché para preguntar si los chistes (que en España los llaman también “chascarrillos”) estaban protegidos por el derecho de autor, ya que nunca se había hablado de eso en clase.

Recuerdo que mis compañeros rieron un poco de mi pregunta, sin embargo, el profesor Garrote se quedó pensando e incluso dijo algo así como “hombre, ¡nunca me había puesto a pensarlo!, la verdad es que cumplen los requisitos”, luego de lo cual, cambiamos de tema y ya no se volvió a hablar del asunto.

De vez en cuando vuelve ese momento –y la pregunta- a mi mente y me di cuenta que la mejor forma de tratar el tema es a través de una entrada de blog. Lo cierto es que el chiste por sí solo, por su dinamismo y forma de transmitirse, parecería que cuenta con una muy limitada protección vía derecho de autor. Por poner un ejemplo, más de una vez he escuchado, he contado y he leído este chiste:

“La maestra le pide a Pepito que para la siguiente clase le traiga cuatro mandamientos.

Pepito le pide al papá que lo ayude con un mandamiento. El papá le contesta “no me jodas”. Pepito anota esto.

Pepito luego va donde su mamá y le pide que lo ayude con un mandamiento. La mamá le contesta “no me molestes”. Pepito anota esto.

Pepito procede a ir donde su hermano mayor y le pide que le diga un mandamiento. Como el hermano de Pepito estaba hablando por teléfono dice “si quieres te traigo la moto”. Pepito anota esto.

Pepito habla con su hermano menor, quien estaba viendo televisión, pidiéndole que le ayude con otro mandamiento. El hermanito estaba cantando “BATMAN TURURURURU, BATMAN”. Pepito anota esto.

Al otro día, se arma este diálogo entre la profesora y Pepito:

– Pepito, ¿conseguiste los mandamientos?

– No me jodas.

– ¡Pero, Pepito¡

– No me molestes.

– Voy a ir a ver al rector.

– Si quieres te traigo la moto.

– Pero, ¿quién carajos te crees?

– BATMAN, TURURURURU, BATMAN.”

(Nota: estuve tentando a transcribir un chiste de contenido adulto).

El punto al que quiero llegar es que este relato humorístico que lo he transcrito de memoria lo he apreciado en varios medios, primero me lo contaron, quien escribe estas líneas lo ha contado un sinnúmero de veces, lo he visto en correos electrónicos y hasta en libros que hacen recopilaciones de bromas, sin que haya existido problema alguno con reproducir o comunicar el chiste.

Hay que tener en cuenta que una obra es toda creación original realizada por una persona. Cuando hablo de “toda”, me refiero a eso, toda creación siempre que sea original y haya sido creada por un ser humano. Algo muy importante es que el derecho de autor protege las obras cualquier que sea su “género, forma de expresión, mérito o finalidad” (Art. 8 de la Ley de Propiedad Intelectual, que trata entre otras cosas del principio de no discriminación de las obras, sobre el cual ya se ha hablado en este blog ( https://alfredocuadros.com/2015/01/15/el-principio-de-no-discriminacion-de-las-obras/).

Por este motivo, el derecho de autor protege por igual a la gran enciclopedia jurídica de cincuenta tomos, que la canción reguetonera del momento que la final cuenta con un par de acordes y una letra bien básica. Entonces, ¿por qué no proteger un chiste?.

Por otra parte, hay que señalar también que el mismo artículo 8 de la Ley de Propiedad Intelectual tiene una lista ejemplificativa de todo lo que puede ser considerado como una obra y señala en su literal a) lo siguiente:

“Libros, folletos, impresos, epistolarios, artículos, novelas, cuentos, poemas, crónicas, críticas, ensayos, misivas, guiones para teatro, cinematografía, televisión, conferencias, discursos, lecciones, sermones , alegatos en derecho, memorias y otras obras de similar naturaleza, expresadas en cualquier forma;”.

Hago otra pregunta: ¿un chiste no puede calificarse como un cuento solo que con final humorístico?.

Esto me hace llegar a una conclusión preliminar que el chiste a pesar de ser original, tiene una limitante que está dada por su dinamismo y su “formato de transmisión” que por regla general es oral. En este sentido quien recepta un chiste, lo puede volver a contar, añadiéndole o quitándole cosas según su estilo personal –la carga de originalidad de cada cual-, por lo que quizás el chiste que me contaron una vez, al momento de contarlo a otro ya no es exactamente el mismo. Aquí entra en juego aquello que el derecho de autor protege la forma mas no el fondo, es decir, se protege solo la manera puntual de expresión de una idea, no la idea en sí misma. (Esto también ha sido ya tratado en este blog https://alfredocuadros.com/tag/expresion/) es por esto que se puede contar y hasta plasmar por escrito un chiste que contenga la misma idea central que alguno que haya leído o escuchado.

Ahora bien, partiendo de un chiste aislado, voy subiendo la apuesta hasta el propio “stand up comedy”, género que tiene muchísimos adeptos. Según alguna vez me comentó el gran Fernando Villarroel, el “stand up comedy” tiene ciertas reglas como el solo recurso del artista y su micrófono ante el público, no utilería, no sonidos de fondo. Sé que hay quienes les gusta improvisar –el genial Robin Williams era muy conocido por sus dotes de improvisación sobre cualquier tema que se le propusiera en el momento- y, también conozco que preparar un buen show monólogo de “stand up comedy” (sea “puro” o con elementos como música, luces, entre otros), requiere de un gran trabajo sobre todo por cuanto se escriben varias líneas de guión. Por ejemplo, en el libro “Little Bets: How breakthrough Ideas Emerge from Small Discoveries” de Peter Sims se narra cómo el comediante Chris Rock hace apariciones no programadas en varios clubes de comedia con cuaderno y lápiz y empieza a probar ante el público las reacciones a sus bromas, para ir puliendo su acto y así preparar una nueva presentación.

Hacer un buen acto de “stand up comedy” es un asunto muy serio, que demanda mucho trabajo, mucho ensayo y pone en juego la destreza del artista y además del guionista (no siempre artista y guionista coinciden en la misma persona). Entonces, estos actos sin lugar a dudas están protegidos por el derecho de autor, en el que se pueden dar estas variables:

– Si el autor del guión es también quien interpreta el mismo, él tendrá los derechos sobre todo, es decir, la interpretación y la obra.

– Si el autor solo escribe el guión, será titular sobre los derechos sobre lo que escribió. Si otra persona lo interpreta, esta persona sería titular solo de la actuación. En este escenario, se entiende que existe una cesión de derechos entre la obra del guionista en favor del intérprete.

– El autor del guión –salvo que se haya comprometido a no hacerlo en contrato- podrá ceder los derechos a un tercero, para que sea adaptado, traducido o publicar el guión en formato de libro y demás.

– Si todo el acto será transmitido (sea en vivo, sea en diferido por televisión abierta, cable, por demanda), se deben asegurar los derechos respectivos de reproducción, comunicación pública, puesta a disposición, entre otros.

Espero esta entrada sirva como una pequeña guía a los promotores del género en Ecuador y despertar el interés por la protección de su trabajo. Cómo no mencionar aquí a nuestro talento local que he podido ver ya sea en vivo o en televisión como Fernando Villarroel, Pedrito Ortiz Jr., Gino Freire (alguna vez compartimos mesa en un conversatorio sobre The Beatles), Franciso Pinoargotti y Tomás Delgado “la Vecina”.

Gracias por la visita.

Secom (TM)

(Escribo esta entrada aún con la conmoción del nuevo temblor acaecido en Ecuador, el cual lo sentí de una manera terrible, puesto que me sorprendió mientras estaba en mi despacho, situado en un noveno piso, donde como nunca antes –literal- me sentí mareado ante el vaivén que ocasionaron los movimientos.)

Este post encuentra su razón de existir en una noticia que fuera publicada el pasado sábado 14 de mayo de 2016 en el diario El Comercio bajo el titular “La Secom registró en el IEPI la información pública que produce”, lo cual despertó mi curiosidad puesto que sabía desde el primer momento que iba a ser material de análisis para este blog. (http://www.elcomercio.com/actualidad/secom-registro-iepi-informacionpublica-ecuador.html )

En primer lugar una crítica al medio de comunicación, dado que –sobre todo- en el párrafo inicial de la nota encontramos varias imprecisiones, a saber:

  • Este párrafo reza: “El nombre de la Secretaría Nacional de Comuniación (Secom) está registrado como una marca en el Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual (IEPI). Y de esta forma, bajo el marco de los derechos de autor, las producciones que elabora con recursos públicos sobre el Mandatario, por ejemplo, se encuentran “protegidas”.

Observaciones:

  • Se realiza una mezcla entre los derechos marcarios y los derechos de autor. Me explico mejor: el hecho que se registre el nombre de una determinada entidad pública como marca, no tiene que ver con los registros sobre las obras y otras prestaciones protegidas, que están reguladas por el derecho de autor.
  • La marca tiene que ver con el régimen de la propiedad industrial y, como se conoce, confiere a su titular el derecho al uso exclusivo en el comercio –con limitaciones, claro está- por un tiempo de diez años que pueden ser renovados de manera indefinida. El derecho de autor, por su parte, tiene que ver (reitero) con la protección de las obras.
  • Para proteger una marca se necesita una resolución que la apruebe, mientras que una obra basta que sea creada para que sea protegida.
  • Por esto, entre la primera y segunda oración que conforman este párrafo se advierte un desconocimiento de las normas básicas de la propiedad intelectual y los diferentes regímenes que amparan diversos bienes inmateriales, ya que el hecho que se obtenga el registro de una marca, no tiene mayor con la protección de otras obras que vendrían a ser las “producciones” que elabora la Secom.

Resulta un poco chocante que un medio tan grande como El Comercio haya incurrido en este tipo de errores, cuando debió al menos buscarse un criterio de un especialista para una asesoría sobre la precisión de términos que tienen que ver con un área tan focalizada como es la propiedad intelectual, teniendo en cuenta el gran número de lectores del diario.

Dicho esto, voy al segundo punto que lo considero más importante. En el texto de la noticia se indica que el titular de la Secom, Patricio Barriga, ha señalado que lo que se busca con estos registros y protección jurídica es que “Como instituciones del Estado es nuestra obligación garantizar que derechos fundamentales a la dignidad, buen nombre, imagen, honor, sean protegidos; también los derechos de propiedad intelectual” (sic).

Es decir, la Secom busca que mediante el amparo de la propiedad intelectual –entre otras cosas- se evite el “uso indebido de imágenes y videos” (sic), todo esto a propósito de la aplicación “mashimachine”, sobre la cual ya he hablado en dos ocasiones en este blog. (https://alfredocuadros.com/2016/05/01/la-mashimachine/ )

En el reportaje se resalta que la Secom ha presentado reclamos a Twitter a unas 14 cuentas que de acuerdo a la posición de la institución vulneraban los derechos de autor y, además, la nota termina señalando que “Según la Secom hay aplicaciones en los portales, que pueden generar “conmoción” en la gente, que no conozca que se trata de ficción, de algo editado. En los portales se recuerda que es material de uso público y gratuito”.

Con estos antecedentes, unas breves reflexiones:

  • El hecho de registrar a la Secom como marca, en realidad no debería llamar mucho la atención. El registro no significa de ninguna forma que nadie más podrá usar la referida denominación en algún contexto o para emitir alguna crítica, comentario o juicio.
  • Si la intención de la Secom es tratar de invocar las normas de propiedad intelectual para proteger el uso de todo o parte de los videos de las famosas sabatinas que son casi una marca registrada de este gobierno –me salió fina la ironía-, en mi criterio hay un error de conceptos muy grande.
  • Los espacios de la sabatina no son de uso libre por el hecho de ser financiadas con fondos públicos –aclarando que a partir de ahora se ha señalado que las mismas continuarán con donaciones y aportes privados-, sino mas bien por la propia propiedad intelectual. Los discursos e intervenciones del presidente en estos espacios son objeto de protección por el derecho de autor es verdad, sin embargo, se permiten ciertos usos de estos por terceros en razón de fines superiores, conforme el propio sistema lo permite (insisto, para esto, los invito a leer esta entrada https://alfredocuadros.com/2016/05/01/la-mashimachine/ ).

Es más que evidente que al hablarse de aplicaciones que pueden generar “conmociones” se están refiriendo a la tan invocada “mashimachine”. Más allá de cualquier análisis bajo la lupa del derecho de autor, debe tenerse en cuenta que la ´”mashimachine” está ahí para todos los ciudadanos: mujeres, hombres, niñas, niños, jóvenes, adolescentes; y, sobre todo, tanto para opositores y defensores del régimen, por lo que estos últimos bien la pueden utilizar para expresarse en favor del gobierno; es decir, está disponible para cualquiera que tenga una conexión a internet y un dispositivo que le permita tener acceso, por lo que se llega a la conclusión que más que la aplicación en sí misma, lo que ha molestado es el uso mayoritario que se la ha dado.

Como cierre de esta entrada no me queda más que agradecer en estas líneas a mi colega Fabrizio Peralta, gran abogado cuyo criterio jurídico respeto mucho, que en más de una ocasión me ha pedido en redes sociales que toque estos temas que tienen que ver con la propiedad intelectual.

Gracias por la visita.

 

 

La “mashimachine”

Recuerdo hace algunos meses atrás que mi hermano me enseñó un video de YouTube en que se mostraba nada más ni nada menos que al propio Barack Obama “cantando” la canción “Sexy and I know it”. Bueno, no la cantaba en el sentido tradicional de la palabra, sino que un usuario de internet se había dado el trabajo de buscar en varias intervenciones públicas del presidente de los EEUU las palabras y fragmentos requeridos para recrear la primera estrofa de la canción, agregando además música para crear el efecto cómico completo, que reconozco para mí fue rotundo, sobre todo al agregarse sobre el final a Obama bailando con una artista (que creo es Thalía). Si hacemos una búsqueda un poco más completa veremos que hay videos del mandatario en los que “interpreta” varias canciones del momento.

En nuestro ámbito local, el portal en internet llamado “4 pelagatos”  (http://4pelagatos.com/ )  que tiene una posición frontal crítica con el gobierno ha puesto a disposición de todos la llamada “mashimachine”, aplicación que permite al usuario ingresar palabras y frases que luego serán armadas por videos y expresiones de nuestro presidente Econ. Rafael Correa. Según pude constatar, este artilugio 2.0 funciona así:

  • Se ingresa al portal de la “mashimachine” (http://mashimachine-prod.us-east-1.elasticbeanstalk.com/#form ) .
  • En el portal se hace una breve explicación de los motivos que llevaron a implementarlo (como son más políticos, los dejaré fuera de este análisis).
  • El usuario lo que debe hacer es ingresar palabras y ver si están disponibles, luego hay que hacer click en donde se lee “crear video”.
  • Luego de unos instantes, veremos varios videos de nuestro presidente en su habitual espacio de las sabatinas diciendo las palabras que antes buscamos en la aplicación (en lo personal, para probar cómo funcionaba esta aplicación puse las palabras “esto es una prueba” y luego de la espera respectiva, salieron varios fragmentos de videos del presidente en varias sabatinas diciendo lo referido).
  • La aplicación proporciona los botones para compartir el video creado en diversas redes sociales.

Para su funcionamiento, la “mashimachine” cuenta con una enorme base de datos de palabras y videos de las más de cuatro centenares de sabatinas, que permite que los usuarios puedan hacer varias búsquedas y como resultado hacer decir varias cosas que van desde canciones (a lo Barack Obama), hasta otras declaraciones que pueden sonar descabelladas.

La “mashimachine” se ha vuelto viral. En estos días que ha estado “on-line” es normal ver cualquier red social los diversos videos creados y que son compartidos por varios ciudadanos, unos con afán humorístico aunque la mayoría con una gran carga política.

Todo esto me puso a pensar si la “mashimachine” o mejor dicho, su implementación y usos puede ser considerada como violatorio a la propiedad intelectual dado los diversos elementos que se necesitan para su funcionamiento. Por ello hago las siguientes reflexiones:

  • Las intervenciones del presidente en las sabatinas bien pueden ser calificadas como discursos públicos, los cuales son originales, por lo que bien son obras protegibles.
  • Por otra parte, al ser las sabatinas emitidas por canales de televisión, también pueden ser protegidas por la vía de los derechos conexos.
  • La imagen (que incluye apariencia física y voz) del presidente también se protege de acuerdo con nuestra Ley de Propiedad Intelectual y la Constitución.

Todo esto apuntaría a que la “mashimachine” vulnera varios derechos, sin embargo, debemos tener en cuenta:

  • Acorde con nuestra legislación vigente de propiedad intelectual la imagen de toda persona no puede ser difundida –aunque se hable de fotografía, retrato, busto puestos en el comercio- a menos que se trate de acontecimientos con fines científicos, didácticos o culturales o con hechos o acontecimientos de interés público o que se hubieren desarrollado en público.
  • Los eventos de las sabatinas son eventos públicos que suscitan el interés de la sociedad y de los ciudadanos, sean o no simpatizantes del gobierno.
  • Toda persona que ejerce un cargo público –sobre todo un cargo de alta importancia como la presidencia- debe estar consciente que por el hecho de estar más expuesto a la sociedad, debe soportar con mayor tolerancia críticas y hasta burlas por lo que diga o deje de decir.
  • Todos tenemos el derecho a la libertad de expresión garantizado en nuestra Constitución.

Entoces, analizaré en concreto la “mashimachine” en dos aristas: la del portal que la provee y por los usuarios.

Por parte del portal: es evidente (y así lo reconocen) que para el buen funcionamiento de la aplicación han tenido que acceso a todo el gran contenido que comprenden todas y cada una de las sabatinas que ha encabezado nuestro presidente. Aquí entonces cabe preguntarse, ¿Es este material susceptible de compartirse de esta forma?. Me aventuro a decir que sí, esto es, que el uso que se le da a las intervenciones del presidente con la “mashimachine” –vaya, que no me canso de escribir este nombre- está dentro de los límites no solo de las normas de propiedad intelectual sino además de las constitucionales.

Por parte de los usuarios: la participación es más para producir pequeños videos que bien podrían situarse como parodias de intervenciones del presidente, amén del ejercicio a la libertad de expresión. Ahora bien, el portal deja en claro que no se hace responsable de los resultados concretos que se puedan armar, lo cual me pone a pensar en lo que sucedería si alguien hace uso de la “mashimachine” para injuriar a una persona y colgar este insulto en varias redes sociales. En este caso, es claro que se ha cometido un delito y que el responsable sería quien armó y colgó en la web este video.

En fin, considero que esta aplicación “mashimachine”  -reitero- funciona dentro de los límites legales y constitucionales permitidos. Más allá de esto, la polémica está servida, puesto que según el propio portal han recibido varios ataques informáticos que han logrado sacarla de línea aunque sea por tan solo unos minutos.  La “mashimachine” está en funciones y ha sido el comentario del momento en el fin de semana que marcó el inicio del mes de mayo, llegando a ocupar por varias horas el primer lugar de las tendencias a nivel nacional en Twitter.

Vamos a ver cómo termina este “mashimachinicidio”.

Gracias por la visita.

¿Está en lo correcto Ares Right al pedir remoción de contenidos en internet en aras de la propiedad intelectual?

(NOTA IMPORTANTE: Esta entrada estaba desarrollada en un ochenta por ciento hasta el día viernes 15 de abril de 2016, por lo que en principio pensaba publicarla en los días subsiguientes. Por el terrible terremoto que azotó a Ecuador dejé muchas cosas pendientes. Hoy, a pesar que el tema motivo de esta entrada ya no es tan actual, he decidido terminarla  y publicarla porque considero que la discusión no deja de ser relevante. Invito a todos los que tienen la amabilidad de leerme y aguantarse las entradas del blog visitar la página de ayuda para los damnificados ecuatorianos http://www.ecuadoraquiestoy.org/)

El presente análisis lo realizo dejando la política fuera de la mesa (advertencia necesaria ahora que los ánimos están tan encendidos entre tanto debate por impuestos, reducciones de jornadas laborales, la crisis que no es crisis y demás). El día miércoles 13 de abril del presente año, en el  Diario El Universo se publicó la noticia que Departamento de Estado de los EEUU había hecho un informe en donde –entre otras situaciones- se indicaba que el gobierno ecuatoriano restringía a medios independientes y la sociedad civil mediante leyes de propiedad intelectual, para forzar el desmantelamiento de contenido en internet.

En el reporte se señala: “Varios medios de prensa local reportaron la relación del gobierno con una firma española de antipiratería llamada Ares Rights, la cual se ha dirigido a las páginas de internet  YouTube y cuentas de Twitter, que han sido críticas con el presidente Correa o su gobierno, y ha forzado a estos sitios a eliminar contenidos con base a la Digital MIllennium Copyrights Act (DMCA). En lo que muchos analistas consideran como censura en línea, Ares Right ha enviado notificaciones de remoción de contenidos a nombre de varios funcionarios del gobierno, dirigidos a documentales, tuits y resultados de búsqueda que incluyen imágenes de esos funcionarios, alegando infracción de copyright”. (Para consultar el texto de este informe en inglés visitar http://www.state.gov/j/drl/rls/hrrpt/humanrightsreport/index.htm#wrapper )

El asunto en concreto, según he podido leer en otras fuentes, emerge porque se han usado partes de intervenciones del nuestro presidente, el Econ. Rafael Correa Delgado, que realiza en sus ya más que habituales espacios llamados “sabatinas”, que en teoría son un informe de rendición de cuentas a la ciudadanía. Estos fragmentos los han utilizado en otros portales de internet para hacer comentarios críticos e incluso para hacer un documental con línea también crítica al gobierno que fue publicado en YouTube. Al detectar estos contenidos, se realizaron reclamos por uso no autorizado de contenido protegido por copyright invocando la DMCA, por parte de la entidad Ares Right, cuya vinculación con el gobierno ecuatoriano surge –entre otras circunstancias- por la cantidad de reclamos que realiza al detectar este tipo de contenidos en internet, alegando que las intervenciones del presidente en estas “sabatinas” están protegidas por la propiedad intelectual.

En este contexto, es oportuno señalar que la DMCA es la norma de los EEUU que protege los derechos de copyright en el ámbito digital. En la misma se prevé un mecanismo para que cualquier persona que considere que se está vulnerando su copyright solicite vía electrónica la remoción del contenido violatorio. Es común encontrar en YouTube, por citar un caso, que alguien ofrece cierta escena de alguna película de reciente estreno, para luego, al dar click aparezca una leyenda que diga “El contenido de este video no está disponible por vulneración de copyright” o similar, puesto que es evidente que alguien ha subido sin permiso un video tomado de las salas de cine o de otra fuente y lo ha colgado para que cualquier persona lo vea lo cual comprende una infracción clara a los derechos de propiedad intelectual.

La regla general entonces que si en la web encuentro un contenido que vulnera mis derechos de propiedad intelectual, puedo solicitar que el mismo sea removido. En el sistema del derecho de autor –que tiene ciertas similitudes con el copyright, aunque grandes diferencias- también existen recursos para pedir que se suspenda una actividad infractora que se de en cualquier medio digital o tradicional contra el autor y su obra. Además, hay que tener presente que también se protege la imagen de las personas (incluso a nivel de derecho fundamental como lo ha señalado jurisprudencia comparada), por lo que estas medidas también pueden ejercerse, con sus matices y excepciones claro está, cuando nuestra imagen ha sido captada y transmitida sin nuestro consentimiento.

Sin embargo el tema no termina aquí. Y en este punto me toca recordar al amable lector que quiero dejar la política fuera de la mesa. Resulta que si bien cierto el copyright protege las creaciones y puede impedir que las mismas sean difundidas en el ciberespacio por terceros no autorizados, hay que tener presente que cuando se trata de personas que ejercen cargos públicos –sobre todo a un nivel importante- y cuando se encuentran en actos de asistencia masiva, entran al ruedo también los derechos de acceso a la información de los ciudadanos, más aún cuando se trata de acontecimientos que revisten interés para la sociedad.

Por otra parte, en los EEUU se tiene la casi sagrada primera enmienda que consagra –entre otras- la libertad de expresión y discurso que es considerada como una limitante a las normas del copyright. En palabras del autor Robert Levine, en su obra “Parásitos. Cómo los oportunistas digitales están destruyendo el negocio de la cultura” (Ariel, 2013, 1ª edición, traducción de Ferran Caballero Puig y Vicente Campos), se señala que “la doctrina jurídica del fair use proporciona una excepción a la ley de derechos de autor para evitar que se establezca límites indebidos a la libertad de expresión”. Entonces, si se invoca una ley norteamericana (donde rige el copyright y se aplica el fair use para usos no autorizados de obra), es evidente que hay que jugar con todas las reglas aplicables. Por este motivo concluyo que pedir la remoción de contenidos que han sido tomados de eventos públicos y de relevancia para hacer algún comentario o crítica a través de un documental u otro espacio, comprende un error jurídico ya que este uso bien se justifica por el fair use y la primera enmienda.

Un evento político no puede asemejarse a un producto comercial para estos efectos. Me explico mejor: no puedo aplicar la misma lógica para remover el contenido de una película o una serie de televisión que se ha subido sin autorización a algún portal, que para remover contenido que tiene importancia para la sociedad en general, más aún si es para realizar un comentario en aras de la libertad de información y expresión.  En el primero de los casos el interés comercial es mayoritario, mientras que en el segundo hay otros derechos que le dan otro balance y perspectiva a la situación, conforme lo he puntualizado.

Entonces, como idea final solo me queda indicar que bajo mi criterio las medidas implementadas por Ares Right no se deben aplicar ni bajo nuestro derecho de autor, ni bajo el copyright. En todo caso, veremos cómo seguirá esta historia desarrollándose, puesto que la discusión jurídica es más que interesante.

Gracias por la visita y una vez más los invito para ayudar a nuestros damnificados visitar  http://www.ecuadoraquiestoy.org/

 

¡Santos conflictos de copyright Batman! ¿El batimóvil merece protección?

El año pasado saltó la noticia que en los EEUU se había emitido una decisión judicial en la que se condenaba al ciudadano Mark Towle por infracción a los derechos de copyright de DC Cómics (DC), por fabricar réplicas funcionales de los modelos de batimóvil de la serie de Batman de los años sesenta –si, aquella del encapotado con una barriga algo crecidita – y el que apareciera en la genial película de Tim Burton protagonizada por Michael Keaton, allá por el año 1989.

Para tenerlo claro, los hechos del caso son los siguientes:

  • Mark Towle ofrecía a la venta réplicas de tamaño real de los modelos de batimóviles referidos, a través de su página web.
  • Estas réplicas eran cien por ciento funcionales (los coches rodaban y andaban), y según veo se las realizaba por demanda, a un costo aproximado a los noventa mil dólares;
  • DC empezó las acciones judiciales por copyright y además por infracción marcaria (en este post me centraré en el primero de estos cargos).

En esta semana, el caso ha vuelto a la palestra por un intento del demandado de llevar su caso ante la Corte Suprema de EEUU, en el que disputa sobre todo, que se considere al batimóvil como un personaje aislado y por lo tanto, protegido en sí mismo por el copyright.

Antes de entrar al análisis y exponer la posición que mantengo sobre este tema, me gustaría dejar en claro que voy a comentarlo bajo la luz de los puntos en común que hay entre el copyright y nuestro sistema de autor, que en cuanto a requisito de protección de las obras tienen similitudes.

En ambos sistemas se protegen a las obras (llamadas “work of autorship” en el copyright), disponiéndose que esta protección es automática, es decir, basta con la creación para que sea acreedora del amparo de las normas pertinentes.

En el copyright se requiere que la creación sea fijada en un medio tangible, que sea original y que tenga al menos una pequeña carga de creatividad. En el derecho de autor seguido por Ecuador y los países de la corriente tradicional, el requisito imprescindible también es la originalidad y, salvo una excepción en la ley de México (no he encontrado otras), no se exige la fijación de la obra. Por esto, puedo afirmar que el requisito más importante en ambos sistemas es la originalidad, que significa que la obra sea fruto de la creatividad del autor.

Para que un personaje dentro de un universo ficticio –como lo es el universo del hombre murciélago que se ambienta en su ciudad natal, ciudad Gótica- sea protegido tanto por el copyright como por el derecho de autor, debe tener características bien desarrolladas que lo hagan distinguible, puesto que los rasgos generales de los personajes no son protegidos en ningún caso. Si digo lo siguiente: es un detective privado, con gran poder de observación que ayuda a la policía a resolver crímenes usando su facilidad para la deducción, me puedo referir a Dupin de Edgar Allan Poe, Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle, o en tiempos más modernos a Patrick Jane de la serie “El Mentalista”. En estos ejemplos quiero graficar la idea que expongo, esto es, que los rasgos no pueden ser apropiados por un autor, sin embargo, cada personaje que los concreta -sumado a otros propios como la descripción de la apariencia, voz, porte, nombre y demás- sí es considerado una obra protegible.

En otras palabras, si alguien desea escribir una novela de detectives, no hay problema con el uso de los atributos generales como los anotados para crear sus propios personajes.

Esta breve divagación me lleva a la pregunta, ¿Puede ser un objeto como un auto diseñado para combatir el crimen un personaje?. Pues yo pienso que sí, ahí van mis razones:

1.- No es la primera vez que vehículos automotores son personajes principales de alguna obra.- Pensemos en Kitt de la serie “El Auto Fantástico” y su enemigo Kaar, y además en la película Cars de Pixar. Ahora bien, es cierto que en estos casos se les dio características humanas a los objetos, lo cual los diferencia del principal medio de transporte de Batman.

2.- Tanto el derecho de autor como el copyright protegen las obras arquitectónicas.- (Antes que dejen de leer esto por pensar que no tiene nada que ver con lo del Batimóvil, me permito explicar la pertinencia de este tema) Cuando una edificación tiene elementos que difieren de los que son netamente funcionales o condicionados por la utilidad, estamos ante una obra arquitectónica. Tomemos como caso emblemático el museo de Guggenheim en Bilbao, diseñado por Fank Gehry. Esto quiere decir, que también se pueden proteger –si se reúnen los requisitos, como no podía ser de otra forma- objetos o cosas que por regla general tienen un destino utilitario mas no artístico.

3.- El batimóvil como parte de un universo ficticio es original.- No cabe duda al respecto, aunque para ser sinceros, no sé si llegar al punto de calificarlo como un personaje. Lo que sí puedo afirmar es que es en definitiva uno de los componentes más distintivos de toda versión del superhéroe, lo cual es resaltado en la resolución judicial.

4.- En el derecho de autor siempre hay espacio para considerar nuevas creaciones como obras.- En el blog intellectualis -que lo recomiendo mucho- se proponía de manera muy inteligente considerar los platos de la tendencia de la cocina de autor como obra (http://intellectualis.net/2015/01/05/gastronomia-y-derecho-de-autor/). Si esto es así, no habría impedimento para proteger una de las herramientas más conocidas de Batman en su lucha contra el mal.

5.- El batimóvil a lo largo de todas sus versiones ha conservado ciertas peculiaridades, como lo son, su armamento, su tecnología, su forma de murciélago, color oscuro y, ser fabricado para el combate del crimen en ciudad Gótica.

6.- El batimóvil puede ser comercializado en diferentes maneras, de hecho, existen numerosos juguetes, esculturas y sin número de souvenirs –que podrían considerarse obras de arte aplicado- que reproducen sus diferentes modelos.

No tiene desperdicio leer la opinión del caso realizada por la Jueza Sandra Ikuta quien –en la manera descomplicada que tienen muchas sentencias norteamericanas- señaló:

“Como Batman se lo dijo a Robin tan sabiamente, “en nuestra sociedad bien ordenada, la protección de la propiedad privada es esencial” … Aquí, concluimos que el personaje del Batimóvil es propiedad de DC, y Towle infringió los derechos de propiedad de DC cuando produjo creaciones derivadas no autorizadas del Batimóvil, tal como apareció en la serie televisiva de 1966 y la película de 1989”, premisas finales para afirmar una decisión condenatoria previa contra el demandado. (Pueden consultar esta opinión en texto original en http://cdn.ca9.uscourts.gov/datastore/opinions/2015/09/23/13-55484.pdf)

La defensa de Towle se centró en señalar que una condena contra su actividad sería nefasta para la industria automotriz y, que los vehículos que él replicó no eran iguales al de los cómics de Batman, que deberían ser tomados como el estándar para establecer si hubo o no infracción de copyright. En este sentido, el fallo señaló que “como un personaje protegido por copyright, el Batimóvil no necesita tener una apariencia constante en cada contexto” y que basta que en cada encarnación comparta sus atributos y rasgos que lo han hecho distintivo.

En esta semana trascendió que Towle busca una revisión de la sentencia basado en las siguientes preguntas:

1.- Si una corte puede por vía judicial crear una categoría especial de sujeto de protección, que ha sido excluida como tal por las leyes que rigen el copyright. Supongo que lo que quiere atacar Towle es que en el copyright no se considera como obra a las creaciones con función útil, como lo sería un vehículo automotor.

2.- Si un automóvil que carece de rasgos de personalidad y sin un constante ni identificable atributo físico puede ser considerado protegible en sí mismo, como un personaje; y,

3.- Si en un caso de copyright se debe determinar si existe una similitud sustancial, aparte de una prueba de la copia.

Pueden leer el pedido íntegro aquí https://www.documentcloud.org/documents/2696841-Petition-for-Writ-Towle-v-DC-Comics.html.

A pesar que no se augura mucho éxito para el peticionario, hay que reconocer que el debate está planteado, ya veremos qué sucede y si la Corte Suprema decide admitir el caso. Por lo pronto, aprovecharé la tarde para ver la que para mí es la verdadera primera película de Batman en Netflix, me refiero a aquella dirigida por Tim Burton.

Recomiendo también leer la reseña del caso realizado por el Observatorio Iberoamericano del Derecho de Autor (ODAI) en este link http://odai.org/2015/11/odai-resena-la-famosa-sentencia-del-caso-del-batimovil/

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